Image: Mauro Morandi

A finales de la década de los 80, un tipo llamado Mauro Morandi hizo lo que muchos no se atreven: trató de alcanzar su sueño. En el caso de Mauro, se trataba de llegar a la Polinesia. No lo consiguió, pero como todavía dice, “aquel comienzo me llevó hasta lo que iba a ser mi casa para el resto de la vida”. Esta fue su historia.

¿Por qué la Polinesia? Morandi decía estar agotado de la vida y de la gente, “tenía suficiente de la sociedad”, le dijo a Natonal Geographic, y quería vivir como un lobo solitario en un paraíso imaginado en su cabeza. Así fue como comenzó su aventura en 1989, con 50 años. Salió de su ciudad italiana de Modena con planes de llegar a la otra punta del mundo.

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Image: Spiaggia Rosa (CC)

Sin embargo, terminó amarrando su catamarán en Spiaggia Rosa de Budelli, una de las pocas playas rosadas en el mundo. Con los años, la propiedad de Budelli ha cambiado de manos en numerosas ocasiones. Un refugio seguro para los barcos romanos que cruzaban el estrecho de Bonifacio durante los siglos I y II aC, la isla se convirtió en un bastión estratégico durante la Segunda Guerra Mundial antes de estar bajo el control de los Viggianis, una familia noble italiana que finalmente lo vendió al empresario milanés, Pierino Tizona.

Image: Wikimedia Commons

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En 1984, Budelli pasó a manos de Nuova Gallura SRL, una compañía de bienes raíces suizo-italiana, y cinco años después apareció Morandi. Cuando llegó vio que podía hacer negocio. Había muchos turistas, así que pensó que podría ganar algo de dinero llevándolos por las islas y pagar algo de sus deudas con el banco. Nuova Gallura lo contrató como cuidador de aquel espacio paradisíaco, los turistas podían estar por el día, pero a la noche no podía haber nadie más que él.

Las responsabilidades exactas de Morandi eran algo ambiguas. Se encargaba de despejar los senderos de Budelli y aprender los nombres de sus arbustos, cactus y criaturas marinas. Para mantener su mente ocupada en el calor sofocante del día, se convirtió en un lector compulsivo.

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Al principio, Morandi solía romper su aislamiento dos veces al año para visitar a sus hijas en el centro de Italia. El contrato que tenía era legal, y le aseguraba que a su vuelta a la cabaña todo estuviera igual y funcionando (con energía solar).

Image: Spiaggia Rosa (Mauro Morandi)

En 1991, el Ministerio de Medio Ambiente de Italia declaró la playa rosa de Budelli como un lugar de “alto valor natural”. Para 1999, la playa estaba cerrada para los visitantes por completo. Los turistas aún podían pasear por una pista detrás de la Spiaggia Rosa, pero ya no se les permitía nadar en el océano o tocar la arena.

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Por estas fechas, Morandi enseñaba a los visitantes por qué no podían nadar a lo largo de su playa rosa o hundir sus pies en la arena protegida. Por las mañanas, recogía basura y trozos de madera de las costas de la isla, y pasaba sus tardes elaborando sus descubrimientos en esculturas y muebles.

Image: Spiaggia Rosa (Mauro Morandi)

Sin embargo, en 2011 la isla se puso a la venta. Aquí comenzaron sus problemas. Dos años más tarde Budelli tenía nuevos dueños, aunque finalmente fue asumida por el gobierno e integrada en un parque nacional. La isla pasó a formar parte de la propiedad del Parque Nacional La Maddalena, y el hombre por primera vez sintió que podrían expulsarle en cualquier momento.

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Hace tres años, la forma de vida e ideales de Morandi también cambiaron ligeramente. La tecnología penetró en su paraíso aislado cuando una empresa privada instaló un router inalámbrico cercano para proporcionar acceso a Internet a los turistas que visitaban el parque. “Ni siquiera sabía lo que era un iPad”, comentó entonces, “pero ahora tengo cuentas en Twitter, Facebook e Instagram”.

Image: Spiaggia Rosa (Mauro Morandi)

La principal fuente creativa de Morandi solía ser crear objetos de diseño con troncos de enebro que se lavaban en la playa. Ahora estos han sido reemplazados por la fotografía que “alimenta” a sus cientos de miles de seguidores en las redes sociales, “ahora quiero compartir esta belleza con todas las personas del mundo”.

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Mientras, este hombre que lleva 30 años viviendo en una isla paradisíaca el solo, teme porque cualquier día sea el último en su oasis. Morandi cree que su apoyo abierto a Michael Harte, el banquero que quiso comprar la isla en 2011 y acabó peleado con las autoridades locales, lo puso en una mala posición con las autoridades.

Image: Spiaggia Rosa (Mauro Morandi)

De hecho, estaba seguro de que trataron de echarlo. Hace aproximadamente un año recibió un aviso de desalojo debido a algunas irregularidades en la forma en que se construyó su cabaña antes de su llegada a la isla. “Pero sé cuánto tiempo lleva este tipo de asuntos legales”, dice. “No me iré a ninguna parte”.

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Actualmente, el parque nacional tiene un nuevo presidente que puede cambiar su punto de vista sobre el derecho del cuidador a quedarse. Mientras tanto, el hombre que ha pasado la mayor parte de su vida adulta viviendo allí, junto a algunos de sus seguidores, han iniciado peticiones para respaldar su derecho a vivir en la playa rosada de Budelli. [National Geographic, Travel+Leisure, CNN]