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Ciencia

El volcán más austral de la Tierra expulsa oro microscópico sobre la Antártida. No es un tesoro explotable, sino una rareza química que viaja cientos de kilómetros

El Monte Erebus, en la isla Ross de la Antártida, emite partículas microscópicas de oro elemental que pueden dispersarse hasta 1.000 kilómetros. El fenómeno fue documentado en un estudio de 1991 y sigue siendo una rareza volcánica: otros volcanes liberan trazas de metales, pero Erebus es excepcional por expulsar oro cristalino en forma de partículas sólidas.
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En la Antártida hay un volcán que parece construido para romper expectativas. Está rodeado de hielo, se levanta casi 3.800 metros sobre la isla Ross y, en su cráter, mantiene un lago de lava permanente desde al menos comienzos de los años setenta. Se llama Monte Erebus y es considerado el volcán activo más austral del planeta. Según la NASA, emite con regularidad columnas de gas y vapor, y ocasionalmente lanza bombas volcánicas en erupciones estrombolianas.

Pero lo más extraño no es la lava. Es el oro.

Un estudio publicado en Geophysical Research Letters en 1991 documentó la emisión de partículas de oro elemental desde el Monte Erebus. La referencia científica, firmada por Kimberly A. Meeker, Ray L. Chuan, Philip R. Kyle y Julie M. Palais, describía precisamente la “emisión de partículas de oro elemental” desde este volcán antártico.

Oro, sí. Pero microscópico

El volcán más austral de la Tierra expulsa oro microscópico sobre la Antártida. No es un tesoro explotable, sino una rareza química que viaja cientos de kilómetros
© V-kosmose.

La cifra que suele circular es llamativa: alrededor de 80 gramos de oro al día. Suena a fortuna volcánica, pero conviene ponerlo en contexto. No hablamos de pepitas cayendo sobre la nieve, ni de vetas accesibles, ni de un recurso minero razonable. Son partículas microscópicas, dispersas en el aire y en el hielo, imposibles de aprovechar de forma práctica.

Según resume ScienceAlert a partir del paper de 1991, los investigadores encontraron partículas de oro cristalino en tres tipos de muestras: nieve alrededor del cráter, la pluma de gas procedente del lago de lava y aire antártico hasta a unos 1.000 kilómetros del volcán. Bajo microscopio electrónico, algunas partículas alcanzaban unos 60 micrómetros, es decir, menos que el grosor de un cabello humano.

Eso corrige un matiz importante: no todas serían necesariamente inferiores a 20 micrómetros. El rango documentado incluye partículas microscópicas, algunas de hasta unos 60 micrómetros. Siguen siendo diminutas, pero no conviene achicar el dato más de la cuenta.

Por qué Erebus puede hacer algo tan raro

El oro no “hierve” como el agua ni sale del magma en forma de vapor puro de manera simple. Su punto de ebullición es demasiado alto para imaginarlo evaporándose sin más. La explicación más probable es más compleja: el oro viajaría asociado a compuestos volátiles con cloro o azufre en los gases calientes del volcán. Al enfriarse bruscamente en el aire antártico, esos compuestos permitirían que el oro cristalizara como partículas sólidas.

Erebus tiene además una ventaja geológica muy particular: su lago de lava abierto y persistente. La NASA explica que el volcán se sitúa sobre una zona de corteza relativamente delgada, lo que facilita el ascenso de roca fundida desde el interior terrestre. Ese sistema mantiene una conexión poco habitual entre el magma profundo, el lago de lava y las emisiones gaseosas.

En volcanes más violentos, las partículas pueden quedar mezcladas con ceniza, fragmentarse, diluirse o no cristalizar de la misma manera. En Erebus, su actividad relativamente persistente y su ambiente helado parecen crear una combinación muy rara: gases calientes cargados de metales que se enfrían en uno de los lugares más fríos de la Tierra.

No es el único volcán con oro, pero sí uno muy especial

La presencia de oro en emisiones volcánicas no es completamente nueva. ScienceAlert señala que se han detectado trazas de oro en volcanes como Kīlauea, Etna, Augustine y El Chichón. Lo distintivo de Erebus es que allí se documentaron partículas cristalinas de oro elemental, no solo trazas químicas mezcladas en aerosoles o gases.

Esa diferencia es la que convierte al Erebus en un laboratorio natural. No tanto para buscar oro, sino para entender cómo los metales preciosos pueden moverse desde el magma hacia la atmósfera. En geología económica, este tipo de procesos importa porque muchos depósitos minerales se forman precisamente cuando fluidos calientes transportan metales y luego los precipitan al cambiar la temperatura, la presión o la química del entorno.

Un volcán de lava dentro de un continente de hielo

El volcán más austral de la Tierra expulsa oro microscópico sobre la Antártida. No es un tesoro explotable, sino una rareza química que viaja cientos de kilómetros
© Clive Oppenheimer.

El escenario también ayuda a explicar por qué Erebus resulta tan fascinante. La NASA lo describe como un volcán activo en la isla Ross, cerca de grandes bases antárticas como McMurdo y Scott Base. Su cráter alberga un lago de lava visible incluso en imágenes térmicas tomadas desde satélites, donde destaca como una anomalía cálida en medio del paisaje helado.

Las erupciones estrombolianas que se producen allí no son explosiones gigantescas como las de un volcán pliniano. Son estallidos intermitentes de gases y magma que pueden lanzar fragmentos incandescentes, alimentar la pluma volcánica y mantener el sistema abierto. Ese comportamiento constante permite estudiar el “aliento” del volcán durante largos periodos.

Y dentro de ese aliento hay vapor de agua, dióxido de carbono, dióxido de azufre, otros compuestos volcánicos y, en cantidades minúsculas, metales como oro, cobre o zinc. La imagen es casi absurda: un volcán antártico respirando partículas de metales preciosos sobre un continente congelado.

El oro que no hará rico a nadie

La parte más tentadora de esta historia es calcular cuánto vale el oro diario. Pero esa lectura se queda corta y, en realidad, distrae. Aunque 80 gramos al día parezcan mucho, están repartidos en partículas microscópicas que pueden viajar enormes distancias y depositarse en concentraciones bajísimas sobre nieve, hielo y aire. Extraerlo sería inviable.

Lo importante no es la riqueza material, sino la rareza científica. Erebus demuestra que un volcán puede actuar como una chimenea capaz de transportar metales desde zonas profundas de la Tierra hasta la atmósfera, y hacerlo de una forma que deja cristales diminutos dispersos sobre la Antártida.

No hay una mina de oro esperando bajo la nieve. Hay algo bastante más interesante: un sistema natural extremo donde el calor del magma, la química de los gases y el frío polar se combinan para fabricar partículas de oro que viajan por el aire. En un continente donde casi todo parece inmóvil, el Monte Erebus recuerda que incluso el hielo puede estar recibiendo, en silencio, polvo dorado salido del interior de la Tierra.

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