En la remota Isla de Ross, una de las regiones más inhóspitas del planeta, un volcán lleva más de cincuenta años ardiendo en silencio. Su nombre es monte Erebus, y sus particularidades geológicas acaban de sorprender al mundo científico. Este gigante antártico no solo conserva un lago de lava permanente, sino que emite partículas microscópicas de oro a la atmósfera. Un hallazgo inesperado que podría tener implicaciones mucho más profundas.
El monte Erebus: El volcán que «escupe» oro

Con una altitud de 3.794 metros, el monte Erebus es el volcán activo más al sur del planeta y uno de los pocos que mantiene un lago de lava continuo desde hace décadas. Estudios iniciados hace más de 30 años revelaron que sus emisiones volcánicas contienen trazas de oro que podrían sumar hasta 80 gramos por día, una cantidad que —aunque imposible de recolectar de forma práctica— tendría un valor estimado de 6.000 euros diarios.
Las partículas doradas no se quedan en las inmediaciones del cráter. Arrastradas por los vientos polares, han sido detectadas a más de 1.000 kilómetros del volcán, lo que demuestra la magnitud del fenómeno. Esta dispersión abre nuevas líneas de investigación sobre la presencia de metales en la atmósfera antártica y sus posibles implicaciones geológicas y climáticas.
Además de su valor científico, el Erebus forma parte de la historia trágica de la aviación: en 1979, un vuelo turístico de Air New Zealand se estrelló contra sus laderas debido a un fenómeno de “whiteout”, causando 257 muertes. El accidente marcó profundamente la percepción del riesgo en estas latitudes extremas.
Riesgos ocultos: volcanes y cambio climático en la Antártida

Los investigadores advierten que el cambio climático podría alterar significativamente la actividad volcánica en regiones como la Antártida Occidental. El deshielo progresivo puede afectar la presión de las cámaras magmáticas, haciendo más probable una intensificación de erupciones.
Lejos de ser una teoría lejana, este escenario preocupa por su capacidad de acelerar el retroceso del hielo y elevar aún más el nivel del mar. El monte Erebus y otros volcanes del continente blanco, antes considerados estables, podrían pasar a ser factores activos en la evolución del clima global.