Estados Unidos atraviesa una transformación económica impulsada por la inteligencia artificial. Las grandes compañías tecnológicas están destinando miles de millones de dólares a construir la infraestructura necesaria para desarrollar y ejecutar sus modelos, pero esta inversión está provocando un fenómeno llamativo: los centros de datos se han convertido en uno de los principales motores de la construcción privada.
Mientras otros segmentos del sector inmobiliario registran caídas, las instalaciones destinadas a procesar información y alimentar sistemas de IA continúan multiplicándose.
Los datos muestran hasta qué punto la economía estadounidense comienza a depender de una tecnología cuyo potencial económico todavía está en desarrollo.
Los centros de datos están sosteniendo la construcción en Estados Unidos
Según cifras de la Oficina del Censo estadounidense, el gasto anualizado en construcción de centros de datos pasó de aproximadamente 24.000 millones de dólares en diciembre de 2023 a más de 75.000 millones en julio de 2026.
Esto representa un incremento superior a los 51.000 millones de dólares en menos de tres años.
Durante ese mismo período, la inversión en el resto de las construcciones privadas cayó aproximadamente 120.000 millones de dólares. La diferencia refleja una tendencia importante: mientras disminuye la actividad en viviendas, oficinas y otras instalaciones, las empresas tecnológicas continúan financiando grandes proyectos destinados a la inteligencia artificial.
De hecho, en abril de 2026 el gasto en construcción de centros de datos superó por primera vez al de oficinas tradicionales.
Los centros de datos alcanzaron los 50.700 millones de dólares anualizados, frente a los 43.800 millones correspondientes a edificios de oficinas.

La inteligencia artificial ya representa una parte importante del PIB
El fenómeno no se limita al sector de la construcción. Según datos de Epoch AI, la inversión en centros de datos, hardware y redes relacionadas con la inteligencia artificial equivalía aproximadamente al 0,8% del producto interno bruto estadounidense durante el primer trimestre de 2026.
Esto demuestra que el auge de la IA no solamente está beneficiando a empresas desarrolladoras de software, sino también a fabricantes de equipos, proveedores de energía y compañías constructoras.
La consultora JLL estima que Estados Unidos cuenta con una enorme cartera de proyectos de centros de datos, con una capacidad en desarrollo que alcanza decenas de gigavatios. Sin embargo, esta expansión también genera desafíos, especialmente por la elevada demanda eléctrica, la disponibilidad de trabajadores especializados y las dificultades para obtener permisos de construcción.

¿Qué pasaría si se detuviera el crecimiento de la IA?
La creciente dependencia económica de los centros de datos está despertando preocupación entre algunos especialistas.
Según análisis citados por Deutsche Bank, la inversión empresarial estadounidense ajena a la inteligencia artificial ha mostrado un crecimiento limitado durante los últimos años. Esto significa que una desaceleración importante en el desarrollo de infraestructura tecnológica podría dejar al descubierto la debilidad de otros sectores.
Algunos economistas advierten que una reducción brusca de estas inversiones aumentaría el riesgo de una recesión, especialmente si coincide con un mercado laboral debilitado.
Sin embargo, existe otra perspectiva: sin el enorme consumo de recursos asociado a la IA, los precios de la electricidad y las tasas de interés podrían ser menores, lo que favorecería otras actividades económicas.

El crecimiento tecnológico también plantea nuevos riesgos
La construcción de centros de datos está generando empleo, inversiones y nuevas oportunidades para numerosas industrias estadounidenses. Pero también concentra una parte importante del crecimiento en un grupo reducido de grandes compañías tecnológicas.
Además, estas instalaciones requieren enormes cantidades de electricidad, sistemas de refrigeración y conexiones de alta capacidad, lo que aumenta la presión sobre las redes energéticas y las comunidades donde se construyen.
La gran incógnita es si los ingresos futuros de la inteligencia artificial justificarán las inversiones actuales. Por ahora, Estados Unidos está experimentando un auge de infraestructura tecnológica sin precedentes recientes. El verdadero desafío será determinar si este crecimiento puede sostenerse a largo plazo sin que el resto de la economía dependa cada vez más de él.