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Ciencia

El tiempo se dobló sobre sí mismo. El MIT crea un reloj que “recuerda” el pasado para medir el presente

Para vencer el caos cuántico, los físicos del MIT decidieron revertirlo. Su nuevo reloj atómico no solo cuenta los tictacs de los átomos: los corrige retrocediendo sobre su propia historia. El resultado es el reloj más estable jamás construido, capaz de detectar la materia oscura, predecir terremotos y poner en duda lo que creemos saber sobre el tiempo.
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En un laboratorio del MIT, los físicos han logrado lo que suena a herejía científica: “revertir el tiempo”. No en el sentido cinematográfico de volver al pasado, sino en el sentido cuántico: invertir un proceso físico para borrar sus errores.

El resultado de esa maniobra es el reloj atómico más preciso jamás creado, un instrumento capaz de medir el paso del tiempo con una exactitud que roza el límite de lo que permite la naturaleza.

El equipo, liderado por Vladan Vuletić, publicó el hallazgo en Nature. Su reloj no solo mejora el diseño de los anteriores, sino que duplica su precisión al eliminar el llamado ruido cuántico, esa especie de vibración intrínseca que impide medir los fenómenos más sutiles del universo.

Y lo han hecho con un giro conceptual brillante: retroceder sobre el propio proceso de medición para borrar la distorsión.

Cómo se domestica el caos cuántico

Los relojes atómicos no son metáforas: son los pilares sobre los que se apoya la civilización moderna. Cada GPS, cada red de telecomunicaciones y cada operación financiera dependen de ellos. Su funcionamiento se basa en átomos que oscilan millones de millones de veces por segundo —como el iterbio o el cesio— y en láseres que miden esos “tictacs” con precisión quirúrgica.

El problema es que el universo no es silencioso. El ruido cuántico, una fluctuación inevitable en la escala atómica, distorsiona esas mediciones. Es el equivalente a tratar de escuchar un susurro en medio de un huracán. Ese límite, conocido como el límite estándar cuántico, había sido infranqueable… hasta ahora.

Vuletić y su equipo ya habían encontrado un atajo en 2020: el entrelazamiento cuántico, una propiedad que permite conectar varios átomos de forma que se comporten como un solo ente. Al hacerlo, el ruido de cada uno se promedia y la señal conjunta se vuelve más nítida.

Pero la nueva técnica, a la que llaman “reversión del tiempo”, va más allá: después de entrelazar los átomos, los físicos dejan que el láser los excite, registrando tanto la señal como el ruido. Luego aplican un proceso inverso —como si rebobinaran una cinta— que anula las perturbaciones y amplifica la señal pura.

La memoria del átomo

El truco está en algo que hasta ahora se consideraba irrelevante: la fase global, una especie de memoria interna del átomo. “Uno podría pensar que no hemos hecho nada”, explicó Vuletić. “Pero incluso cuando un átomo es excitado y regresa a su estado original, conserva la memoria de su viaje”. Esa memoria actúa como un espejo: permite comparar el camino de ida y el de vuelta, y detectar las mínimas desviaciones causadas por el ruido cuántico.

En palabras del investigador Qi Liu, coautor del estudio: “Cuando la diferencia entre el láser y el átomo es pequeña, normalmente queda ahogada por el ruido cuántico. Nuestro método amplifica esa diferencia por encima del ruido”. El resultado es un reloj que literalmente aprende de su propio pasado para mejorar su presente.

¿Qué se verá?

Esa sensibilidad sin precedentes abre un abanico de posibilidades. Un reloj tan estable puede detectar variaciones ínfimas en el campo gravitacional terrestre, lo que permitiría predecir terremotos o hundimientos del terreno con días de anticipación. Pero los físicos van más allá: creen que este reloj podría ayudar a detectar materia oscura y energía oscura, los componentes invisibles que constituyen más del 90 % del universo.

La idea no es tan descabellada como parece. Si una concentración de materia oscura pasara cerca de la Tierra, alteraría el ritmo del tiempo de manera imperceptible… salvo para un reloj como este. “Con estos relojes”, explica Vuletić, “la gente puede intentar probar si realmente solo existen cuatro fuerzas fundamentales, o incluso buscar señales de energía oscura en el tejido del espacio-tiempo”.

La frontera del tiempo

El avance del MIT no solo redefine cómo medimos el tiempo, sino lo que entendemos por él. En nuestro día a día, el tiempo avanza de manera implacable, pero a nivel cuántico puede plegarse, invertirse y superponerse. En ese dominio, los científicos no se limitan a contar los segundos: los reconstruyen. Cada oscilación de un átomo se convierte en una historia que se borra y se reescribe, hasta alcanzar la perfección.

Lo paradójico es que, para lograr el reloj más exacto del mundo, los físicos tuvieron que hacer lo impensable: retroceder. Y al hacerlo, puede que hayan dado un paso hacia adelante en la comprensión del universo. Porque, como ironizó Vuletić, “a veces, para avanzar en la física… hay que volver atrás”.

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