Cuando decimos que tenemos ‘una corazonada’ en realidad deberíamos referirnos al sistema digestivo, porque un nuevo trabajo de investigación que se dio a conocer hoy sugiere que nuestros cuerpos pueden percibir y comunicarse con las muchas bacterias que lo tapizan.
El trabajo de investigación publicado el miércoles en Nature estuvo encabezado por científicos de la Universidad Duke. Hallaron que las células nerviosas pueden responder en tiempo real a señales de bacterias del tracto digestivo, que incluyen señales que nos dicen que ya comimos lo suficiente. Los hallazgos sugieren que la relación que tenemos con nuestros vecinos microbianos es aún más compleja de lo que pensábamos, según los investigadores.
Se sabe que los humanos tenemos cinco sentidos básicos (vista, oído, tacto, olfato y gusto). Pero según los autores de este trabajo, hay cada vez más evidencia que apunta a otros sentidos que reaccionan específicamente a señales que provienen de nuestro sistema digestivo. Lo que llamaríamos ‘una corazonada’ digestiva, digamos.
Ya se había descubierto que hay células que tapizan nuestro tracto digestivo y pueden percibir estíulos específicos, comunicándose directamente con células nerviosas cercanas y así, con el cerebro. Son las neurópodas. Así, razonaron que un tipo de estímulo que detectan estas células sería el microbioma del aparato digestivo, miles de millones de bacterias y microbios normalmente inocuos y a menudo beneficiosos que viven dentro de nosotros.
“Ya habíamos hallado que las células neurópodas del intestino delgado perciben y responden rápidamente a los nutrientes”, le dijo a Gizmodo la autora co-líder Maya Kaelberer, neurogastroenteróloga sensorial. “Parecía natural pensar que las células neurópodas del colon pudieran percibir el microbioma digestivo y quisimos investigar cómo lo hacen”.
El equipo se centró en una antigua proteína que se encuentra en la cola o flagelos de muchas bacterias del tracto digestivo y que se conoce como flagelina. Las bacterias del tracto digestivo parecen producir más flagelina cuando comemos, y los investigadores hallaron que las neurópodas pueden detectar la flagelina por medio de un receptor del tipo Toll 5 (TLR5). En experimentos con ratones también mostraron que esta interacción parece ser clave en la regulación de apetito.
¿Qué pasó cuando aumentó el nivel de flagelina?
Cuando los investigadores les dieron a los ratones en ayunas la flagelina directamente a través del colon, por ejemplo, los ratones comían menos de lo habitual. Luego, quitaron ell receptor TLR5 de las neurópodas y repitieron el mismo experimento: ahora los ratones seguían comiendo y aumentando de peso.
Los hallazgos indican que los niveles más elevados de flagelina bacterial actúan como señal en tiempo real para que el cerebro disminuya el apetito. Las neurópodas captan esta señal por medio del receptor TLR5 y rápidamente la transmiten al cerebro por medio el nervio vago. Si la capacidad de las neurópodas para detectar nutrientes pudiese considerarse como un sexto sentido, entonces la detección de los microbios del tracto digestivo bien podría ser un séptimo sentido, según los científicos.
“Descubrimos que nuestro colon tiene un sentido, el sentido neurobiótico”, dijo Kaelberer.
Habrá que seguir investigando para confirmar y e entender mejor cómo funciona este sentido neurobiótico, por supuesto. Pero suponiendo que sea real, el descubrimiento tendría importantes derivaciones científicas y médicas. Algunas afecciones de la salud podrían alterar la comunicación entre las bacterias intestinales, as neurópodas y el cerebro, por ejemplo, lo mismo que nuestras dietas o el ambiente. Tal vez, algún día podamos influir en este sentido para prevenir o tratar esas afecciones.
“Si habitases un mundo donde todo lo que ves es azul – muros azules, suelo azul, computadoras azules, automóviles azules… y luego llegas a casa y ves un melocotón amarillo/anaranjado en tu mesa azul, eso tendría un efecto profundo en tu experiencia. Sabiendo esto ¿podemos hacer que este sentido tenga esa misma experiencia profunda sin el melocotón?”, dijo Kaelberer.
Esto es solo el comienzo del trabajo exploratorio del equipo. Esperan poder descubrir si las neurópodas también pueden detectar señales relacionadas con el sistema inmune. Mientras tanto, agradezco a las bacterias de mi tracto digestivo por ayudarme a poner un freno a mi glotonería cuando llega la hora del postre.