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Ciencia

Encuentran por primera vez rastros de una especie extinta en vómito fosilizado y, contrario a lo que la ciencia creía en un principio, es un pterosaurio

Durante décadas los científicos pensaron que se trataba de los restos de un pez. Estaban equivocados
Por Gayoung Lee Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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Hace unos 110 millones de años, lo que parece haber sido un dinosaurio comió dos pterosaurios y cuatro peces. Por alguna razón, luego los vomitó. Una infrecuente combinación de condiciones geológicas preservó el vómito de ese dinosaurio, que luego los investigadores humanos desenterraron y catalogaron como un conjunto de restos de pescado. Nada especial. 

Hasta que Aline Ghilardi, paleontóloga de la Universidad Federal de Rio Grande do Norte, Brasil, analizó en mayor profundidad el vómito con sus colegas, y vieron que el fósil era demasiado extraño y detallado como para ser pescado y nada más. Sus sospechas estaban en lo cierto, porque el fósil contiene los restos de un pterosaurio completamente nuevo, que constituye la primera especie extinta que se descubre en vómito fosilizado.

El pterosaurio, denominado Bakiribu waridza, tenía “una combinación de mandíbula y dientes que no se presenta en otros pterosaurios conocidos”, le dijo Ghilardi a Gizmodo en un e-mail como autora principal del trabajo publicado recientemente en Scientific Reports. Es la primera vez que se descubre un ctenocasmátido, grupo de pterosaurios de alimentación filtrada, en Brasil o en rocas de esa era, añadió la paleontóloga.

Cómo se fosilizó el vómito

Fosil De Pterosaurio
© Aline Ghilardi

Los bromalitos son infrecuentes, pero existen, al igual que los coprolitos (heces fosilizadas). Se requieren condiciones muy específicas para que el regurgitado sobreviva durante cientos de millones de años, explicó Ghilardi. Ante todo, el vómito tiene que haber quedado rápidamente sepultado en un entorno calmo de baja energía, y el moco que aglutina el material tiene que haberse preservado durante mucho tiempo.

“De otro modo, se destruye a causa de las lluvias, las olas, el viento o los animales de rapiña, o simplemente se va destruyendo solo”, indicó. El material que hay dentro suele estar parcialmente procesado o fragmentado, lo que significa que los paleontólogos necesitan analizar los restos con mucha atención utilizando microscopios.

Determinar de qué son los restos

Pterosaurio
© Julio Lacerda

Además, en este caso los restos del pterosaurio estaban definidos y eran identificables. Ghilardi y sus colegas pronto pudieron identificar lo que parecían ser “los muy peculiares dientes de los pterosaurios ctenocasmátidos”, dijo Ghilardi.

Como estos pterosaurios no abundan en los hallazgos, el equipo dudó antes de publicar su descubrimiento. Ni siquiera habían notado que el fósil era regurgitado aunque notaron que los huesos estaban ubicados de manera inusual. Tras varios análisis que incluyeron las referencias cruzadas con fotos que vieron otros colegas, el equipo decidió investigar el fósil en mayor detalle. Consideraron varias posibilidades sobre los restos, pero cuando consideraron que podía tratarse de un regurgitado que contenía huesos de pterosaurio, “todas las piezas empezaron a encajar”. Ghilardi añadió: “Lo que más me sorprendió fue que un espécimen que no parecía ser notable, contenía algo completamente inesperado”.

La excelente preservación de los huesos también les permitió pintar una imagen detallada de cómo sería un Bakiribu waridza: con mandíbulas alargadas, con muchos dientes largos y delgados, que «echaron luz sobre la trayectoria evolutiva de los pterosaurios de alimentación filtrada”, según indican en su trabajo. Son pterosaurios que atrapaban su alimento de manera similar a la que lo hacen los flamencos de nuestra época. Todavía no han podido identificar qué animal vomitó estos restos.

Se trata de un nuevo “redescubrimiento” de la paleontología, gracias a métodos modernos que revelan nueva información sobre un fósil excavado hace mucho tiempo. Este nuevo pterosaurio, por ejemplo, estuvo durante décadas en el Museo Camara Cascudo del norte de Brasil, hasta que el equipo de Ghilardi decidió analizarlo en mayor profundidad.

“Estos momentos nos recuerdan por qué la paleontología se siente tan mágica”, dijo Ghilardi. “Puede haber descubrimientos extraordinarios ocultos y callados en el cajón de un museo, esperando el momento justo para revelarnos algo nuevo”.

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