Durante años, una de las grandes incógnitas de la contaminación marina fue qué ocurría con los microplásticos que desaparecían de la superficie del océano. No se degradaban, no se evaporaban y tampoco dejaban de entrar en el sistema. Simplemente… ya no estaban arriba.
Un nuevo estudio científico acaba de aportar una respuesta inquietante: millones de partículas sintéticas están siendo transportadas activamente hacia las profundidades por organismos diminutos, en un mecanismo natural que funciona todos los días y en todos los mares.
El papel oculto del zooplancton en la contaminación marina

El protagonista de este proceso es el zooplancton, un conjunto de organismos microscópicos que flotan en la columna de agua y sostienen gran parte de la vida marina. Aunque suelen asociarse con la base de la cadena alimentaria, su rol va mucho más allá de servir de alimento a peces y mamíferos marinos.
Investigadores del Plymouth Marine Laboratory lograron medir por primera vez, en tiempo real, cómo estos organismos ingieren microplásticos presentes en el agua superficial y los transforman en partículas capaces de hundirse rápidamente.
El estudio se centró en un grupo concreto: los copépodos, pequeños crustáceos que dominan el zooplancton a escala global y están presentes prácticamente en todos los océanos del planeta.
Los copépodos se alimentan filtrando el agua para consumir microalgas. En ese proceso, también ingieren partículas de microplástico del mismo tamaño. Lo relevante no es solo que las consuman, sino lo que ocurre después.
Los científicos observaron que, tras unos 40 minutos, estos organismos expulsan los microplásticos encapsulados en sus propias heces. Esos desechos —conocidos como pellets fecales— son más densos que el agua y se hunden con rapidez, arrastrando el plástico hacia capas profundas del océano.
Este mecanismo convierte al zooplancton en una auténtica “bomba biológica”: un sistema natural que captura contaminantes de la superficie y los deposita en el fondo marino de forma constante.
Cuántos microplásticos se hunden cada día

Al combinar observaciones de laboratorio con modelos poblacionales reales, el equipo logró cuantificar el fenómeno. En una zona concreta del Atlántico nororiental, el Canal de la Mancha Occidental, los copépodos expulsan hasta 271 partículas de microplásticos por metro cúbico de agua cada día.
Extrapolado a grandes volúmenes de agua, el impacto es enorme. En un solo día, una masa de zooplancton puede trasladar cientos de miles de fragmentos plásticos desde la superficie hasta los sedimentos marinos.
Y este proceso no es excepcional ni localizado: ocurre de forma continua en océanos de todo el mundo.
El hundimiento de microplásticos no implica que el problema desaparezca. Al contrario. Una vez en el fondo, estas partículas pueden permanecer durante décadas o siglos, interactuando con organismos bentónicos y reingresando en la cadena alimentaria por otras vías.
Además, el zooplancton es consumido por peces, crustáceos y otras especies comerciales. Si los copépodos contienen microplásticos de forma habitual, esos contaminantes siguen ascendiendo por la red trófica hasta llegar, potencialmente, a los alimentos que consume el ser humano.
Los autores del estudio advierten que este transporte vertical facilita una exposición crónica y constante de los ecosistemas marinos al plástico, incluso en zonas donde la superficie parece relativamente limpia.
Por qué este hallazgo cambia los modelos de contaminación oceánica
Hasta ahora, muchos modelos de contaminación marina no incluían datos realistas sobre la ingestión y expulsión de microplásticos por parte del zooplancton. La falta de mediciones directas hacía imposible calcular con precisión dónde terminaban esas partículas.
La metodología desarrollada por el equipo permite, por primera vez, vincular procesos biológicos microscópicos con dinámicas globales de contaminación. Esto abre la puerta a mapas de riesgo más precisos, mejores predicciones ecológicas y estrategias de mitigación más ajustadas a la realidad.
La contaminación por microplásticos no solo flota. También se hunde, se mueve y se acumula gracias a procesos naturales que recién ahora empezamos a comprender.
[Fuente: Infobae]