Desde la órbita terrestre, algunos rincones de nuestro planeta revelan secretos que serían invisibles desde el suelo. Uno de ellos ha aparecido recientemente en el mapa: una “mancha blanca” en medio de la sabana africana que ha despertado el interés tanto de astronautas como de geólogos, no solo por su aspecto, sino por lo que podría esconder bajo sus aguas.
Un reflejo que engaña a simple vista
La imagen, tomada en 2024 desde la Estación Espacial Internacional, muestra un resplandor intenso de unos 12 kilómetros de diámetro en el lago Iro, Chad. Aunque desde la Tierra parecería una superficie nevada, en realidad se trata de un destello solar: un fenómeno óptico que ocurre cuando la luz del Sol rebota en el agua con un ángulo tan preciso que genera un brillo plateado visible solo desde el espacio.
Este resplandor también se extiende al río Bahr Salamat, que alimenta al lago y refleja la luz con la misma intensidad. La tripulación de la Estación puede modificar su posición para alinear la cámara y capturar con exactitud este tipo de reflejos, algo que los satélites, con órbitas fijas, no pueden hacer con tanta flexibilidad.
A 2024 astronaut photo shows a rare "sunglint" shining off Lake Iro and a nearby zig-zagging river in Chad. The shimmering bodies of water were likely both shaped by an ancient meteor impact. https://t.co/9k8d5DzHPh
— Live Science (@LiveScience) August 5, 2025
Una posible huella de meteorito
Más allá de su belleza desde el espacio, el lago Iro guarda un misterio geológico. Desde hace décadas, algunos científicos sugieren que se formó sobre un cráter de impacto. En los años ochenta se hallaron cristales antiguos en la zona, indicio de un evento violento.
Un estudio, publicado en 2024, respalda esta hipótesis: la forma circular del lago y la curvatura del río podrían ser consecuencia directa del choque de un meteorito. Además, el nivel del agua varía drásticamente con las estaciones, un comportamiento que coincide con otras formaciones de impacto conocidas. De confirmarse, el lago Iro se convertiría en una de las estructuras de impacto mejor conservadas de África. Para los investigadores, su origen “no puede explicarse fácilmente por otro proceso”, y sugiere una ventana única para entender los eventos cósmicos que han modelado la superficie terrestre.