Durante más de un siglo, la física moderna se apoyó en una idea aparentemente inamovible sobre el modo en que la luz interactúa con la materia. Este principio dio forma a tecnologías, teorías y dispositivos que hoy consideramos esenciales. Sin embargo, un equipo de investigadores ha presentado evidencias que invitan a reconsiderar lo que creíamos saber. Su trabajo no solo cuestiona un fenómeno clásico de la óptica, sino que también abre un escenario inesperado para la ciencia y la ingeniería del futuro.
Un fenómeno histórico que ahora adquiere un matiz inesperado
En el siglo XIX, el llamado Efecto Faraday se convirtió en una de las piedras angulares que conectó luz y magnetismo. El fenómeno describe cómo la polarización de la luz rota al atravesar un material sometido a un campo magnético externo. Este descubrimiento permitió tender puentes conceptuales entre electricidad, magnetismo y óptica, y pronto dio origen a aplicaciones que van desde sistemas de telecomunicaciones hasta métodos de almacenamiento óptico.
La explicación aceptada por la comunidad científica desde 1845 sostenía que esta rotación era causada exclusivamente por el campo eléctrico de la luz actuando sobre las cargas del material. Durante décadas, esta interpretación se consideró suficiente para explicar los distintos comportamientos registrados en laboratorio.

Pero esa narrativa comenzó a cambiar cuando un grupo de investigadores de una reconocida universidad israelí decidió examinar nuevamente, con herramientas modernas, la física detrás del fenómeno. Liderados por Amir Capua y Benjamin Assouline, los científicos aplicaron métodos matemáticos avanzados para analizar un aspecto que había recibido menos atención del esperado: el papel del campo magnético de la propia luz.
Su investigación reveló que, en contra de lo asumido durante casi dos siglos, la luz no se limita a interactuar mediante su componente eléctrico. También ejerce una influencia magnética directa y significativa sobre la materia.
El rol oculto del magnetismo en la luz que pasó desapercibido durante décadas
El equipo utilizó la ecuación de Landau-Lifshitz-Gilbert (LLG), un modelo fundamental para estudiar el comportamiento de los “spins”, pequeñas unidades magnéticas presentes dentro de los materiales. Mediante estos cálculos lograron demostrar que el campo magnético de la luz puede generar una fuerza de torsión similar a la producida por un imán estático, algo que contradecía el enfoque tradicional.
Para validar sus resultados, realizaron experimentos con cristales de Terbium Gallium Garnet (TGG), un material comúnmente usado para medir el Efecto Faraday. Los datos sorprendieron incluso a los propios investigadores: en la luz visible, alrededor del 17% de la rotación de polarización se debe al componente magnético de la luz; en longitudes de onda infrarrojas, ese aporte podría alcanzar hasta el 70%.
El hallazgo implica que la luz establece un “diálogo doble” con la materia, combinando efectos eléctricos y magnéticos que hasta ahora se consideraban secundarios. Esta idea altera la comprensión clásica del fenómeno y obliga a revisar una larga lista de estudios, modelos y aplicaciones construidos sobre el supuesto de que el magnetismo de la luz era despreciable.
Implicaciones tecnológicas que podrían transformar la óptica y la electrónica futura
Más allá del impacto teórico, la investigación abre puertas prácticas en áreas emergentes como la óptica avanzada, la spintrónica y la tecnología cuántica. Estas disciplinas dependen del control preciso de los spins y de la manipulación de propiedades magnéticas a escalas extremadamente pequeñas.
El hecho de que la luz pueda influir directamente en el magnetismo de los materiales permitiría diseñar dispositivos más rápidos, eficientes y con capacidades de almacenamiento superiores. También podría impulsar nuevas técnicas para controlar materiales a nivel cuántico, especialmente aquellas basadas en el giro de los electrones.
Los investigadores sostienen que comprender este componente magnético podría inspirar materiales completamente nuevos y expandir el rango de aplicaciones en telecomunicaciones, láseres y sistemas de información cuántica. En otras palabras, se trata de un avance que no solo revisa los cimientos teóricos de la física moderna, sino que también anticipa tecnologías aún no imaginadas.