Puede que no sea la más larga, pero sí la más temible. La anaconda verde reina en los ríos de Sudamérica como la serpiente más pesada y fuerte del mundo. Su cuerpo colosal y su modo de caza sin veneno la convierten en una especie fascinante, que esconde más secretos de los que suelen mostrar las películas.
Más peso que cualquier otra serpiente
La anaconda verde (Eunectes murinus) es originaria de las selvas tropicales sudamericanas, especialmente en zonas del Amazonas y el Orinoco. Aunque comparte el trono con la pitón reticulada en cuanto a longitud, su masa corporal la hace única: las hembras pueden alcanzar los 250 kilos y medir hasta 6 metros, duplicando a los machos en tamaño.
Este impresionante animal ha sido objeto de mitos, leyendas y ficciones, pero su comportamiento real es tan imponente como sus cifras. Vive en ríos, pantanos y zonas inundadas, donde pasa desapercibida antes de atacar.

Mata por presión, no por veneno
La anaconda verde es constrictora, lo que significa que no posee veneno, pero sí una fuerza aplastante. Su técnica es tan eficiente como aterradora: se enrolla en su presa y la estrangula poco a poco, no hasta asfixiarla, sino hasta provocar un paro cardíaco por colapso circulatorio.
Puede capturar y tragar aves, reptiles e incluso mamíferos grandes, gracias a su mandíbula flexible y un cuerpo que se dilata ampliamente. Sin embargo, los expertos aclaran que no representa una amenaza habitual para los humanos.

Características físicas únicas
Esta serpiente tiene una coloración verde oliva con manchas marrones bordeadas en negro, que se funde con el entorno. Carece de un hueso en el cráneo que otras serpientes sí tienen (el supraorbitario), lo que le da una fisonomía particular.
Sus costillas y vértebras están diseñadas para expandirse, permitiendo que trague presas enormes sin dañar su estructura interna.

Reproducción salvaje y estratégica
Durante el apareamiento, una sola hembra puede atraer hasta 13 machos. Todos compiten envolviéndola en una bola de cuerpos retorcidos. Son ovovivíparas, lo que significa que incuban los huevos dentro del cuerpo y dan a luz directamente a crías formadas.
Durante los siete meses de gestación, la hembra apenas se mueve, esperando hasta el final de la temporada de lluvias para parir en aguas tranquilas y poco profundas.
Fuente: National Geographic.