En ocasiones, las respuestas a los problemas más urgentes de la ciencia se encuentran donde menos se espera: enterradas en el silencio de un desierto o en el veneno de un animal temido. Esta es la historia real de cómo el estudio del monstruo de Gila, un lagarto poco conocido, dio pie a la creación de Ozempic, el fármaco que transformó el tratamiento de la obesidad y la diabetes.

Un lagarto venenoso y un hallazgo accidental
En 1980, el gastroenterólogo Jean-Pierre Raufman visitó los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. en busca de apoyo para sus estudios digestivos. Allí conoció al químico John Pisano, quien le ofreció analizar varios venenos animales. El que más llamó su atención venía de un lagarto del que nunca había oído hablar: el monstruo de Gila, una criatura subterránea del suroeste estadounidense.
Este reptil, capaz de pasar meses sin comer gracias a las reservas de grasa en su cola, también secretaba péptidos que regulaban el apetito. Fascinado, Raufman continuó estudiando sus efectos, hasta que años después, el endocrinólogo John Eng retomó la investigación y halló dos compuestos revolucionarios: exendin-3 y exendin-4, este último muy similar a la hormona humana GLP-1, clave en la regulación de la insulina.
De laboratorio a medicamento de éxito mundial
Con el apoyo de Amylin Pharmaceuticals, lograron sintetizar estos compuestos y probarlos con éxito en ratones diabéticos. En 2005, la FDA aprobó la exenatida y más tarde, la liraglutida, fármacos que no solo controlaban la glucemia, sino que también favorecían la pérdida de peso. La farmacéutica Novo Nordisk vio aún más potencial en la semaglutida, que lanzó en 2017 bajo el nombre Ozempic. Este nuevo medicamento actuaba sobre receptores cerebrales para disminuir el apetito, con efectos más duraderos y eficaces.

El poder curativo del veneno
Lejos de ser solo una amenaza, los venenos animales han dado origen a tratamientos médicos revolucionarios. La toxinología, ciencia que estudia estas sustancias, ha permitido descubrir compuestos útiles para enfermedades como la hipertensión o las canalopatías. Ejemplos como el captopril (basado en veneno de serpiente) o nuevas moléculas extraídas de tarántulas refuerzan su valor.
Una biblioteca viva de posibles curas
El herpetólogo Zoltan Takacs lleva años construyendo una base de datos genética de toxinas animales con fines médicos. Sin embargo, transformar estas sustancias en fármacos lleva tiempo y una enorme inversión. Ozempic lo logró. ¿Cuál será el próximo milagro escondido en la naturaleza?
Fuente: National Geographic.