El sarampión causa estragos en Estados Unidos, y los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) afirman que no es responsabilidad de ellos.
En un editorial reciente del Wall Street Journal el director principal Ralph Abraham apuntó a quienes critican la respuesta del gobierno ante el sarampión desde el año pasado. Abraham argumentó que el regreso del sarampión no es culpa de EE.UU. porque también otros países han tenido brotes similares últimamente. Pero por supuesto, Abraham no mencionó que la salud pública del país tiene como jefe a un hombre que abiertamente se opone desde hace décadas a las vacunas, Robert F. Kennedy Jr.
“Decir que el sarampión es consecuencia de fallas en las políticas de EE.UU. es faltar a la verdad”, escribió Abraham.
Defensa
Abraham está en lo cierto cuando dice que el sarampión ha regresado en otros países también. La enfermedad viral sigue siendo endémica en varios lugares del mundo. Y países como Canadá, Reino Unido y otros han pasado por un resurgimiento del sarampión en los últimos tiempos. Sin embargo, eso no absuelve a EE.UU. de sus errores.
Desde enero de 2025 el sarampión se ha estado propagando y el año pasado hubo más de 2.220 casos, cifra anual que supera a las de los últimos treinta años. Hubo casos en 45 estados y otras jurisdicciones, en 49 brotes repartidos entre todos los lugares. El brote más grande del año pasado fue a comienzos de enero en partes del oeste de Texas pero ahora hay un brote en Carolina del Sur, con 847 casos hasta ahora. Tres personas murieron en EE.UU. a causa del sarampión desde 2025, y cientos han tenido que ser hospitalizadas. Ahora EE.UU. está a punto de perder su condición de país libre de sarampión.
El sarampión es una de las enfermedades más contagiosas de la Tierra pero con vacunación se puede evitar su propagación. En general, las tasas de vacunación han disminuido y eso permitió que el sarampión regresara a EE.UU. y otros países, aunque el gobierno federal no lo admita.
En su editorial Abraham incluso intenta teñir de dudas la efectividad de la vacunación. Cita un informe reciente de funcionarios de la salud, y de Colorado, sobre el brote de sarampión del año pasado que tuvo que ver con un pasajero que había viajado en avión. De los nueve casos vinculados al paciente originalmente contagiado, cuatro estaban vacunados con todas las dosis, señaló.
La vacuna antisarampionosa no es infalible por lo que puede haber casos ocasionales (con todas las dosis su efectividad es del 97%). Pero incluso en ese brote la mayoría de los casos no estaban vacunados, y a los que sí estaban vacunados, la vacunación los ayudó porque tuvieron menos síntomas, y más leves, en tanto que tres de los no vacunados y una persona de quien no se supo si estaba vacunada o no, terminaron en el hospital.
“Este brote destaca la importancia de mantener actualizadas las vacunas recomendadas, en especial antes de viajar”, concluyeron los autores del informe.
Los datos de los CDCs ilustran el valor de la vacunación. Aproximadamente el 93% de todos los casos de sarampión que se documentaron desde el año pasado ocurrieron en personas no vacunadas, o que no sabían si lo estaban. Solo el 4% fue en personas con todas las dosis de la vacuna.
Abraham dice que hay estándares globales
Sin embargo, no lo parece. Desde el año pasado, el secretario de salud y su personal restringen el acceso a determinadas vacunas, además de haber reducido la fuerza laboral de varias agencias de salud, y de despedir a funcionarios que no estaban de acuerdo con sus políticas anti vacunas. Durante el brote de sarampión de Texas, además recomendó tratamientos no respaldados, como el aceite de hígado de bacalao que podría haber representado riesgos para algunos niños.
El mes pasado también redujo el calendario de vacunación infantil, y en los puestos de su departamento designa a funcionarios que no promueven la vacunación. Abraham, designado a fines del año pasado, tiene antecedentes de haber promovido el escepticismo con respecto a las vacunas durante su función anterior como médico general de Luisiana.
La disminución en las tasas de vacunación contra el sarampión y otras enfermedades es anterior al nombramiento de Kennedy, y no se puede culpar de todo a los antivacunas (la falta de acceso a servicios de salud, particularmente en países pobres o en zonas rurales de EE.UU. tiene su parte también). Pero en la era de la salud pública de RFk Jr. no hay nada que inspire tranquilidad respecto de la capacidad de la nación para tomar en serio al sarampión.