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Ciencia

El Universo podría estar acelerando el Universo más rápido de lo que imaginamos. La energía oscura ya no se comporta como una fuerza eterna

Durante décadas creímos que el cosmos se expandía con una precisión inmutable. Pero algo en sus pulsaciones parece haberse alterado. Nuevos datos del instrumento DESI revelan que la energía oscura podría estar variando con el tiempo, como si el Universo respirara de forma diferente a lo que pensábamos.
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Hace casi un siglo que sabemos que el Universo se expande. Fue Edwin Hubble quien descubrió, en 1929, que las galaxias se alejan unas de otras como si el espacio mismo estuviera estirándose. Décadas después, el hallazgo se tornó más inquietante: la expansión no solo continúa, sino que se acelera. La explicación más aceptada fue casi poética: una fuerza invisible, llamada energía oscura, empuja el cosmos hacia fuera con una intensidad que desafía toda intuición.

Pero las últimas observaciones del proyecto DESI insinúan un giro aún más profundo: esa fuerza puede no ser constante.

Un latido que cambia con el tiempo

La constante cosmológica podría no ser constante. Nuevos datos de DESI desafían el modelo estándar del Universo
© YouTube / UNAM Global TV.

El modelo cosmológico actual, conocido como ΛCDM (Lambda-Cold Dark Matter), se basa en una suposición aparentemente sólida: la energía oscura, representada por la letra griega Λ, no cambia con el paso del tiempo. Es la misma ahora que hace miles de millones de años. Sin embargo, el Universo parece tener otros planes.

Los primeros resultados del Dark Energy Spectroscopic Instrument (DESI) —un sofisticado dispositivo instalado en el telescopio Mayall de Arizona— han trazado el mapa tridimensional más preciso del cosmos, midiendo la luz de millones de galaxias y cuásares. En ese mapa, los astrónomos han detectado pequeñas variaciones en la velocidad con la que el espacio se expande. Variaciones sutiles, pero suficientes para despertar sospechas: quizá la energía oscura no mantenga la misma intensidad a lo largo del tiempo.

Ecos del origen

La constante cosmológica podría no ser constante. Nuevos datos de DESI desafían el modelo estándar del Universo
© DESI.

Para comprenderlo, hay que mirar atrás, hasta los primeros ecos del Big Bang. En aquel universo joven y ardiente, las ondas de presión que recorrían la sopa primordial de materia y radiación dejaron una huella: las oscilaciones acústicas bariónicas. Esas huellas actúan hoy como una regla cósmica. Al medir su tamaño aparente a distintas distancias, los científicos pueden calcular cómo ha cambiado la expansión del espacio.

Y fue precisamente ese método el que reveló la discrepancia. Según los cálculos de DESI, la tasa de expansión actual no encaja del todo con lo que el modelo ΛCDM predice. La desviación estadística, de unos 2,3 sigma, no basta aún para hablar de descubrimiento… pero sí para hacer una pausa.

La “constante” que deja de serlo

La constante cosmológica podría no ser constante. Nuevos datos de DESI desafían el modelo estándar del Universo
© NOIRLab.

Cuando los investigadores permiten que la energía oscura evolucione —que su “presión negativa” cambie de intensidad con el tiempo—, los datos encajan mejor. Y al combinar los resultados con los del fondo cósmico de microondas y con observaciones de supernovas, la preferencia por un modelo dinámico aumenta hasta 4,2 sigma. Si esta tendencia se confirma, la constante cosmológica dejaría de ser constante, y el paradigma de la cosmología moderna se vendría abajo.

La consecuencia sería monumental: el 70 % del contenido del Universo —la energía oscura— estaría vivo, cambiando. Y con ello, las ecuaciones que describen su historia y su destino tendrían que reescribirse desde el principio.

Una nueva respiración del cosmos

Einstein introdujo la constante cosmológica en 1917 para mantener un Universo estático. Después la abandonó, llamándola su “mayor error”. Pero el tiempo le dio la vuelta a la historia: aquella letra griega terminó siendo esencial para explicar la expansión acelerada. Ahora, más de un siglo después, la Λ podría estar revelando su verdadera naturaleza: no un número fijo, sino un proceso. Un latido del cosmos que se acelera, se atenúa, cambia de ritmo.

Los científicos de DESI piden cautela. Aún quedan años de observaciones y análisis, y otros proyectos —como el satélite Euclid o el Observatorio Vera C. Rubin— aportarán nuevas pruebas. Pero la sospecha ya está sobre la mesa: la energía que domina el Universo podría no ser una constante eterna, sino una melodía en evolución.

Quizá, como todo lo que existe, también el propio Universo esté aprendiendo a respirar.

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