El 13 de marzo de 1989, a las 2:44 de la mañana, la red eléctrica de Quebec colapsó en 92 segundos. Seis millones de personas se quedaron sin luz durante hasta nueve horas. Los transformadores dañados tardaron semanas en reemplazarse. El culpable no fue ninguna falla técnica ni un ciberataque: fue el Sol, con una tormenta geomagnética que en términos de intensidad era solo una fracción de lo que el astro es capaz de generar. Tres veces menor que el Evento Carrington de 1859. Eso es lo que hizo una tormenta de tercer nivel.
Ahora, con el Ciclo Solar 25 en su máximo y el sector eléctrico empezando a emitir bonos para financiar infraestructura de protección, la pregunta que antes era teórica se vuelve urgente: ¿qué pasaría si llegara una de verdad?
Cómo una llamarada solar puede fundir transformadores en tierra

Las llamaradas solares son erupciones de radiación electromagnética que el Sol lanza al espacio. Las más potentes, las de clase X, viajan a la velocidad de la luz y llegan a la Tierra en unos 8 minutos, disrumpiendo comunicaciones de radio y GPS. Pero el peligro principal para la infraestructura eléctrica viene con un retardo: las Eyecciones de Masa Coronal (CME) son nubes de plasma magnetizado que el Sol expulsa durante esas erupciones y que tardan entre 1 y 3 días en alcanzar la Tierra.
Cuando una CME golpea el campo magnético terrestre, genera una tormenta geomagnética que induce corrientes eléctricas en cualquier conductor largo que esté sobre el suelo: oleoductos, cables de comunicación y, sobre todo, las líneas de alta tensión de las redes eléctricas. Esas Corrientes Inducidas Geomagnéticamente (GIC) pueden superar los 100 amperios, el equivalente al servicio eléctrico de una vivienda, circulando por transformadores diseñados para corriente alterna a 50 o 60 Hz. Los transformadores de alta tensión no están preparados para ese tipo de sobrecarga de corriente cuasirecta: se calientan, el aislante se funde y el equipo queda permanentemente dañado.
El problema no es que los transformadores puedan apagarse y encenderse de nuevo: es que se destruyen. Un transformador de alta tensión de gran escala no es un componente que se encuentra en cualquier almacén. Tienen tiempos de fabricación de entre 12 y 18 meses, pesos de cientos de toneladas y costos de millones de dólares por unidad. Según investigaciones publicadas en octubre de 2025, una tormenta de nivel Carrington podría causar apagones que durarían semanas en zonas vulnerables de EE.UU., especialmente el Medio Oeste y el Este, precisamente por la escasez de equipos de repuesto.
2012: la bala que rozó la Tierra y casi nadie notó
El 23 de julio de 2012, el Sol expulsó una de las CME más potentes registradas desde el Evento Carrington de 1859. Según los registros de la NASA, la eyección alcanzó velocidades de más de 2.000 kilómetros por segundo, casi cuatro veces la velocidad típica de una CME. Si hubiera alcanzado la Tierra, los modelos sugieren que podría haber sido comparable en intensidad a la tormenta de 1859.
No lo hizo. La CME pasó a apenas 9 días de distancia de la Tierra en términos de órbita, lo que en el espacio es un margen minúsculo. Nadie lo notó en tiempo real porque el plasma expulsado no viajaba en dirección a nuestro planeta. Fue solo con el análisis posterior de los datos del satélite STEREO-A, que casualmente estaba en la trayectoria correcta para medirla, que los científicos comprendieron la magnitud del evento que acababa de rozarlos.
«Si hubiera alcanzado la Tierra, probablemente habríamos vuelto a la Edad Media», declaró el físico Daniel Baker de la Universidad de Colorado en declaraciones recogidas por NASA en ese momento. La estimación del coste de un impacto equivalente en infraestructura moderna ronda los billones de dólares.
El máximo solar de 2025-2026: más llamaradas que en dos años previos

El contexto actual no invita a la relajación. El Ciclo Solar 25 está en su fase de máximo, y la actividad ha superado consistentemente las proyecciones iniciales de la NASA y la NOAA. En 2025 se registraron más llamaradas de clase X que en los dos años anteriores combinados. Entre el 1 y el 2 de febrero de 2026, la región de manchas solares 4366 generó al menos cuatro llamaradas de clase X en 24 horas, incluida la más potente del año hasta ese momento.
La ESA realizó en 2025 una simulación de respuesta ante una supertormenta solar de nivel Carrington en su centro de control de misiones en Darmstadt, Alemania. El ejercicio modeló tres fases de impacto: radiación X llegando en 8 minutos, partículas de alta energía impactando minutos después, y la CME golpeando el campo magnético terrestre entre 1 y 3 días más tarde. El objetivo fue identificar qué operadores de satélites y redes terrestres tendrían tiempo de proteger sus sistemas, y cuáles no.
Como parte de su preparación, la ESA está desarrollando la misión Vigil, un satélite que monitoreará el Sol desde el punto de Lagrange L5, con lanzamiento previsto para 2031, desde donde podrá detectar erupciones solares antes de que puedan llegar a la Tierra y dar a los operadores tiempo adicional para tomar medidas de protección. Ese margen de advertencia, de horas a días, es la diferencia entre un apagón ordenado y una cascada de daños irreparables en transformadores de alta tensión.
El sector eléctrico empieza a actuar: bonos verdes para proteger redes
Que el sector energético haya comenzado a emitir instrumentos financieros vinculados a la protección de infraestructura eléctrica ante fenómenos de clima espacial es una señal de que la percepción del riesgo está cambiando. Los dispositivos de protección, que incluyen sistemas de bloqueo de corriente continua para transformadores y escudos geomagnéticos para subestaciones críticas, representan inversiones de capital elevadas que se justifican con mayor facilidad cuando los inversores entienden la naturaleza del riesgo que mitigan.
La astronomía.com señaló en su análisis actualizado que el Centro de Predicción del Clima Espacial de la NOAA vigila en tiempo real las erupciones solares que podrían desencadenar tormentas geomagnéticas, y que existe un protocolo de alerta que permite a los operadores de redes eléctricas reducir cargas y desconectar equipos vulnerables antes de que llegue el impacto. El problema es que ese protocolo funciona mejor cuando hay horas de aviso, y con algunas CME el margen puede ser de menos de 24 horas. Para los transformadores de alta tensión que tardan 18 meses en fabricarse, eso no siempre es suficiente para evitar el daño.
El Evento Carrington de 1859 quemó los cables del telégrafo y produjo auroras visibles en el Caribe. La infraestructura de entonces era primitiva comparada con la actual. Como documenta la síntesis de Astronomy.com, cada megavatio de capacidad de generación que añadimos a la red, cada transformador que instalamos, es un punto más de vulnerabilidad ante un fenómeno que el Sol genera de forma impredecible y que en 2012 pasó a nueve días de colisión con la Tierra sin que casi nadie lo supiera.