El cuerpo habla, pero no siempre sabemos escucharlo. El corazón acelerado, la respiración entrecortada o un nudo en el pecho son mensajes fisiológicos que revelan nuestro mundo emocional. La neurociencia denomina a esta capacidad interocepción, un puente entre lo físico y lo mental. Investigadores de INECO explican cómo este “sexto sentido” puede ayudarnos a identificar, comunicar y modular lo que sentimos, y ofrecen estrategias para entrenarlo en la vida cotidiana.
¿Qué es la interocepción y por qué importa?
La interocepción es la capacidad de registrar lo que ocurre dentro del propio cuerpo: ritmo cardíaco, respiración, tensión muscular o temperatura. Esta sensibilidad interna construye gran parte de nuestra experiencia emocional. Según los especialistas, algunas personas poseen un “cuerpo ruidoso” y perciben fácilmente estas señales, mientras que otras apenas las detectan, lo que influye directamente en cómo experimentan y regulan sus emociones.

La ciencia detrás de las emociones corporales
Investigaciones internacionales, como el proyecto EM-BODY en el que participa la Fundación INECO junto a universidades del Reino Unido, muestran que la interocepción puede determinar la eficacia de los tratamientos en salud mental. Comprender el papel del cuerpo en la gestión de la ansiedad, la depresión o el estrés abre un nuevo camino: la salud mental no depende solo de factores externos, sino también de aprender a escuchar las señales internas.
Cinco recomendaciones prácticas para mejorar la interocepción
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Detenerse y observar: practicar pausas conscientes a lo largo del día para registrar cómo late el corazón, cómo fluye la respiración o qué tensiones aparecen en el cuerpo.
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Nombrar las sensaciones: poner palabras a lo que ocurre internamente (“siento presión en el pecho”, “noto calor en la cara”) ayuda a reconocer emociones subyacentes.
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Respiración guiada: dedicar unos minutos diarios a ejercicios de respiración profunda, que no solo regulan el sistema nervioso, sino que afinan la percepción corporal.
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Movilizar el cuerpo: actividades como yoga, estiramientos o caminatas conscientes potencian la conexión entre movimiento y emociones.
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Diario emocional: anotar sensaciones físicas y estados emocionales permite detectar patrones y facilita modular reacciones ante el estrés o la tristeza.

Ciencia con participación activa
El proyecto EM-BODY se distingue por integrar la experiencia de pacientes, familiares y profesionales en el diseño de sus estudios. Este enfoque reconoce que quienes atraviesan problemáticas de salud mental poseen un conocimiento único, que complementa y enriquece la investigación científica. Eventos como el workshop de participación pública organizado por INECO buscan acercar la ciencia a la sociedad, fortaleciendo el diálogo y la comprensión colectiva sobre la importancia de la interocepción.
Un “sexto sentido” para el bienestar
Aprender a escuchar al cuerpo no es un lujo, sino una herramienta esencial para la salud emocional. Reconocer cómo las sensaciones físicas revelan nuestro estado interno permite anticipar reacciones, comunicar mejor lo que sentimos y modular emociones intensas. La neurociencia confirma que cuidar de este “sexto sentido” es clave para cultivar resiliencia, equilibrio y bienestar duradero.
Fuente: Infobae.