El día en que el universo deje de expandirse
¿Qué pasaría si el cosmos, en lugar de expandirse eternamente, comenzara a contraerse hasta reducirse a un punto infinitamente denso?
Esta pregunta, que parece salida de la ciencia ficción, tiene ahora una respuesta científica posible.
Un grupo internacional de investigadores —procedentes de Estados Unidos, China y España— ha modelado el destino último del universo bajo una hipótesis que cuestiona uno de los pilares de la cosmología moderna: la naturaleza de la energía oscura.
El trabajo, basado en simulaciones teóricas y cálculos de evolución cósmica, plantea un escenario radical: si la constante cosmológica (λ) que hoy impulsa la expansión del universo cambiara de signo, el cosmos podría dejar de crecer y comenzar a comprimirse lentamente.
El resultado sería un final catastrófico, conocido como Big Crunch, previsto dentro de unos 22.000 millones de años.
La constante que decide el destino del cosmos
Para entender esta predicción hay que remontarse a Albert Einstein. En 1917, mientras ajustaba sus ecuaciones de la relatividad general, añadió un término adicional: la constante cosmológica, representada con la letra griega λ (lambda).
En su época, Einstein pensaba que el universo era estático, y esa constante servía para equilibrar la gravedad y evitar que todo colapsara.
Décadas más tarde, las observaciones demostraron que el cosmos no es estático, sino que se expande.
Desde entonces, λ se interpreta como un reflejo matemático de la energía oscura, una forma misteriosa de energía que llena uniformemente el espacio y acelera la expansión del universo.

En términos simples, si λ es positiva, el universo se expande cada vez más rápido; si se volviera negativa, la expansión se detendría y se invertiría: el cosmos comenzaría a contraerse.
Hasta ahora, todas las observaciones del telescopio espacial Hubble y de misiones como Planck han confirmado que λ es positiva. Pero algunos modelos recientes de física teórica y observaciones del fondo cósmico de microondas han abierto la puerta a un escenario cambiante: la energía oscura podría evolucionar con el tiempo.
Axiones, las partículas que podrían sellar nuestro destino
Los científicos recurrieron a un tipo particular de partícula hipotética: los axiones, propuestos hace décadas como posibles componentes de la materia oscura.
Estas partículas ultraligeras, casi invisibles, podrían comportarse como un campo cuántico que varía lentamente a lo largo del tiempo.
En los modelos creados por el equipo internacional, los axiones actúan inicialmente como una fuerza repulsiva que impulsa la expansión del universo. Sin embargo, tras miles de millones de años, su comportamiento cambiaría, y el campo pasaría a ejercer una fuerza atractiva, como si la gravedad tomara de nuevo el control.
Cuando ese punto llegue, la energía oscura se volvería negativa. Las galaxias dejarían de alejarse unas de otras y comenzarían a retroceder. Las estrellas morirían sin reemplazo, los agujeros negros se fusionarían y, con el paso de decenas de miles de millones de años, toda la materia colapsaría en una masa densa y ardiente.
Ese sería el Big Crunch, el reverso simétrico del Big Bang.
Según las simulaciones, este destino ocurriría dentro de unos 22.000 millones de años. Para entonces, la Tierra ya no existiría: el Sol se habrá convertido en una gigante roja y habrá engullido nuestro planeta mucho antes, en unos 7.500 millones de años.
Un universo que se expande, pero no para siempre
Aunque el modelo es matemáticamente consistente, los propios autores reconocen que sigue siendo una hipótesis especulativa.
La energía oscura, responsable de casi el 70% del contenido energético del universo, sigue siendo un misterio.
No se ha detectado directamente, y su evolución temporal solo puede inferirse por la observación de galaxias lejanas y del fondo cósmico de radiación.
Sin embargo, las simulaciones con axiones ofrecen un marco teórico coherente para explicar cómo podría cambiar su naturaleza.
Based on data from dark-energy observatories, a Cornell physicist has calculated that the Universe is at the midpoint of its 33-billion-year lifecycle, after which it will end in a big crunch
The universe is approaching the midpoint of its 33-billion-year lifespan, a Cornell… pic.twitter.com/gRqo15fuMt— Black Hole (@konstructivizm) October 2, 2025
Si el universo se dirige hacia un Big Crunch, se trataría de una oscilación cósmica, un ciclo en el que cada expansión culmina en un colapso, para luego volver a nacer.
Una suerte de respiración del cosmos.
Otras teorías, en cambio, apuntan al escenario opuesto: un Big Rip, en el que la expansión acelerada termina desgarrando toda la materia, desde galaxias hasta átomos.
Por ahora, las observaciones siguen favoreciendo el modelo de expansión eterna. Pero los científicos insisten en que la posibilidad de una inversión no puede descartarse: “El universo podría tener un final, aunque esté increíblemente lejos en el tiempo”, explican los autores del estudio.
El fin (lejano) de todo
Si la predicción es correcta, el universo entrará en una fase de contracción gradual dentro de decenas de miles de millones de años.
En ese futuro remoto, el cielo nocturno se vaciará de estrellas, las galaxias se acercarán unas a otras y el cosmos entero comenzará a oscurecerse.
Finalmente, la materia y la energía colapsarán en un punto denso y ardiente: un nuevo Big Bang podría nacer de sus cenizas.
Más allá del dramatismo del escenario, este modelo tiene un valor enorme: desafía la idea de un universo estático en su evolución energética y empuja a los físicos a entender qué es realmente la energía oscura, el componente más dominante y más desconocido de la realidad.
Hasta que lo sepamos, el destino del cosmos seguirá siendo una de las preguntas más inquietantes —y fascinantes— de la ciencia.
Fuente: Meteored.