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Ciencia

El sorprendente papel del chisme en la sociedad: qué dice la ciencia sobre hombres, mujeres y nuestra necesidad de hablar de otros

Durante años se creyó que ciertas personas eran mucho más propensas a hablar de los demás. Sin embargo, nuevas investigaciones revelan una realidad mucho más compleja. Lo que parece una simple conversación cotidiana podría esconder una función clave para la convivencia, las relaciones y hasta la supervivencia social.
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Hablar sobre personas que no están presentes suele tener una connotación negativa. Sin embargo, la ciencia y la antropología están replanteando por completo esta percepción. Lejos de ser únicamente una costumbre asociada a los rumores o las críticas, este comportamiento cumple funciones sociales fundamentales que han acompañado a la humanidad durante miles de años. Además, los estudios recientes han desmontado algunas de las creencias más extendidas sobre quiénes lo practican con mayor frecuencia.

Un comportamiento tan antiguo como la propia humanidad

El intercambio de información sobre otras personas ha formado parte de la vida social desde tiempos remotos. Presente en prácticamente todas las culturas conocidas, este fenómeno ha desempeñado un papel importante en la construcción de relaciones, la transmisión de conocimientos y la organización de las comunidades.

Aunque muchas veces se asocia exclusivamente con comentarios negativos o rumores malintencionados, los expertos sostienen que la realidad es mucho más amplia. Las conversaciones sobre terceros pueden incluir información útil sobre comportamientos, decisiones, experiencias o acontecimientos relevantes para quienes forman parte de un mismo grupo.

Desde la perspectiva de la antropología y la psicología, este tipo de interacción representa una herramienta social de enorme valor. Gracias a ella, las personas pueden comprender mejor su entorno, fortalecer vínculos y mantenerse informadas sobre aspectos que influyen en la dinámica colectiva.

Por ese motivo, numerosos investigadores consideran que estas conversaciones cumplen una función mucho más profunda que la de un simple entretenimiento cotidiano.

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©Sound On – Pexels

La creencia popular que los estudios han desmontado

Durante décadas se repitió la idea de que uno de los sexos era mucho más proclive a hablar sobre otras personas. Esta percepción se instaló con fuerza en el imaginario popular y terminó convirtiéndose en uno de los estereotipos más extendidos.

Sin embargo, las investigaciones realizadas en áreas como la sociología y la psicología muestran una conclusión diferente. Los datos indican que hombres y mujeres dedican cantidades muy similares de tiempo a este tipo de conversaciones.

Los estudios también revelan que las diferencias aparecen principalmente en los contextos o en los temas abordados, pero no en la frecuencia general con la que se participa en estas interacciones.

De hecho, las personas emplean alrededor de 52 minutos al día hablando sobre individuos que no están presentes. Además, la mayor parte de esos intercambios tiene un carácter neutral, mientras que solo una pequeña proporción corresponde a comentarios claramente negativos.

Estos resultados cuestionan la idea de que el cotilleo sea necesariamente una práctica perjudicial y sugieren que, en muchos casos, funciona como una forma habitual de compartir información social.

La sorprendente función que cumple el cotilleo

La explicación sobre por qué los seres humanos recurren tan frecuentemente a este comportamiento se encuentra en las teorías evolutivas desarrolladas por antropólogos y científicos sociales.

Según estas hipótesis, el intercambio de información sobre terceros ayudó a las primeras comunidades humanas a sobrevivir y prosperar. Compartir datos sobre la reputación de otras personas, sus alianzas o sus acciones permitía identificar individuos confiables y detectar posibles riesgos dentro del grupo.

En sociedades pequeñas, donde la cooperación era esencial para la supervivencia, disponer de este conocimiento podía marcar una diferencia significativa. Saber quién cumplía sus compromisos, quién ayudaba a los demás o quién generaba conflictos contribuía a fortalecer la cohesión colectiva.

Por ello, muchos expertos consideran que el cotilleo evolucionó como una herramienta social destinada a facilitar la convivencia y la colaboración entre los miembros de una comunidad.

Mucho más que simples conversaciones

Lejos de desaparecer con el paso de los siglos, esta práctica continúa desempeñando funciones importantes en la actualidad. Las conversaciones sobre otras personas siguen ayudando a construir confianza, evaluar relaciones y comprender mejor los entornos sociales en los que nos desenvolvemos.

Además, permiten conocer experiencias ajenas, interpretar comportamientos y tomar decisiones más informadas tanto en el ámbito personal como en el profesional. En muchos casos, también sirven para reforzar normas compartidas y promover conductas consideradas beneficiosas para el grupo.

Por eso, los especialistas coinciden en que hablar de otros no siempre responde a la curiosidad o al deseo de criticar. Detrás de una conducta aparentemente trivial se esconde un mecanismo profundamente arraigado en la naturaleza humana, capaz de influir en la forma en que construimos relaciones, mantenemos comunidades cohesionadas y entendemos el mundo que nos rodea.

 

[Fuente: La República]

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