Vista aérea de la isla. Wikimedia Commons

Ocupando un espacio de 2,48 km2 de tamaño, ubicada en el condado de Dukes, Massachusetts, se encuentra una de las islas deshabitadas más extrañas del planeta. Por un lado, es un extraordinario paraje para la vida salvaje. Por el otro, está plagada de bombas y munición sin detonar.

Este pedazo de tierra se llama No Mans Land, y está situado a casi cinco kilómetros de la isla de Martha’s Vineyard. Durante muchas décadas, su uso fue muy diferente al que tiene ahora. En la actualidad, el acceso está prohibido al público y se utiliza como refugio de vida salvaje.

Fotografía de la isla en 1971. Wikimedia Commons

Sin embargo, no siempre fue así. Cuentan los libros de historia que todo comenzó en 1602, cuando la exploración del buque británico Concord, con el capitán Bartholomew Gosnold al mando, llegó a la zona. Gosnold fue el que le dio el nombre a las tierras.

Varios siglos después, entre noviembre de 1942 y mayo de 1944, la Marina de Estados Unidos construyó un campo de aviación en el extremo sur de la isla en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces fue utilizada como campo de tests.

Imagen de un F-111 lanzando bombas Mark 82 durante las prácticas en la isla. Wikimedia Commons

Allí se llevaron a cabo pruebas de bombarderos, quienes lanzaron (entre otros) bombas Mark 82 sobre la zona a modo de práctica. Las Mark 82 eran bombas sin guía, de alta aerodinámica, y parte de la Serie Mark 80 de Estados Unidos. Durante mucho tiempo fue una de las bombas más comunes entre las armas aéreas del planeta.

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El lanzamientos de estas bombas se realizaba en un bombardeo a baja altura, razón por la que los aviones corrían el peligro de dañarse por la explosión o los fragmentos. Por esta razón, llevar a cabo prácticas como las realizadas en No Mans Land fue muy importante para la Marina de Estados Unidos.

Bomba Mark 82. Wikimedia Commons

Durante 53 años la isla tuvo este único cometido. En 1996 el campo de aviación fue abandonado por los militares. A partir de entonces, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre en el país se hizo cargo. Durante tres años trataron de limpiar toda su extensión hasta que en 1998 pasó a convertirse en un refugio de vida salvaje, principalmente de aves migratorias.

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Esta es la curiosa historia de una isla que en la actualidad se dedica a la conservación de la vida animal, la misma que también muestra grandes carteles advirtiendo a los posibles visitantes humanos: la zona contiene bombas que no han sido detonadas. [Wikipedia]