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Tecnología

España ya prueba tecnologías capaces de convertir pensamientos en acciones: del habla perdida a exoesqueletos controlados con la mente

Las interfaces cerebro-máquina ya no pertenecen solo a la ciencia ficción. En España, grupos de investigación, hospitales y empresas desarrollan sistemas que permiten escribir sin mover músculos, controlar exoesqueletos con intención mental o mejorar terapias neurológicas con inteligencia artificial.
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La idea parece salida de una película: pensar una acción y que una máquina la ejecute. Pero las interfaces cerebro-máquina ya dejaron de ser una promesa lejana. Estas tecnologías registran señales del cerebro, las procesan con algoritmos y las convierten en comandos capaces de controlar una pantalla, un dispositivo doméstico, una prótesis o incluso un exoesqueleto.

En España, el campo vive un momento de crecimiento. La creación del Centro Nacional de Neurotecnología, Spain Neurotech, liderado por Rafael Yuste, está impulsando un ecosistema que combina neurociencia, ingeniería, medicina e inteligencia artificial. El objetivo no es leer la mente como en la ficción, sino desarrollar herramientas útiles para personas con movilidad o comunicación muy limitada.

Cuando escribir depende solo de mirar y prestar atención

Uno de los avances más sensibles está en la comunicación. Para personas con ELA o síndrome de enclaustramiento, perder la capacidad de hablar o escribir no significa perder la intención de comunicarse. El problema es que el cuerpo deja de responder. Ahí aparecen los sistemas BCI no invasivos basados en electroencefalografía.

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© Magnific

El grupo UMA-BCI de la Universidad de Málaga trabaja con interfaces que detectan señales cerebrales relacionadas con la atención. Utilizan el paradigma P300: el paciente mira un teclado virtual en pantalla y, cuando presta atención a una letra o icono que parpadea, el sistema registra una señal cerebral y la interpreta como una selección. Así puede construir palabras sin depender del movimiento muscular.

La ventaja es que estas herramientas pueden personalizarse. La matriz puede incluir letras, pictogramas o palabras frecuentes para reducir el tiempo de escritura. Además, el mismo enfoque puede ampliarse al control de dispositivos domésticos como una televisión o el aire acondicionado, lo que aumenta la autonomía en casa o en entornos hospitalarios.

Del pensamiento al movimiento

La neurotecnología también empieza a trasladarse del lenguaje al cuerpo. En la Universidad Miguel Hernández de Elche, el BMI Lab, dirigido por José María Azorín, desarrolla sistemas que interpretan señales EEG para activar exoesqueletos y dispositivos robóticos. Uno de sus proyectos más avanzados, ReGAIT, busca que una persona con daño neuromotor pueda iniciar la marcha mediante su intención mental.

La clave está en registrar la actividad cerebral, procesarla con algoritmos y detectar cuándo el usuario quiere iniciar, detener o modificar un movimiento. El equipo también trabaja en señales de error generadas por el propio cerebro, que podrían permitir corregir decisiones de la interfaz en tiempo real cuando el sistema interpreta mal una orden.

Empresas españolas como Bitbrain también están explorando este terreno. La compañía ha participado en proyectos como MoreGrasp, una neuroprótesis de mano controlada por el cerebro, y en Brain-to-Vehicle junto a Nissan, un prototipo capaz de anticipar la intención del conductor de frenar, girar o acelerar mediante señales cerebrales.

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El salto médico ya está más cerca que el uso cotidiano

En neurología clínica, algunos avances están más consolidados. La Clínica Universidad de Navarra fue el primer hospital en España en aplicar estimulación cerebral profunda adaptativa, una técnica que no solo estimula zonas concretas del cerebro, sino que también registra actividad neuronal en tiempo real para ajustar la intensidad de la estimulación. Este enfoque se usa en trastornos del movimiento como Parkinson o temblor esencial.

También avanzan técnicas como los ultrasonidos focalizados de alta intensidad, que permiten actuar sobre zonas muy precisas del cerebro sin cirugía abierta. Son herramientas complejas, pero muestran que la neurotecnología ya está entrando en la práctica clínica real.

El desafío ahora es separar la promesa del exceso de entusiasmo. La UNESCO advierte que la neurotecnología avanza rápido y abre debates éticos sobre privacidad, autonomía y uso responsable de los datos cerebrales. Por eso, el futuro no dependerá solo de crear dispositivos más potentes, sino de garantizar que sean seguros, útiles y accesibles.

La gran revolución no será que una máquina “lea la mente”. Será algo más concreto y más humano: que una persona pueda volver a comunicarse, moverse o recuperar parte de su independencia gracias a una señal que todavía nace en el cerebro.

 

 

Fuente: Sinc.

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