En la isla surcoreana de Jeju, un grupo de mujeres mayores se sumerge cada día en el océano sin más ayuda que sus pulmones. Conocidas como haenyeo, estas buceadoras llevan generaciones recolectando mariscos y algas. Pero su capacidad para resistir temperaturas gélidas y aguantar largos periodos sin respirar no solo es fruto del entrenamiento: podría estar escrita en su ADN.
Una tradición que esconde una adaptación extraordinaria

Las haenyeo son buceadoras tradicionales de Corea del Sur que, sin usar tanques de oxígeno, se sumergen hasta 10 metros de profundidad para recolectar recursos marinos. La mayoría supera los 60 años y algunas incluso los 80, pero su resistencia física rivaliza con la de atletas entrenados.
Durante décadas, se pensó que su increíble capacidad era puramente resultado de años de práctica y técnica. Sin embargo, investigaciones recientes han revelado algo más profundo: su fisiología parece tener características únicas, posiblemente heredadas a través de generaciones.
El gen que las distingue de todos los demás

Un estudio liderado por investigadores coreanos analizó muestras genéticas de varias haenyeo y descubrió una variante poco común del gen PDE10A. Esta mutación influye en la regulación del flujo sanguíneo y podría ser responsable de su sorprendente resistencia a la hipoxia —la falta de oxígeno.
Además, su ritmo metabólico disminuye de forma notable cuando se sumergen, algo que normalmente solo se observa en mamíferos marinos como focas o delfines. Este “reflejo de inmersión” humano no solo las protege del frío, sino que les permite permanecer bajo el agua durante más tiempo que el promedio.
Un legado biológico en peligro de extinción
Más allá de la curiosidad científica, el descubrimiento ha puesto en valor una práctica cultural en riesgo. La profesión de haenyeo ha disminuido drásticamente, y con ella podría desaparecer también esta adaptación única. De confirmarse que el gen es hereditario, se perdería algo más que una tradición: una singularidad biológica humana.
En un mundo donde la ciencia y la cultura rara vez se cruzan, las haenyeo nos recuerdan que aún existen misterios corporales por descifrar. Y que a veces, la clave no está en laboratorios futuristas, sino en las profundidades del mar.