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La imagen tiene muchos años. Un cromo donde se muestra un partido de la NBA y “algo más” en segundo plano que hasta ahora había pasado desapercibido. La instantánea es en cierto modo la prueba de un homicidio. En ella aparece una pareja de asesinos después de cometer su salvaje crimen.

Los padres de José Enrique Menéndez, un emigrante cubano, lo enviaron en 1960 con 16 años a Estados Unidos para que el pequeño escapara de la Cuba de Castro. Aquel chico se convirtió años después en un reputado contable de Nueva York, para finalmente dar el salto a la discográfica RCA Records.

Por el camino, Menéndez se casó con Mary Louise Andersen, más conocida como Kitty, y tuvieron dos hijos, Lyle y Erik, con apenas tres años de diferencia. José amasó tanto dinero que él y su familia se acabaron mudando a una impresionante mansión de un millón de dólares en Princeton, Nueva Jersey, mientras los pequeños Lyle y Erik asistían a la exclusiva Escuela de Princeton.

En 1986 el padre de familia da un giro a sus negocios y ficha por I.V.E., International Video Entertainment, un distribuidor de video que se convirtió en Live Entertainment, división de la exitosa Carolco Pictures de los 80 (sí, de películas como Rambo o muchas de las más famosas de Schwarzenegger). El trabajo significaba que los Menéndez debían mudarse a Los Ángeles.

Captura de pantalla: La familia Menéndez (YouTube)

Allí, en muy poco tiempo José volvió a labrarse un nombre convirtiéndose en tiempo récord en el ejecutivo más laureado de la compañía. No había pasado ni un año desde el cambio y los Menéndez ya se habían mudado a Beverly Hills, donde José compró una lujosa casa de 5 millones de dólares en Elm Drive, una tranquila calle arbolada que se considera una de las más prestigiosas de la zona.

En cuanto a la casa, no era muy diferente a la del resto del barrio: de estilo mediterráneo, seis habitaciones con techo de tejas rojas, gran patio, piscina, cancha de tenis y una casa de invitados colindante. No en vano, por aquella vivienda habían pasado desde Elton John hasta un príncipe saudí.

La idílica existencia de los Menéndez se completó con el acceso de Lyle a la Universidad de Princeton, y de Erik (el más joven) a la Beverly Hills High, probablemente y en aquel entonces, la escuela más pija de todo Estados Unidos.

El 19 de agosto de 1989, José y Kitty alquilaron un yate y se llevaron a pescar a sus hijos.

Y sin embargo, todo iba a cambiar en la fatídica noche del día siguiente.

“Han disparado a mis padres y los han matado”

Imagen: AP

¡Alguien mató a mis padres! ¡Dispararon y mataron a mis padres!”, grita un joven desesperado por el teléfono. “¿Viste a alguien?”, le responden desde el otro lado. “No sé ... no escuché nada ... simplemente llegamos a casa. ¡Erik! ¡Basta! ¡Aléjate de ellos!”, se oye exclamar a Lyle Menéndez a través de la línea telefónica del 911 poco antes de la medianoche.

Lyle tenía entonces 21 años, y su hermano Erik, 18. Unas horas antes, José y Kitty habían decidido pasar la tarde viendo películas en la espectacular sala de televisión que la mansión tenía en la parte trasera.

Mientras, Lyle y Erik habían ido al cine a ver Batman again, y en algún momento de esa misma tarde, un vecino reportó haber escuchado una larga ráfaga de petardos en el interior de la casa. Cuando Lyle y Erik volvieron del cine se encontraron con la macabra escena.

Kitty y José habían recibido una descarga de catorce disparos de escopeta del calibre doce: cinco en la cabeza y el cuerpo del padre, nueve en el rostro y el cuerpo de la madre, “que los dejó prácticamente irreconocibles como seres humanos”, según contaron testigos presenciales. De hecho, el asesinato fue tan salvaje que las autoridades parecían tener claro el origen mafioso del homicidio.

Poco después, el detective de la policía D. Stewart realizaba una rueda de prensa que emitirían todos los medios estadounidenses en directo:

He visto muchos homicidios, pero nada tan brutal. Sangre, carne, huesos. Sería difícil describir, especialmente a José, como un humano que reconocerías.

La posterior autopsia era casi tan descriptiva como las palabras de Stewart:

Una explosión causó la decapitación explosiva con evisceración del cerebro y deformidad de la cara de José Menéndez. La primera ronda de disparos aparentemente golpeó a Kitty en su pecho, brazo derecho, cadera izquierda y pierna izquierda. Los asesinos luego recargaron y dispararon a la cara, causando múltiples laceraciones del cerebro. Su rostro era irreconocible.

El 24 de agosto de 1989, el día anterior al funeral de la pareja, Lyle se gastó 15.000 dólares en tres relojes Rolex. Luego, sentado junto a la secretaria de su padre, Marzi Eisenberg, en la limusina de la familia, le mostró sus mocasines de cuero y bromeó con ella: “Oye, Marzi, ¿quién dijo que no podía llenar los zapatos de mi padre?”.

Imagen: AP

Finalmente se dirigieron a un partido de tenis tras conseguir entradas para el US Open.

En aquellos días posteriores al asesinato los hermanos se mudaron de la mansión de la familia y se alojaron en una serie de hoteles lujosos antes de alquilar dos apartamentos en Marina Del Rey. Ambas viviendas eran contiguas y tenían un amplio espacio para fiestas y noches de cine con amigos.

Poco después, Erik también compró un Rolex y ropa de lujo, luego perdió miles de dólares apostando, y finalmente decidió renunciar a asistir a UCLA y en su lugar contrató a un entrenador personal de tenis por 60.000 dólares al año con la esperanza de convertirse en profesional.

Decía que practicaba hasta 10 horas al día.

Mientras tanto, Lyle regresó a Princeton, aunque no asistió a clases. En su lugar, se centró en actividades comerciales comprando viviendas en las áreas de Nueva Jersey y Nueva York. También contrató a un equipo de guardaespaldas para que lo acompañaran en sus excursiones de compras, que incluían desde 40.000 dólares en ropa hasta un Porsche de 60.000 dólares.

Imagen: La casa de la familia Menéndez (Google Maps)

También compró un popular restaurante para estudiantes, Chuck’s Spring Street Cafe, por 550.000 dólares. Decía que esperaba convertirlo en una franquicia. “Fue uno de los sueños de mi madre. Buscaba una pequeña cadena de restaurantes para servir comida saludable con un servicio amable”, llegó a comentar Lyle a un periódico universitario.

En realidad, aquel fue el primer negocio bajo el paraguas de una compañía de Lyle llamada Menendez Investment Enterprises. Para ello contrató a dos amigos en Princeton que le ayudaban a supervisar y asesorar sobre sus inversiones.

Los hermanos soñaban desde pequeños con casi todo, desde el éxito deportivo hasta el musical, financiero, e incluso estaban interesados ​​en la política. “Mi hermano quiere ser presidente de Estados Unidos. Yo quiero ser senador y estar con el pueblo de Cuba”, llegó a comentar Erik en alguna entrevista.

Esta etapa donde los hermanos parecían haberse olvidado de la terrible muerte de sus padres, mientras se mantenía abierta la investigación del caso, duró alrededor de seis meses. Durante este tiempo también asistieron a sesiones de terapia con el doctor Jerome Oziel. Sesiones que lo cambiarían todo.

Imagen: Los hermanos en el juicio (AP)

Al parecer, el estrés de aquellos días terminó en una úlcera para Erik, quién en un arrebato de sinceridad le confesó a su terapeuta lo que él y su hermano habían hecho el 20 de agosto: matar a sus padres. Curiosamente, o quizás no tanto, la novia de Oziel escuchó la sesión grabada y fue directamente a la policía.

Lyle fue arrestado el 8 de marzo de 1990 en Beverly Hills. Mientras que Erik, que estaba jugando al tenis en Israel en ese momento, regresó voluntariamente y fue arrestado el 11 de marzo.

Aquello supuso la noticia del año en los medios y televisiones de Estados Unidos. Un juez dictaminó que parte de las grabaciones de las sesiones de terapia de los hermanos eran admisibles como evidencia, algo que sus abogados apelaron.

Imagen: Los hermanos en el juicio (AP)

La batalla por esas cintas se prolongó durante 30 meses, hasta que intervino el Tribunal Supremo de California. Ambos fueron procesados por separado por asesinato ​​el 7 de diciembre de 1992. Sin embargo, no fue hasta el 17 de abril de 1996, con un tercer y último jurado, cuando se encontró a los hermanos culpables.

El proceso había llevado casi siete años.

Y es que los casos iniciales terminaron en juicio nulo debido a un argumento insólito de la defensa: la abogada Leslie Abramson y su equipo sostuvieron que tanto Lyle y como Erik habían sufrido abusos por parte de su padre.

Imagen: Juicio contra los hermanos (AP)

Abramson presentó ante el tribunal una vida de asaltos sexuales implacables desde la infancia hasta el final de la adolescencia de ambos. Según la defensa, los hermanos finalmente se unieron en las semanas previas a los asesinatos para enfrentarse a José y decirle que harían público el abuso y destruirían su reputación si no se detenía. “Temían sus represalias”, argumentaron sus equipos legales, “temían por sus vidas”.

Este fue el argumento de la defensa para intentar explicar cómo el 18 de agosto de 1989, Eric y Lyle compraron escopetas en una cadena de tiendas Big 5 Sporting Goods en San Diego, a más de cien kilómetros de la mansión en Beverly Hills.

El 20 de agosto, irrumpieron en el estudio de su casa y dispararon esas 15 balas a sus padres mientras la pareja veía la televisión en el sofá.

Imagen: AP

Erik dijo que disparó primero, pero al final, Lyle disparó mejor: él fue el que arrojó la bala en la parte posterior de la cabeza de José y apretó el gatillo del golpe mortal en el rostro de Kitty. Luego, los hermanos fueron a un cine y compraron entradas para Batman. Tiraron las armas y se pusieron ropa limpia después de lavarse, antes de regresar a su casa y aparentar descubrir la escena del crimen.

Un relato que era imposible de corroborar porque el presunto villano de la historia (el padre) había muerto.

Si hoy sabemos todos estos detalles es simplemente porque ellos lo confesaron medio año después del asesinato. Sin embargo, todo el lujoso tren de vida que llevaron después de la muerte fue más difícil de corroborar.

Imagen: AP

Tras el veredicto del juicio final, cadena perpetua sin libertad condicional (se libraron de la pena de muerte), los hermanos pasaron a cumplir sus condenas de por vida a kilómetros de distancia. Ambos se casaron mientras estaban entre rejas, Lyle dos veces. Su primera esposa fue una ex modelo y la segunda una editora de revistas convertida en abogada. Mientras, Erik se casó con Tammi Saccoman, una mujer con quien había estado intercambiando cartas durante seis años.

Los hermanos pasaron décadas sin hablarse y durante mucho tiempo su caso dio para cientos de programas y horas de televisión. ¿Estarían en lo cierto y el asesinato fue producto de la explotación y abusos que habían vivido durante su infancia?

Una cosa parecía clara para muchos: la mayoría de lo que se sabía durante ese medio año que pasó entre la muerte de los padres y la detención de los hijos, era información en entredicho, la mayoría por terceros. El presunto desenfreno y gasto descontrolado nada más recibir la noticia de la muerte de sus padres era una verdad a medias, la que ellos dijeron en el juicio (poca información), y la que los conocidos y terceros declararon en el juicio.

Imagen: AP

Esta idea estuvo en tela de juicio muchos años, y Stephen Zerance, un escritor de novela negra, decidió hace unos meses buscar información sobre los hermanos. Zerance buscaba principalmente algún tipo de archivo fotográfico que probara que, efectivamente, durante esos seis meses previos al arresto, los hermanos llevaron a cabo la lista de extravagancias que aparecían en los documentos judiciales. Según ha contado estos días:

Sabía por lo que se había dicho que los hermanos pasaron por una exuberante cantidad de gastos después de recibir el pago del seguro por la muerte de sus padres. Aparentemente compraron muchas cosas: clases de tenis, ropa, negocios, restaurantes, coches.

Un día revisando me di cuenta de que se decía que compraron entradas para los Knicks en el Madison Square Garden.

Imagen: Imagen de los hermanos Menéndez en 2016 (AP)

Y así fue como el instinto del escritor le llevó a buscar archivos de fotos antiguas para probarlo. Sin embargo, al principio no encontró nada. “Cuando vi que la agencia Getty no tenía nada, pensé en algo. Hay tantas tarjetas y cromos basura en eBay sobre la NBA, que igual hay suerte”.

Zerance entonces pasó a buscar tarjetas y cromos en eBay en fechas que abarcaban entre 1989 y 1990, de hecho, compró un montón de paquetes por unos 10 centavos cada uno.

Finalmente, el 12 de agosto del año pasado, 29 años después de que los hermanos Menéndez cometieran los asesinatos, Zerance publicó sus hallazgos en Twitter. Había encontrado un cromo que mostraba la primera evidencia gráfica de la vida que habían llevado esos supuestos niños maltratados.

En la imagen de 1990 aparece en primer plano el jugador de los New York Nicks, Mark Jackson. En un segundo plano a la izquierda, en dos asientos a pie de pista dedicados a celebridades o gente con mucho dinero en la cuenta corriente, estaban los hermanos Menéndez.

Curiosamente, casi nadie se dio cuenta en ese momento. Como en la propia historia de los hermanos, tuvieron que pasar seis meses para que otra persona anónima republicara en reddit los hallazgos de Zerance, lo que acabó propiciando dos historias en la CNN y The Washington Post.

El caso de Eric y Lyle Menéndez es una de las sagas de crímenes reales más famosas de la historia de Estados Unidos. Solo en 2017 se presentaron en la televisión tres grandes recreaciones de lo ocurrido: un documental de dos horas en ABC, una película en la cadena Lifetime, y una miniserie de ocho horas de la NBC protagonizada por la ganadora del premio Emmy Edie Falco como abogada de los hermanos, Leslie Abramson.

En abril del año pasado, casi 30 años después de cometer el asesinato, los hermanos volvieron a encontrarse. Erik se mudó a la misma unidad donde se encuentra su hermano en una prisión del sur de California. [Wikipedia, VanityFair, The Guardian, Slam]

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Miguel Jorge

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