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Ciencia

En 1820, una peste arrasó varios pueblos de España y mató al 78% de los infectados. Dos siglos después, los científicos descubren que no ocurrió como creíamos

La última gran epidemia de peste de Europa occidental mató a miles de personas en Mallorca. Un estudio de antiguos registros médicos revela un patrón de contagio inesperado y explica cómo consiguieron detener la tragedia.
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En mayo de 1820, algo terrible comenzó a suceder en el este de Mallorca. Los vecinos de Son Servera empezaron a enfermar y morir a una velocidad desconcertante. Algunos apenas sobrevivían uno o dos días después de presentar los primeros síntomas. Los médicos observaban impotentes cómo una epidemia se extendía por los pueblos cercanos.

En cuestión de meses, más de 2.400 personas habían muerto en una región que apenas contaba con 7.500 habitantes. En determinados lugares, la letalidad alcanzó el 78%, una cifra extraordinaria incluso para una época en la que todavía no existían los antibióticos. Durante más de dos siglos, aquella tragedia fue considerada uno de los últimos grandes brotes de peste bubónica en Europa occidental. Sin embargo, una investigación acaba de cuestionar esa interpretación.

Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), realizado por investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universitat Oberta de Catalunya, plantea que la enfermedad pudo propagarse principalmente mediante mecanismos relacionados directamente con las personas, y no siguiendo el modelo clásico de ratas y pulgas de roedores.

El descubrimiento cambia la manera de comprender uno de los episodios epidémicos más devastadores de la historia española del siglo XIX.

Un barco procedente de África, una historia sobre un pastor y miles de muertos

En 1820, una peste arrasó varios pueblos de España y mató al 78% de los infectados. Dos siglos después, los científicos descubren que no ocurrió como creíamos
© Centers for Disease Control and Prevention’s Public Health Image Library (PHIL) – Wikimedia.

La historia comienza con una embarcación procedente de Tánger que llegó a las costas de Mallorca en mayo de 1820. Según los testimonios históricos, algunos de sus ocupantes ya estaban enfermos. La tradición popular atribuyó el inicio de la epidemia a un joven pastor que encontró el abrigo de un marinero fallecido y se lo llevó a casa. Aquel relato quedó tan arraigado que Son Servera conserva actualmente un monumento dedicado a esa figura. Pero los investigadores encontraron una explicación más compleja.

El municipio carecía de un puerto donde pudieran atracar grandes barcos, por lo que las mercancías llegaban mediante pequeñas embarcaciones que desembarcaban directamente en la playa. Según explica el Centre de Recerca Matemàtica, los registros históricos apuntan a posibles operaciones de contrabando que habrían facilitado la entrada de personas o materiales contaminados.

La transmisión pudo comenzar mediante el contacto con enfermos o a través de pulgas y piojos asociados a los seres humanos. La evidencia disponible no permite reconstruir con certeza quién introdujo la enfermedad ni cuál fue el primer contagio.

Unos documentos olvidados durante 200 años revelaron algo inquietante

Una científica murió en un laboratorio ruso que investiga la peste negra. El Gobierno asegura que no hay peligro, pero todavía queda una pregunta sin responder
© National Institutes of Health (NIH).

La clave del estudio estaba en antiguos partes sanitarios que registraban diariamente los enfermos, fallecidos y pacientes recuperados. Los investigadores Pere Puig y Joana Maria Pujadas-Mora utilizaron esos documentos para reconstruir matemáticamente la epidemia mediante modelos epidemiológicos bayesianos.

Los resultados revelaron diferencias importantes entre localidades. En Son Servera, el número reproductivo básico estimado fue de aproximadamente 1,3, mientras que en Capdepera se situó alrededor de 1,0. Los períodos infecciosos medios fueron de 2,8 y 2 días, respectivamente. Pero el dato más llamativo fue la letalidad estimada del 78%. Combinada con los testimonios médicos sobre el rápido deterioro de los pacientes, esa cifra sugiere que las formas neumónica y septicémica de la peste pudieron desempeñar un papel mucho mayor del que se pensaba.

La peste neumónica puede transmitirse directamente entre personas mediante gotículas respiratorias. En cambio, la forma septicémica implica una infección generalizada de la sangre y no suele transmitirse directamente por esa vía. Por tanto, los investigadores consideran probable una combinación de mecanismos, incluyendo la transmisión respiratoria y la intervención de ectoparásitos humanos. No han demostrado que todos los contagios fueran directos ni que las ratas nunca participaran de ninguna manera.

Mallorca consiguió detener la epidemia sin saber qué bacteria la provocaba

En 1820, una peste arrasó varios pueblos de España y mató al 78% de los infectados. Dos siglos después, los científicos descubren que no ocurrió como creíamos
© Shutterstock / morgan23.

Existe otro aspecto extraordinario: la tragedia pudo haber sido mucho peor. Las autoridades establecieron cordones sanitarios militares alrededor de Son Servera, Artà, Capdepera y posteriormente Manacor. Restringieron los desplazamientos, interrumpieron intercambios comerciales y separaron a determinadas poblaciones para frenar la propagación.

El resultado fue que decenas de localidades de Mallorca permanecieron fuera del brote. Tal como destaca la Universidad Autónoma de Barcelona, las medidas de aislamiento tuvieron un papel decisivo en la contención, pese a que todavía faltaban décadas para identificar científicamente a Yersinia pestis, la bacteria responsable de la peste.

Los científicos tampoco disponían de los conocimientos actuales sobre microbiología, pero comprendían que limitar el contacto entre comunidades podía reducir los contagios. La investigación, publicada originalmente en agosto de 2026, no cambia la identidad de la bacteria ni demuestra definitivamente una única vía de transmisión. Su importancia está en reconstruir cómo pudo circular utilizando datos que sobrevivieron durante más de dos siglos.

La peste de Mallorca dejó miles de víctimas y una pregunta que permaneció abierta durante generaciones. Ahora sabemos que su historia pudo ser muy distinta de la que nos habían contado.

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