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El retroceso del glaciar Alsek en Alaska acaba de revelar algo inesperado. Una isla que no existía hace apenas unas décadas

El glaciar Alsek ha retrocedido más de cinco kilómetros desde 1984. En medio de ese proceso, una montaña antes atrapada en el hielo se convirtió en una isla rodeada por las aguas del lago Alsek. Las imágenes de la NASA muestran cómo, en apenas cuarenta años, el paisaje cambió por completo.

Los glaciares del sureste de Alaska llevan décadas transformando el mapa. Cada año retroceden un poco más, liberando caudales de agua que se acumulan en lagos cada vez más grandes. En ese escenario de deshielo constante, el glaciar Alsek acaba de regalar una sorpresa geográfica: el nacimiento de una isla nueva.

Una montaña atrapada en el hielo

El retroceso del glaciar Alsek en Alaska acaba de revelar algo inesperado: una isla que no existía hace apenas unas décadas
© NASA.

Durante gran parte del siglo XX, el glaciar Alsek rodeaba una pequeña montaña llamada Prow Knob, bautizada por su parecido con la proa de un barco. El hielo servía de muralla, manteniendo esa masa de tierra unida al continente. Fotografías aéreas de 1960 mostraban aún el glaciar firme alrededor de la roca.

A mediados de siglo, la retirada del hielo fue evidente. En los años ochenta, parte de Prow Knob ya se había convertido en orilla del lago Alsek, aunque el glaciar todavía mantenía contacto. Esa conexión fue debilitándose hasta que, finalmente, el verano de 2025 marcó la separación definitiva.

La isla que emergió del deshielo

El retroceso del glaciar Alsek en Alaska acaba de revelar algo inesperado: una isla que no existía hace apenas unas décadas
© NASA.

En apenas unas semanas, entre julio y agosto, las imágenes satelitales de la NASA confirmaron la ruptura: el glaciar perdió contacto con la montaña, convirtiéndola en una isla de unos cinco kilómetros cuadrados. Desde 1984, los brazos del Alsek han retrocedido más de cinco kilómetros, alimentando un lago que ha crecido de 45 a 75 km².

El nuevo entorno es dinámico y frágil. Con menos apoyo del hielo, los bordes del glaciar son ahora más propensos a desprendimientos, lo que podría acelerar aún más su retroceso.

Una tendencia imparable

El Alsek no es un caso aislado. Junto con los lagos vecinos Harlequin y Grand Plateau, la región ha visto duplicarse la extensión de sus aguas proglaciares en cuatro décadas. Los glaciólogos apuntan a que la tendencia continuará, dejando al descubierto nuevas masas de agua —y quizás más islas— en los próximos años.

Lo que hoy parece un accidente geográfico pintoresco es, en realidad, la huella visible de un planeta en calentamiento. Cada kilómetro que retrocede el glaciar es un recordatorio silencioso de la magnitud del cambio climático.

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