En 1973 suena el tel√©fono en casa de Victor E. Stadter (California). Un periodista del New York Times le hace la siguiente pregunta: ¬ŅPuedes contarme qu√© ocurri√≥ el 18 de agosto de 1971 en la prisi√≥n? La respuesta de Stadter: ‚ÄúAquello fue un trabajo m√°s, llevo haciendo esto m√°s de 20 a√Īos‚ÄĚ.

La pregunta del periodista tenía que ver con una de las fugas más asombrosas de la historia, tanto por el plan, más propio de una película de Hollywood que de una escena real, como por el desenlace, tan surrealista e increíble que todavía hoy muchos se hacen la misma pregunta:

¬ŅC√≥mo puede haber escapado de una prisi√≥n de m√°xima seguridad un hombre acusado de homicidio, y que la fuga acabara convirti√©ndose en ‚Äúlegal‚ÄĚ?

La vida de Kaplan

Joel David Kaplan comenz√≥ a trabajar en el negocio del az√ļcar y la melaza de su difunto y millonario padre despu√©s de servir en la Armada en la Segunda Guerra Mundial. KapIan creci√≥ en Ridgefield, Connecticut, y asisti√≥ al Instituto Militar de Nuevo M√©xico.

‚ÄúUn tipo peculiar‚ÄĚ, contaron en los d√≠as de la fuga muchos allegados. Era un hombre de negocios de Nueva York y sobrino del magnate de la melaza Jacob Merrill Kaplan. Este √ļltimo gan√≥ su fortuna principalmente a trav√©s de operaciones en Cuba y la Rep√ļblica Dominicana.

A√Īos antes de que tuviera lugar la espectacular fuga, el Fondo JM Kaplan se encontr√≥ en una investigaci√≥n del Congreso de Estados Unidos de 1964 como un conducto para canalizar el dinero de la CIA a Sudam√©rica, incluso a trav√©s del Instituto de Investigaci√≥n Internacional encabezado por Norman Thomas, seis veces candidato presidencial para el Partido Socialista de Am√©rica.

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Foto: Jacob Merrill Kaplan y su esposa a finales de la década de los 50 (Alaintruong)

Poco despu√©s, en mayo de 1961, el gobernador de la Rep√ļblica Dominicana, Rafael Trujillo fue asesinado con armas suministradas por la CIA. La agencia justific√≥ su papel con la idea de un ‚Äúcambio‚ÄĚ del gobierno de la Rep√ļblica Dominicana, y ‚Äúcomo un ‚Äė√©xito‚Äô porque ayud√≥ a que pasara de una dictadura totalitaria a una democracia de estilo occidental‚ÄĚ.

Por aquella fechas Joel participaba con frecuencia en actividades a veces cuestionables, tambi√©n se le ve√≠a implicado con la izquierda de M√©xico y Am√©rica Central, trabajando junto a su compa√Īero Luis Vidal Jr (a su vez ahijado de Trujillo).

Vidal era el agente de negocios no oficial de la Rep√ļblica Dominicana mientras Trujillo estuvo en el poder. Al amparo de la American Sucrose Company y la Paint Company of America, el hombre se hab√≠a asociado con Kaplan para operar como comerciantes de armas para la CIA, o al menos eso se dec√≠a.

Vidal era mucho m√°s entusiasta acerca de los tratos encubiertos que Joel, quien los consideraba simplemente un divertimento. Kaplan en ese momento era presidente de la American Sucrose Company y Vidal el tesorero de la compa√Ī√≠a. Aunque en realidad, aquella era una de las muchas conexiones comerciales inusuales que Kaplan ten√≠a.

Otro fue Afratronics Incorporated, dise√Īada para ayudar al desarrollo electr√≥nico e industrial de las nuevas naciones africanas. Ocurre que Afratronics no ten√≠a activos ni instalaciones f√≠sicas, solo una direcci√≥n de correo de Nueva York junto a un ep√≠grafe que enumeraba a cuatro l√≠deres africanos como ‚Äúconsultores de gesti√≥n‚ÄĚ.

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Imagen: Joel David Kaplan con su mujer en 1958 (GoToGround)

Sea como fuere, la vida de Kaplan dio un vuelco cinco meses después de la muerte de Trujillo. En noviembre de 1961 la policía mexicana encontró un cadáver que identificaron como el de Luis Vidal. El cuerpo tenía cuatro disparos en la cabeza y había sido enterrado en una tumba poco profunda.

Vidal hab√≠a desaparecido de un hotel de la Ciudad de M√©xico unos d√≠as antes. Al parecer, y seg√ļn la defensa de Kaplan, una mujer a la que jam√°s hab√≠a visto y que dec√≠a ser la esposa de Vidal lleg√≥ a la morgue para identificar el cuerpo. Un funcionario no identificado del Departamento de Estado de Estados Unidos tambi√©n estuvo presente, alegando que conoc√≠a a Vidal y respaldando la identidad del fallecido.

Aquello fue muy extra√Īo. No import√≥ que el cad√°ver fuera el de un hombre alto, de ojos marrones, con sobrepeso y calvicie, de unos 60 o 70 a√Īos, y que Vidal en cambio fuera m√°s bien bajo, de 30 a√Īos, ojos azules y con una cabeza poblada de cabello.

Tres d√≠as despu√©s de que el cad√°ver fuera encontrado, un hombre que coincid√≠a con la descripci√≥n de Vidal y que aparentemente usaba su pasaporte cruz√≥ la frontera con M√©xico y desapareci√≥ en Guatemala. Cinco a√Īos despu√©s, algunas personas dijeron haberlo visto en La Habana.

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A Joel Kaplan lo arrestaron por el asesinato de Vidal en Espa√Īa y fue extraditado a M√©xico. Despu√©s de un a√Īo en prisi√≥n, fue condenado por ocultar pruebas en el caso, lo que le llev√≥ a una sentencia de un a√Īo. Cuando sali√≥ de la c√°rcel, fue arrestado nuevamente. Le dijeron que, si pagaba 200.000 d√≥lares, podr√≠a salir libre. Si no, ser√≠a acusado de asesinato.

Joel le pregunt√≥ a su t√≠o en Nueva York, Jacob Kaplan, por el dinero. Su t√≠o se neg√≥ a pagar la cifra y los funcionarios mexicanos acusaron a Joel de matar a Vidal. Finalmente, fue juzgado y condenado a 28 a√Īos en la prisi√≥n de Santa Marta Acatitla en el distrito de Iztapalapa de la Ciudad de M√©xico D.F.

La huida de Kaplan

En los siguientes nueves a√Īos Kaplan y sus allegados, con su hermana Judy a la cabeza, intentaron que saliera de la c√°rcel por todos los medios. Una fuente cercana a la familia lleg√≥ a decir que se hab√≠an gastado cientos de miles de d√≥lares en intentos de fuga. Uno de los planes, por ejemplo, consist√≠a en esconder a Kaplan en un cami√≥n de lavander√≠a.

Otro involucró el intento de sobornar al director de la prisión para que lo llevara en su auto personal previo paso a encontrarse con un avión de la familia. Otros consistieron en aparecer con cientos de miles de dólares en la cárcel en un intento por comprar la liberación del heredero millonario.

Nada de esto result√≥. Para los Kaplan hab√≠a gato encerrado. Dec√≠an que normalmente era f√°cil salir de las c√°rceles mexicanas con medios econ√≥micos, ‚Äúpero alguien est√° gastando a√ļn m√°s dinero para mantenerlo tras las rejas‚ÄĚ, dec√≠a Judy.

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Pasados nueve a√Īos, la salud de Kaplan estaba fallando, y los miembros de su familia estaban cada vez m√°s preocupados. Judy cont√≥ a los medios que padec√≠a enfisema, problemas hep√°ticos y ‚Äúotras enfermedades. Puede que sea un vegetal al final de su tiempo en prisi√≥n. Pasa por per√≠odos de profunda depresi√≥n, a veces tiene pensamientos y acciones desesperadas, trata de salir‚ÄĚ.

Para Judy el culpable estaba claro: su tío Jacob Kaplan, quién se hizo con el negocio del padre de Joel cuando este terminó en la cárcel. La hermana, desesperada, acaba dando con un nombre que cambiaría la historia de su hermano: Victor Stadter.

Stadter era un buscavidas. √Čl mismo se anunciaba como ‚Äúempresario y comerciante libre‚ÄĚ, aunque las autoridades de Estados Unidos lo describ√≠an de otra manera: traficante de drogas, armas, mercenario, contrabandista de monos, oro, langostas, lencer√≠a y personas formaban parte de su extenso curr√≠culum.

Judy se reuni√≥ con Stadter y le cont√≥ la historia de su hermano. Stadter no tard√≥ en darse cuenta que aquello le pod√≠a reportar m√°s dinero del que habr√≠a so√Īado. Le pidi√≥ 5.000 d√≥lares a Judy ‚Äúpara gastos de gesti√≥n‚ÄĚ, dinero que consist√≠a √ļnicamente en estudiar la situaci√≥n y ver si era factible. Tal y como Victor le cont√≥ al New York Times:

Lo primero que descubrí fue que obtuvimos documentos firmados donde Vidal había cruzado la frontera tres días después de su muerte. Luego lo rastreamos hasta Cuba. Algo apestaba claramente.

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Luego, Stadter se enter√≥ de la participaci√≥n del Departamento de Estado en la identificaci√≥n del cad√°ver, las conexiones de la CIA en la Fundaci√≥n Kaplan y los 100 millones de d√≥lares que Jacob controlaba mientras su sobrino estaba en prisi√≥n. ‚ÄúSe estaba volviendo m√°s y m√°s interesante‚ÄĚ, cont√≥ Stadter. ‚ÄúCuanto m√°s lo miraba, mejor me parec√≠a. Ten√≠a que hacerlo, as√≠ que regres√© con Judy y le dije: acepto‚ÄĚ.

Imagen: Portada del libro sobre la fuga de Kaplan

Victor probó por primera vez una serie de planes para hacerse con Joel, muchos de los cuales usó en el pasado para liberar a amigos, agentes y otros de las cárceles mexicanas. Sin embargo, a cada intento parecía que los funcionarios de la prisión iban un paso por delante.

Mientras tanto, la vida de Joel parec√≠a apagarse. A todos sus problemas de salud se hab√≠a sumado una seria adicci√≥n al alcohol en los √ļltimos a√Īos. Ten√≠a episodios recurrentes de hepatitis y una infecci√≥n por estafilococos. El tiempo se le acababa.

En el relato ver√≠dico no est√° muy claro a qui√©n se le ocurri√≥ la loca idea del helic√≥ptero. Seg√ļn el libro The 10-second jailbreak; the helicopter escape of Joel David Kaplan, el autor fue el propio Joel, quien lo sugiri√≥ en un momento de desesperaci√≥n. Sin embargo, Stadter siempre asegur√≥ que fue √©l.

Sea como fuere, acab√≥ comprando un helic√≥ptero Bell en Wyoming por 70.000 d√≥lares a Natrona Services, Inc., una compa√Ī√≠a de exploraci√≥n de uranio en Casper, y lo llev√≥ a Houston, lugar que se convirti√≥ en la base de operaciones.

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El helicóptero se redujo a lo esencial, incluso se retiraron las puertas. La prisión estaba a 2.000 metros sobre el nivel del mar, lo que hacía que el aire fuera muy fino y, por lo tanto, peligroso para un helicóptero. Stadter y su equipo pintaron el avión de azul, del mismo color que el helicóptero usado por el fiscal general mexicano.

Luego se entrevistó y convenció a un veterano de Vietnam, Roger Hershner, para que volara el helicóptero. A Joel le comunicaron que debía caminar por la cancha de baloncesto de la prisión durante media hora, sobre las 18:30, cada noche durante tres días a partir del 18 de agosto.

Tambi√©n deb√≠a llevar un peri√≥dico bajo el brazo para que Hershner lo reconociera. Mientras tanto, Kaplan hab√≠a insistido en que su compa√Īero de celda, un falsificador llamado Carlos Contreras Castro, tambi√©n formara parte de la fuga. A Stadter no le hizo gracia, pero Kaplan fue inflexible. Sin Castro, √©l no saldr√≠a de la prisi√≥n.

Hershner y Stadter estudiaron minuciosamente el plan y se dieron cuenta de que ten√≠an unos 30 segundos para sacarlos de all√≠. Los primeros 10 segundos ser√≠an el momento en que los guardias de la prisi√≥n podr√≠an escuchar el acercamiento del helic√≥ptero. Los siguientes 10 ser√≠a el tiempo para que Kaplan y Castro subieran a bordo. Los √ļltimos 10 segundos ser√≠a el tiempo requerido para superar el muro de la prisi√≥n y estar fuera del alcance de los posibles disparos de los guardias.

Finalmente llegó el día. Kaplan y Castro estaban en su lugar a las 18:30 el 18 de agosto de 1971, paseando por la cancha de baloncesto con los periódicos. El resto de los reclusos y la mayoría de los 136 guardias estaban en la cafetería viendo una película, The Altar of Blood.

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Imagen: Kaplan tras su arresto (GoToGround)

A las 18:35, Hershner sobrepas√≥ con el helic√≥ptero el muro y aterriz√≥ en el gran patio trasero de la c√°rcel, sobre la cancha de baloncesto. Los guardias que estaban presentes, seg√ļn Stadter, saludaron: ‚ÄúPensaron que era su jefe por el color del helic√≥ptero, el fiscal general‚ÄĚ. Castro y Kaplan subieron a bordo en cuesti√≥n de segundos y la aeronave se alz√≥ y se alej√≥ dirigi√©ndose hasta el punto donde se iban a encontrar con Stadter y su avi√≥n ligero Cessna 210 en Actopan, M√©xico.

Habían logrado huir sin disparar ni hacer saltar una sola alarma del centro.

Viendo al helic√≥ptero descender, Stadter comenz√≥ a encender sus luces. Hab√≠a un veh√≠culo descapotable estacionado junto al avi√≥n, y Victor orden√≥ a su conductor que tambi√©n encendiera los faros. Hershner vio la se√Īal y detuvo su descenso, tirando del helic√≥pterouna vez m√°s y movi√©ndolo hacia el otro extremo de la pista. All√≠ se instal√≥ a pocos metros de Stadter.

El primero en salir fue Kaplan, quien corri√≥ por la corta distancia entre los dos aviones y se lanz√≥ al Cessna 210. Luego vino su compa√Īero Castro, quien intent√≥ seguir a Kaplan pero fue detenido en la puerta del Cessna por Stadter. Victor le oblig√≥ a montarse en el veh√≠culo. Su viaje con Kaplan terminaba all√≠.

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En el otro extremo de la pista, varios oficiales aeron√°uticos mexicanos observaban con asombro la repentina y ca√≥tica escena. Antes de que pudieran decidir qu√© hacer, el descapotable arranc√≥ y se alej√≥ de ellos, el helic√≥ptero ya estaba despegando, y el Cessna iba directamente hacia ellos comenzando el despegue. En cuesti√≥n de segundos, la pesadilla de casi 10 a√Īos de Joel Kaplan estaba a punto de terminar.

Así fue como Stadter y Kaplan cruzaron la frontera. Cuando estaban a las afueras de Brownsville comunicaron por radio que estaban aterrizando y se identificaron para los funcionarios de aduanas de Estados Unidos. Como Stadter había sido condenado en una ocasión por el Tribunal del Distrito Federal en Brooklyn (por la venta de estupefacientes), dos agentes de aduanas salieron al encuentro del avión para revisarlo.

Poco despu√©s les volvieron a dar luz verde y despegaron con direcci√≥n a San Antonio, Texas. Mientras tanto, Hershner vol√≥ el helic√≥ptero a un lugar cerca del pueblo de Lauro Villar, seg√ļn las autoridades mexicanas. Se mont√≥ en un cami√≥n que pasaba a Matamoros, M√©xico, donde aparentemente cruz√≥ la frontera.

Despu√©s de la fuga, los polic√≠as antidisturbios rodearon la prisi√≥n. El director y decenas de guardias fueron interrogados. Sin embargo, el gobierno mexicano nunca inici√≥ un procedimiento de extradici√≥n contra Kaplan. Tampoco lo hizo el Departamento de Justicia de Estados Unidos, quienes aseguraron que el hombre no aparec√≠a en ninguna b√ļsqueda del FBI.

De hecho, Joel usó en todo momento su propio nombre cuando pasó por la aduana de Estados Unidos. Tanto el helicóptero, que más tarde se encontró abandonado, como el Cessna, los había comprado en Estados Unidos por un coste estimado de 100.000 dólares.

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Kaplan pudo regresar por fin a su país y reclamar la herencia en un fondo fiduciario en la ciudad de Nueva York. De su vida a partir de entonces se sabe muy poco.

En cualquier caso había logrado lo que muy pocos, fugarse de una cárcel donde estaba acusado de homicidio y convertir la huida en legal. Y es que existe una brecha en la ley mexicana con respecto a los escapes de prisión que comentamos hace unos días. Por ejemplo, en Ciudad de México es un delito salir de la cárcel solo si se usa la violencia. Cómo dijo un juez de la Corte Suprema de México:

El deseo básico de libertad está implícito en el interior de todo hombre, así que tratar de escapar nunca puede ser considerado un crimen.

Tanto en México como en otros países como Alemania o Bélgica, si después de una fuga la policía encuentra al recluso, este puede volver a ser enviado de regreso a prisión. Es decir, que escapar sea legal no significa que la sentencia se evapore, solo significa que no puede agregarse una pena por huir.

Además, si cometes otros delitos en el proceso de la fuga también será penado, pero Kaplan, Stadter y Hershner tuvieron muy en cuenta que no debían cometer ni uno solo, tanto en la fuga de la prisión, donde no hubo ni la más mínima violencia, como en el plan posterior (en la aduana dio su nombre real evitando así cargos por ingresar ilegalmente a un país).

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Tras la fuga de película hubo un libro, The 10-Second Jailbreak: The Helicopter Escape of Joel David Kaplan, y una película interpretada por Charles Bronson y Robert Duvall en 1975, Breakout.

Aunque Stadter siempre dijo que la familia Kaplan no le pag√≥ por el rescate de Joel, el millonario se convirti√≥, en esencia, en su banco. Cuando Stadter necesit√≥ dinero para un negocio, a menudo recurr√≠a al hombre cuya vida hab√≠a salvado. ‚ÄúTambi√©n le devolv√≠ el dinero, cada centavo e inter√©s‚ÄĚ, aclar√≥ Stadter en el libro.

Joel David Kaplan muri√≥ en Miami en 1988. Se hab√≠a quedado sordo y su salud se hab√≠a deteriorado mucho. Falleci√≥ solo e inmensamente rico. Su t√≠o Jacob, qui√©n presuntamente le mantuvo preso durante 9 a√Īos, muri√≥ el a√Īo anterior.

Nunca hubo una reconciliación entre ambos. [New York Times, The 10-second jailbreak; the helicopter escape of Joel David Kaplan, Wikipedia, TIME]