Bajo la superficie de ese mar que refleja la luz del sol hay un mundo extraño, oscuro, a altas presiones que comienza cuando te sumerges a más de 4.000 metros de profundidad. Se trata del ecosistema más grande del planeta Tierra, pero sus habitantes no están equipados como para poder viajar a las regiones de menor presión del mar, más cerca de la superficie, ni a ningún otro lugar donde los científicos pudieran estudiarlos.
Afortunadamente, el equipo de científicos marinos de la embarcación del Schmidt Ocean Institute (R/V) Falkor (too) sí pudo llegar hasta su hábitat con nuevos microscopios, cámaras de profundidad y secuenciación genética a bordo. Según el instituto los investigadores de esta expedición lograron tomar las primeras imágenes en 3D de las estructuras celulares internas de un organismo marino y documentaron la forma en que la arquitectura microbiana de un protista aprovecha su esqueleto de cristal. Entre las nuevas especies el equipo descubrió un nuevo tipo de primo anfípodo de los cangrejos y langostas, un delicado gusano que nada a una velocidad inusual, nueve nuevas especies de medusas y dos gigantescos organismos unicelulares llamados rizarios que se pueden ver a simple vista.
“El océano nunca deja de sorprendernos en cada bolsillo de agua que exploramos”, dijo uno de los científicos principales del Falkor (too), el biólogo molecular John Burns del laboratorio Bigelow de Ciencias Oceánicas de Maine, en declaraciones.

El trabajo conjunto de más de una veintena de científicos e ingenieros de EE.UU., Australia, Brasil y Japón, todos en una misma embarcación, ha multiplicado su capacidad para “construir especímenes digitales rápidamente”, señaló Burns, lo que abre nuevos caminos para “identificar y compartir especies nuevas en los océanos”.
Microscopio Squid
El novedoso microscopio confocal desarrollado en Stanford con el nombre de Squid (Calamar), brinda la posibilidad de tomar imágenes de laboratorio, con escaneos láser 3D e iluminación multicolor fluorescente, entre otras técnicas.
“Eso abre todo un mundo nuevo para la exploración”, le dijo a The Guardian la zoóloga marina Karen Osborn, científica en jefe de la expedición. “Logramos ver células que interactuaban unas con otras, intercambiando material y formando esqueletos. Y lo pudimos hacer en vivo en la embarcación, cuando la posibilidad de ver algo suele tomarnos un par de semanas de tintado y montaje”.
Los especialistas genéticos a bordo del R/V Falkor (too), encabezados por Burns y la bióloga marina de la Universidad de Tohoku Cheryl Ames, secuenciaron genomas de los especímenes recolectados a bordo del barco, sumando así otra ventaja a la velocidad con la que ahora se pueden identificar nuevas especies en aguas profundas.
La “máquina de la gravedad” y el SuBastian
Hace tiempo que los científicos marinos se enfrentan al problema de estudiar especies del mar profundo que mayormente han evolucionado para llegar a tener cuerpos blandos, permeables, prácticamente amorfos que pueden soportar presiones del agua 400 mayores a las de la presión atmosférica a nivel del mar. El equipo del Schmidt Institute logró eludir este problema en pocos días con un vehículo de operación remota (ROV, en inglés) que llamaron SuBastian, y que está equipado con herramientas de medición no invasiva y un microscopio que es una “máquina de la gravedad” que simula el hábitat de la especie.
“Ahora podemos ser testigos de procesos internos en vivo dentro de estos organismos extremos que se han adaptado a soportar inmensa presión y oscuridad”, dijo Manu Prakash, parte de la expedición y quien desarrolló en Stanford la máquina de la gravedad.
El dispositivo, en forma de acuario rodante, simula una distancia vertical infinita de agua similar a las profundidades en las que estas especies se mueven hacia arriba para alimentarse y luego descienden otra vez para descansar.
En tales profundidades el SuBastian usa una herramienta de velocimetría e imágenes llamada Deep PIV que mide la velocidad a la que se mueven las criaturas submarinas y el agua que las rodea, junto a sistemas remotos de captación de imágenes que desarrollaron investigadores de Japón y EE.UU.
“Este fue nuestro tercer viaje en colaboración con este equipo de científicos e ingenieros, para probar y seguir desarrollando este innovador equipamiento para aguas profundas. Es un vistazo hacia el futuro de la ciencia biológica marina”, dijo Jyotika Virmani, que dirige el Schmidt Ocean Institute.