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Ciencia

Bajo la fruta podrida ocurre algo que parece imposible para animales tan simples. Gusanos se organizan en torres vivientes que se mueven como si fueran un solo organismo

Científicos han observado en la naturaleza un fenómeno colectivo sorprendente: decenas de gusanos que se agrupan formando estructuras verticales capaces de desplazarse juntas. Lo que parecía una curiosidad de laboratorio revela ahora nuevas pistas sobre cómo surge la cooperación entre organismos muy simples.
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Bajo una escena tan corriente como la fruta descompuesta en un huerto, la ciencia ha descubierto un comportamiento sorprendente. En el año 2024, un equipo internacional documentó por primera vez en la naturaleza una estrategia colectiva fascinante: torres móviles de gusanos que se forman, responden y viajan juntas como si fueran un solo ente. Y lo más asombroso es que no hay jerarquías, ni cerebros, ni órdenes.

Torres que nacen del suelo y buscan escapar

El secreto bajo la fruta podrida: torres vivientes de gusanos que se mueven como un solo ser
© Daniela Pérez.

Durante años se pensó que las torres de nematodos eran una curiosidad de laboratorio. Sin embargo, un nuevo estudio liderado por el Instituto Max Planck y la Universidad de Constanza ha probado lo contrario. En huertos del sur de Alemania, los científicos observaron cómo estos diminutos gusanos se entrelazaban para formar columnas que se elevaban desde la fruta podrida hacia el aire.

Estas formaciones, lejos de ser caóticas, tenían una función clara: prepararse para abandonar el suelo hostil y adherirse a insectos cercanos que les sirvieran como transporte. Una vez enganchados al cuerpo del insecto, los gusanos podían alcanzar hábitats más adecuados para alimentarse y sobrevivir. Las torres eran, por tanto, una estrategia de viaje en grupo, sorprendentemente eficiente y coordinada.

Un superorganismo sin cerebro que fascina a la ciencia

El secreto bajo la fruta podrida: torres vivientes de gusanos que se mueven como un solo ser
© Perez et al. (2025) Current Biology.

En este laboratorio, los investigadores replicaron el fenómeno con Caenorhabditis elegans, una especie muy estudiada. Bastó introducir un filamento en una placa sin alimento para que, en menos de dos horas, los gusanos comenzaran a construir torres. Al ser tocadas, estas respondían como una sola entidad, estirándose o incluso formando “brazos” para explorar el entorno.

Lo más notable es la ausencia de esta jerarquía: ningún gusano dirige. Todos cooperan, sin distinción, para mantener la torre estable. Aunque en poblaciones clonadas esta igualdad es evidente, los científicos quieren estudiar si en condiciones naturales —con mayor diversidad genética— también se mantiene ese modelo horizontal de cooperación.

¿Una lección biológica para la robótica?

Este descubrimiento no solo amplía nuestra comprensión de la biología colectiva, sino que podría inspirar nuevos desarrollos en robótica y sistemas autónomos. La forma en que estos seres coordinan sus acciones sin líderes ni sensores complejos ha captado la atención de ingenieros, físicos y biólogos.

Además, plantea preguntas fundamentales sobre cómo se comunican y perciben su entorno. ¿Usan vibraciones? ¿Se guían por señales químicas? Comprender estos mecanismos podría abrir caminos inesperados en el diseño de tecnologías adaptativas.

Porque estas torres, surgidas en silencio bajo una manzana podrida, son más que una rareza: son una prueba de que, incluso sin cerebro ni vista, la cooperación puede ser el camino más eficaz para sobrevivir.

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