El santo sudario, o sábana santa, de Turín es una antigua tela de lino con la sutil impresión del frente y dorso de un hombre crucificado. Aunque muchos creen que fue la sábana en la que envolvieron a Jesús cuando murió en la década del año 30 DC, los estudios científicos dataron la tela como de entre los años 1260 y 1390 DC, lo que sugiere que proviene de la Edad Media. Ahora, un ingenioso método de estudio con escaneos 3D suma más información a la creencia de que el cuerpo de Jesús – o cualquier otro cuerpo humano – jamás tocó la famosa tela.
Cicero Moraes, diseñador 3D que se especializa en reconstrucción facial 3D digital, se unió al debate utilizando modelos de computadora para simular dos situaciones: envolver a un humano 3D en una sábana de tela (del mismo tamaño que el sudario de Turín), y representar un bajorrelieve de un humano, con el fin de comparar las improntas o patrones de contacto. Los bajorrelieves son figuras talladas en las que la figura emerge apenas del fondo. Moraes quería ver si la figura del santo sudario de Turín se corresponde más con la impronta de un cuerpo humano o con la de un bajorrelieve.
“Los resultados demuestran que el patrón de contacto generado por el modelo de bajorrelieve es más compatible con la imagen del sudario, con menos distorsión anatómica y mayor fidelidad a los contornos observados, en tanto que la proyección de un cuerpo 3D da como resultado una imagen significativamente distorsionada”, escribió Moraes en el trabajo que se publicó a finales del mes pasado en Archaeometry. Moraes es el único autor de este trabajo. Dicho en lenguaje simple: “la imagen del sudario es más consistente con la representación artística de un bajorrelieve que con la impronta directa de un cuerpo humano real, lo que respalda las hipótesis de que su origen es medieval, y que se trata de la obra de un artista”.

La idea original
El trabajo prestó particular atención al “efecto máscara de Agamenón”. El efecto observa el patrón de contacto de la tela envuelta sobre un volumen, como el de un cuerpo, que aparece distorsionada e hinchada si se la presenta en forma plana o estirada. El nombre proviene de la famosa máscara de Agamenón, una máscara funeraria de oro de 3.500 años que descubrió en Grecia Heinrich Schliemann (arqueólogo aficionado conocido por “descubrir” la ciudad de Troya), y que erróneamente identificó como perteneciente al héroe homérico Agamenón.
La máscara, de rostro completo, representa la cara de la persona fallecida y se ve extrañamente ensanchada por la misma razón por la que la impronta de un rostro humano en una tela aparecería ensanchada al ver la tela en forma plana. El sudario de Turín no presenta el efecto de la máscara de Agamenón.
Por otra parte, “la imagen impresa generada de las regiones de contacto en el bajorrelieve muestra gran compatibilidad con lo que se observa en el sudario de Turín, correspondiéndose con sus contornos e incluso considerando que la base no fuera totalmente plana”, explicó Moraes en su trabajo.

La conclusión apoya la teoría de que el sudario nunca envolvió un cuerpo humano (o divino). Más bien, puede haber sido una representación artística, según sugiere, tal vez relacionada con prácticas fúnebres.
“Este trabajo no solo ofrece otra perspectiva sobre el origen de la imagen del sudario de Turín sino que además destaca el potencial de las tecnologías digitales para resolver misterios históricos, entrelazando la ciencia, el arte y la tecnología en la búsqueda reflexiva y colaborativa de respuestas”, concluyó el autor.