Mientras la cuenta regresiva avanza y se acerca el esperado cónclave que elegirá al sucesor de Francisco, los pasillos del Vaticano arden en cábalas, especulaciones y estrategias subterráneas. En una cobertura desde Roma para La Nación, la periodista Elisabetta Piqué revela con detalle cómo se configuran los posibles escenarios en una de las votaciones más enigmáticas de los últimos tiempos.
Favoritos con techo y el fantasma del “efecto Scola”

Según informa Piqué, los nombres que más suenan son los del italiano Pietro Parolin y el filipino Luis Antonio “Chito” Tagle. Ambos cuentan con una buena base de votos en el primer escrutinio, pero los analistas coinciden en que no lograrían romper el techo necesario para alcanzar el “número mágico”: 89 votos, equivalentes a dos tercios de los electores.
La campaña mediática en Italia en favor de Parolin, secretario de Estado de Francisco, podría estar jugando en su contra. Como recuerda Piqué, algo similar ocurrió en 2013 con Angelo Scola, entonces gran favorito, quien al final “entró papa y salió cardenal”, arrastrado por una reacción de rechazo entre los votantes.
Indecisos y sorpresas de segunda línea

En este contexto, crece la influencia de la facción de indecisos, compuesta por muchos cardenales nuevos y poco familiarizados entre sí. Este grupo, según detalla La Nación, podría inclinar la balanza hacia nombres menos visibles que podrían emerger tras la primera ronda.
Uno de esos nombres es Robert Prevost, actual prefecto del Dicasterio para los Obispos y la Pontificia Comisión para América Latina. Nacido en Chicago pero con más de 20 años de experiencia pastoral en Perú, Prevost podría romper el tabú de un papa estadounidense, aunque desde una sensibilidad totalmente distinta: más cercano al “papa de los últimos” que a los intereses de Washington.
Una fuente vaticana citada por Piqué lo define como “un papa latino, no un papa de Estados Unidos” y asegura que sería capaz de enfrentar al propio Donald Trump, quien días atrás publicó una imagen suya vestido de papa que fue interpretada dentro del Vaticano como una advertencia.
Un cónclave bajo llave, literalmente

Mientras tanto, el aparato logístico ya está listo. Los 133 cardenales electores, junto con más de un centenar de personas auxiliares —guardias, médicos, asistentes, cocineros—, serán alojados en la residencia de Santa Marta y Santa Marta Vieja, en un entorno completamente cerrado al mundo exterior.
Tal como exige la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, todos los presentes han prestado juramento solemne de mantener el más absoluto secreto, bajo pena de excomunión automática. La ceremonia se celebró en la Capilla Paolina y fue presidida por el cardenal camarlengo Kevin Farrell, quien ya sorteó las habitaciones de cada uno de los participantes.
¿Y si el próximo papa no es europeo?
Además de Prevost, la crónica de La Nación señala al cardenal filipino Pablo “Ambo” David como otro potencial tapado. Carismático, políglota, defensor de los derechos humanos y crítico de la violencia estatal en Filipinas, podría replicar el “efecto Wojtyla” de 1978, cuando el entonces desconocido Karol fue elegido gracias al apoyo de otro cardenal más conocido.
David, quien preside la Conferencia de Obispos Filipinos, habría pronunciado una intervención de alto impacto en las reuniones previas, lo que le valió nuevos apoyos.
El tablero está abierto. La historia demuestra que, en el Vaticano, los favoritos rara vez ganan y los tapados suelen emerger con fuerza. Con todos los elementos de una novela de intriga, el cónclave que inicia esta semana podría marcar no solo el destino de la Iglesia, sino también su relación con los grandes poderes del mundo.