Image: Amazonas (Wikimedia Commons)

¬ŅQu√© se puede hacer por amor? Si hacemos caso a la historia, pr√°cticamente de todo. Esta es precisamente una historia de amor, pero no una cualquiera, probablemente sea una de las m√°s grandes jam√°s contadas. La de una joven que conoci√≥ a un hombre y se embarc√≥ en la odisea de encontrarlo en la zona m√°s inh√≥spita del planeta.

A mediados del S. XVIII, el joven ge√≥grafo Jean Godin des Odonais hab√≠a decidido regresar junto a su familia a su Francia natal. El hombre viv√≠a en Per√ļ desde 1736, cuando lleg√≥ como parte de una peque√Īa expedici√≥n cient√≠fica. Los azares de la vida hicieron que Godin se quedara mucho m√°s de lo esperado. De hecho, all√≠ conoci√≥ a su esposa, Isabel Godin, una joven de una familia aristocr√°tica de la zona con la que tuvo dos hijos (y un tercero en camino).

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En realidad, Jean lleg√≥ a Per√ļ como un joven aprendiz de un peque√Īo equipo de cient√≠ficos franceses a quienes se les hab√≠a otorgado el extra√Īo privilegio de viajar por las tierras coloniales espa√Īolas y portuguesas en Sudam√©rica. Su objetivo era viajar a Per√ļ y realizar mediciones cerca del ecuador que, en comparaci√≥n con los c√°lculos similares realizados en el √Ārtico, resolver√≠an un debate absurdo sobre qu√© tipo de esfera ten√≠a nuestro planeta.

Image: Estatuas de Jean e Isabel (Riobamba)

En cualquier caso, el problema para el investigador con el viaje de vuelta a casa que tenía entre manos era que viajar en aquella época poco tenía que ver con cómo lo hacemos ahora. Realmente era un desafío, y por eso razonó que lo mejor sería que él e Isabel acudieran río abajo hasta la desembocadura del Amazonas para luego encontrar espacio en un barco de regreso a Francia.

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Sin embargo, el investigador sugirió explorar previamente la ruta a lo largo del Amazonas hasta la Guayana Francesa, donde podría examinar mejor las opciones y luego regresar con Isabel y sus hijos cuando lo hubiera resuelto todo. Así, en marzo de 1749, Jean se fue, dejando atrás dos hijos y una esposa embarazada.

Isabel ve√≠a como las semanas se convert√≠an en meses, y los meses en a√Īos, uno, dos, tres‚Ķ as√≠ hasta diez a√Īos. Durante este tiempo, la esposa del investigador no s√≥lo sufri√≥ la completa desaparici√≥n de noticias de su marido, tambi√©n vio como uno a uno, sus tres hijos perec√≠an por culpa de la viruela. La hija de Jean jam√°s lleg√≥ a conocer a su padre.

Image: Isabel Godin (Percy Harrison Fawcett)

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Isabel tenía a su familia para consolarla tímidamente, y siempre pensó que Jean seguiría con vida en alguna zona perdida de ese viaje de reconocimiento que inició solo. Decía, y así quedó registrado en numerosas cartas, que su marido la amaba tanto como ella a él, y que si existía la más mínima posibilidad de que estuviera vivo, el hombre la estaría esperando.

Los diez a√Īos de espera pronto se convirtieron en quince, y fue justo por estas fechas cuando un rayo de luz cambi√≥ su historia. Le llegaron noticias, m√°s bien rumores, de que hab√≠a un bote esper√°ndola en un afluente del Amazonas para que recogerla.

Cuanto más preguntaba por la historia, más quería creer en ella. Al parecer, una extranjera estaba esperando a la esposa de un francés que estaba estacionado en la capital de Cayena, en la Guayana Francesa. Las órdenes de la tripulación eran esperar a que ella los encontrara y luego llevarla por el Amazonas junto su esposo.

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Image: Guayana francesa (Wikimedia Commons)

Por inverosímil que parezca el relato, Isabel lo creyó y estaba decidida a llegar hasta allí para averiguarlo. No sabía en cuál de los muchos afluentes del Amazonas podría haber atracado el barco, si es que existía, así que envió a su sirviente con media docena de indígenas para llevar a cabo una misión de reconocimiento.

Dos a√Īos despu√©s, Isabel recibe la noticia de su sirviente que estaba esperando: efectivamente, hab√≠a un bote esper√°ndola en una misi√≥n jesuita llamada Lagunas. La tripulaci√≥n, con un capit√°n portugu√©s, llevaba cerca de tres a√Īos esperando pacientemente mientras Isabel recib√≠a noticias de su viaje. Quiz√°s m√°s importante que eso, tras dos d√©cadas sin saber de Jean, finalmente recibi√≥ una actualizaci√≥n: cuatro a√Īos antes, en el momento de la partida del barco en el Amazonas, Jean Godin des Odonais estaba vivo aunque, seg√ļn lo que le contaban, muy mal de salud. Adem√°s, no hab√≠a ninguna garant√≠a de que todav√≠a estuviera vivo.

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Sea como fuere, Isabel no dudo ni un instante. Deb√≠a ir a la Guayana Francesa en el barco portugu√©s. La acompa√Īar√≠an sus dos hermanos, Antoine y Eugenio, y su sobrino Joaqu√≠n, que ten√≠a alrededor de once a√Īos. Estar√≠a asistida por cuatro sirvientes junto a 31 personas de varios grupos ind√≠genas para ayudar a navegar y remar las canoas una vez que llegaron al r√≠o. Por √ļltimo, se sumaron tres misteriosos franceses que pidieron regresar a Francia, uno de ellos dec√≠a ser m√©dico.

El 1 de octubre de 1769, Isabel y un s√©quito de 41 personas se embarcaban en la aventura de encontrar a Jean veinte a√Īos despu√©s de su partida.

Un viaje sin retorno

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La primera parte del viaje, a través de la espectacular cordillera, era peligrosa. La ruta estaba resbaladiza y llena de acantilados, y la mayoría de las veces estaba lloviendo. El grupo se apresuró a seguir siguiendo los barrancos de ríos secos. Por su parte, Isabel, aunque acostumbrada a una vida de ocio exclusiva, estaba decidida a no quejarse.

Diez d√≠as despu√©s de iniciarse la aventura, ocurre un hecho extra√Īo. La expedici√≥n deb√≠a llegar a una zona donde recuperar√≠an canoas y suministros, pero mientras m√°s cerca estaban, m√°s silenciosa estaba el √°rea, normalmente habitaba por ind√≠genas. De repente, los 31 ind√≠genas comienzan a correr al bosque y desaparecen. Los otros 11 miembros pronto se dan cuenta de por qu√© los nativos hab√≠an abandonado el viaje: la viruela.

La zona hab√≠a sido devastada por la enfermedad, y los supervivientes hab√≠an prendido fuego al lugar para detener el virus y luego huyeron en las mismas canoas destinadas a Isabel y el resto. Como resultado de ello no hab√≠a nada para Isabel y sus diez compa√Īeros.

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Image: Amazonas (Pixabay)

¬ŅQu√© hicieron? Isabel tom√≥ la iniciativa y dijo que hab√≠a que continuar. Esa noche durmieron en la zona y al d√≠a siguiente envi√≥ a varios hombres del grupo para buscar ayuda. Trajeron a dos nativos que hab√≠an vivido anteriormente en el √°rea, quienes les contaron la historia del brote de viruela. Ambos localizaron una vieja canoa que necesitaba reparaci√≥n, la arreglaron y se ofrecieron a remar para el grupo.

Al tercer d√≠a de navegaci√≥n, los once se despertaron para descubrir que los dos remeros nativos hab√≠an desaparecido. El grupo continu√≥ hasta dar con un nativo en una peque√Īa canoa que los condujo r√≠o abajo. Sin embargo, las cosas volvieron a ponerse feas. Primero con la muerte del ind√≠gena que los estaba ayudando al caer al r√≠o.

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Isabel y los diez acompa√Īantes lograron llevar la canoa a la costa, luego construyeron un refugio y discutieron qu√© podr√≠an hacer a continuaci√≥n. Todav√≠a estaban por lo menos a una semana de viaje en r√≠o desde el asentamiento de Andoas, cerca de Lagunas, donde estaba esperando el barco portugu√©s. Dos de los franceses y el sirviente y mano derecha de Isabel se llevaron la canoa para reconocer el terreno, pensaron que ser√≠a menos probable que se hundiera con menos pasajeros.

Image: Peles

El suministro de alimentos estaba disminuyendo muy r√°pido. Los d√≠as se convirtieron en semanas y no se ve√≠a a los tres miembros regresar con noticias. La jungla estaba justo detr√°s de ellos y segu√≠a siendo un laberinto sin esperanza. Poco despu√©s, el peque√Īo Joaqu√≠n contrae lo que parec√≠a la malaria. Isabel orden√≥ construir una balsa e hicieron un intento de dirigirla r√≠o abajo hacia Andoas.

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La balsa avanzó como pudo hasta que se rompió en varios pedazos con las olas, arrojando a las ocho personas al agua. Todos regresaron a la orilla, pero descubrieron que habían recorrido tan poca distancia que podían caminar fácilmente de regreso al campamento inicial. Además, el sobrino acabó muriendo en los brazos de Isabel.

Cada vez con menos fuerzas, la expedición decidió partir hacia la jungla en un intento por tomar una ruta terrestre más corta hacia Andoas. Sin embargo, no solo los siete se perdieron nada más comenzar, sino que tenían tan poca comida y fuerzas que acabaron cayendo al suelo rendidos al poco de iniciar la ruta.

Image: Pexels

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Totalmente desorientados y d√©biles, el grupo comenz√≥ a delirar, todos parec√≠an tener claro que el final estaba cerca. Una noche, una de las sirvientas de Isabel logr√≥ ponerse en pie. La mujer comenz√≥ a caminar y su perfil se perdi√≥ entre la naturaleza. Nunca m√°s se supo de ella. Otra de las sirvientas falleci√≥ mientras dorm√≠a. Antoine, el hermano de Isabel, falleci√≥ mientras estaba rezando. El tercer franc√©s, el √ļnico que se hab√≠a quedado con el grupo, muri√≥ al d√≠a siguiente, al igual que la tercera sirvienta.

Tan solo quedaban Isabel y su hermano Eugenio, apenas conscientes de lo que estaba ocurriendo a su alrededor. 48 después, la mujer se despertó abruptamente, un terrible hedor a muerte, la del grupo entero, la había sobresaltado de tal forma que su cuerpo moribundo reaccionó con violencia. Isabel se levantó, encontró un cuchillo y se hizo unas sandalias de los zapatos de uno de sus hermanos.

Decidió seguir adelante a pesar de que no tener apenas suministros ni idea de qué camino tomar para encontrar algo que pudiera ayudarla. Pensó que mientras le durara la adrenalina que la había levantado, tenía algo de esperanza.

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Image: Pixabay

Un mes despu√©s de esta escena, a la zona lleg√≥ Joachim, el sirviente de Isabel, con un grupo de ayuda. Al parecer, cuando la expedici√≥n que formaba con los dos franceses lleg√≥ a Andoas, estos √ļltimos se mostraron como unos oportunistas dejando a Joachim solo. Cuando este lleg√≥ al campamento para auxiliar a Isabel, ya era demasiado tarde, o al menos eso crey√≥. En aquella parte de la selva solo hab√≠a cuerpos en descomposici√≥n.

Devastado, Joachim regres√≥ a Andoas con la terrible noticia de que Isabel y la expedici√≥n fallecieron en su intento por llegar a la poblaci√≥n, una noticia que deb√≠an hacer llegar, en √ļltima instancia, a Jean Godin (si es que segu√≠a vivo).

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Sin embargo, en una parte desconocida de la selva, una mujer seguía luchando por su vida, sin apenas ropa encima, cubierta con todo tipo de picaduras y sumida en una inanición que provocó que su esófago se cerrara en contra de la idea de la comida, la mujer seguía aferrándose a la vida y a la firme convicción de encontrar a Jean.

Image: Wikimedia Commons

Y ocurrió un golpe de suerte. Fue al noveno día de su periplo por la selva. Dos hombres y dos mujeres de una tribu nativa se encontraron con la mujer delirando. Los cuatro la rescataron, la alimentaron y le salvaron la vida. Isabel había sobrevivido. Cuando tuvo las fuerzas suficientes, la mujer decidió no dar marcha atrás y dirigirse hasta la Guayana Francesa.

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Antes, su padre la estaba esperando en Lagunas. El hombre había recibido la noticia de la muerte de sus hijos y no tenía nada que perder, así que decidió embarcarse con Isabel. Un viaje cómodo por el Amazonas, sobre todo teniendo en cuenta lo que había vivido hasta entonces, con un final inesperado y de lo más peliculero.

Cuando el barco atrac√≥ en la ciudad de Gurup√°, Isabel se encontr√≥ con Jean Godin des Odonais, su marido desaparecido desde hac√≠a 20 a√Īos. Al parecer, cuando se enter√≥ de que su esposa finalmente bajaba por el Amazonas, el investigador viaj√≥ r√≠o arriba para encontrarse con ella. Seg√ļn escribi√≥ el propio Godin sobre el encuentro:

As√≠ fue que, despu√©s de veinte a√Īos de ausencia, de alarmas, de cruces y desgracias mutuas, me un√≠ a mi querida esposa a la que nunca antes hab√≠a pensado ver. Olvid√© en nuestros abrazos los frutos de nuestro matrimonio, e incluso me alegr√© de que sus muertes tempranas los hubieran salvado del destino que les hab√≠a pasado a sus t√≠os en el bosque de Canelos. Si ellos tambi√©n hubiesen perecido con un estilo similar, su madre nunca habr√≠a sobrevivido a ese espect√°culo dantesco.

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Image: Flickr

¬ŅQu√© hab√≠a ocurrido con Jean? El hombre se hab√≠a quedado atrapado en la ‚Äúburocracia‚ÄĚ de la zona. Sin apenas dinero, incapaz de encontrar un camino de regreso a Per√ļ o incluso enviar un mensaje a su familia, hab√≠a sobrevivido todos esos a√Īos malviviendo y contando la historia de su familia a quien quisiera escucharla, quiz√°s alg√ļn d√≠a llegara a o√≠das de Isabel.

De hecho, esos rumores fueron los que llegaron hasta la mujer que logr√≥ cruzar el Amazonas para encontrarse con su esposo. De los 42 integrantes que comenzaron aquella misi√≥n suicida, solo Isabel sali√≥ de la jungla junto a su marido con rumbo a Francia. Ni siquiera Joaquim o los dos franceses se salvaron anclados en alg√ļn punto de Andoas.

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Al poco tiempo de su regreso a Europa, Jean e Isabel murieron con unos meses de diferencia. Probablemente era la menor de sus preocupaciones. Habían logrado lo imposible, convirtiendo su relato en unas de las historias de amor más apasionantes y épicas que se hayan conocido. [Wikipedia, WhaleOil, PHFawcett, The Lost Lady of the Amazon: The Story of Isabela Godin and Her Epic Journey]