Encontrar un esqueleto de ballena en las profundidades del océano ya es algo excepcional. Encontrar cientos, repartidos durante 1.200 kilómetros y mezclados con fósiles de hace más de cinco millones de años, obliga a hablar de algo completamente distinto: una auténtica necrópolis submarina.
Un equipo internacional liderado por la Academia China de Ciencias ha descubierto en la zona de fractura de Diamantina, en el sureste del océano Índico, la mayor, más profunda y antigua acumulación conocida de restos de cetáceos. Según el estudio publicado en Nature, los esqueletos aparecen entre los 4.616 y los 7.001 metros de profundidad.
Las exploraciones documentaron 476 cetáceos fósiles y cinco “caídas de ballena” modernas, es decir, cadáveres todavía integrados en ecosistemas activos. Los investigadores recorrieron el fondo marino con el sumergible tripulado Fendouzhe, capaz de trabajar a profundidades de hasta 11.000 metros.
Un cementerio tan grande que podría contener millones de esqueletos

La expedición se realizó entre febrero y marzo de 2023. Después del primer hallazgo, el equipo completó 32 inmersiones para cartografiar la distribución de los restos y estudiar los organismos que vivían sobre ellos. En total, registró 485 localizaciones entre fósiles y caídas activas.
La densidad observada llegó a alcanzar los 759,5 restos por kilómetro cuadrado. Si esa concentración se extendiera por buena parte de los aproximadamente 14.400 kilómetros cuadrados del fondo de la zona, la cifra total podría acercarse a los 10 millones de cadáveres. Se trata de una extrapolación, no de un recuento directo, pero da una idea de la escala del hallazgo, explica El País.
Según la Universidad de Pisa, muchos de los restos pertenecen a zifios, también conocidos como ballenas picudas. Estos cetáceos pueden sumergirse a enormes profundidades para buscar alimento y se encuentran entre los mamíferos marinos más difíciles de estudiar.
Entre los ejemplares aparecen especies actuales, como el zifio de Andrews y la ballena de dientes de correa, pero también animales extintos. Uno de ellos era desconocido hasta ahora y ha sido bautizado como Pterocetus diamantinae, en referencia a la propia región submarina, como cuenta National Geographic.
Los huesos más antiguos llevan allí 5,3 millones de años

La datación isotópica indica que las ballenas llevan cayendo en esta zona al menos desde hace 5,3 millones de años, durante el Plioceno temprano. Lo sorprendente no es únicamente su antigüedad, sino que algunos huesos hayan permanecido expuestos sobre el fondo durante periodos tan largos.
La explicación parece estar en una combinación poco habitual de factores. La topografía en forma de V puede canalizar los cadáveres que descienden desde la superficie, mientras que las tasas extremadamente bajas de sedimentación impiden que queden enterrados rápidamente.
Además, muchos huesos están cubiertos por gruesas costras de hierro y manganeso. Según los investigadores, esas incrustaciones refuerzan los restos, los aíslan parcialmente del entorno y favorecen su conservación durante millones de años.
Un cementerio de ballenas que está lleno de vida
La palabra “cementerio” puede sugerir un fondo oscuro y vacío, pero ocurre justo lo contrario. Cuando una ballena muere y su cadáver alcanza el lecho oceánico, aporta durante décadas una enorme cantidad de materia orgánica a un entorno donde el alimento escasea.
El estudio de Nature describe comunidades dominadas por ofiuras, gusanos perforadores de huesos del género Osedax y bivalvos que obtienen energía gracias a bacterias quimiosintéticas. La caída activa más profunda fue hallada a 6.789 metros y estaba formada por tres vértebras de una ballena picuda.
Según National Geographic, los científicos identificaron 35 grupos de animales asociados a estos restos. En una sola carcasa, que ocupaba menos de un metro cuadrado, llegaron a contar 2.840 organismos. De las 21 muestras genéticas analizadas, solo una pudo vincularse con seguridad a una especie ya conocida.
Los autores creen que la sucesión de cadáveres distribuidos durante 1.200 kilómetros podría actuar como un “supercorredor” ecológico. Cada esqueleto funcionaría como una isla de alimento que permite a organismos especializados dispersarse por regiones enormes del océano profundo.
El hallazgo no solo revela dónde terminan millones de años de historia de las ballenas. También demuestra que sus cadáveres siguen moldeando la evolución mucho después de la muerte, convirtiendo uno de los lugares más extremos del planeta en un archivo paleontológico y en un oasis de biodiversidad.