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Ciencia

Científicos ya están creando madera viva que brilla sola gracias a hongos bioluminiscentes. El experimento podría transformar la iluminación urbana y reducir parte del consumo energético de las ciudades del futuro

Investigadores suizos lograron desarrollar madera capaz de emitir luz sin electricidad utilizando micelio de hongos luminosos. El sistema, inspirado en especies bioluminiscentes que brillan de forma natural en bosques y selvas, abre la puerta a senderos, mobiliario urbano y espacios públicos que consuman mucha menos energía y reduzcan la contaminación lumínica.
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Durante décadas imaginamos las ciudades del futuro llenas de neones, pantallas gigantes y luces LED ultrapotentes. Pero algunos científicos creen que la verdadera revolución urbana podría ser mucho más extraña… y mucho más viva.

Porque mientras el mundo busca reducir consumo energético y contaminación lumínica, un grupo de investigadores europeos acaba de demostrar algo fascinante: es posible crear madera que brille sola utilizando hongos bioluminiscentes.

Sí, literalmente madera viva que emite luz sin necesidad de electricidad. Y aunque todavía suene experimental, el avance empieza a abrir una posibilidad inesperada: calles, senderos y mobiliario urbano iluminados parcialmente gracias a organismos vivos.

Los hongos llevan años demostrando que son mucho más complejos de lo que imaginábamos

Científicos ya están creando madera viva que brilla sola gracias a hongos bioluminiscentes. El experimento podría transformar la iluminación urbana y reducir parte del consumo energético de las ciudades del futuro
© Pixabay / Sinousxl.

Durante mucho tiempo, los hongos fueron vistos simplemente como organismos asociados a la comida, la humedad o la descomposición. Pero en las últimas décadas el reino Fungi empezó a convertirse en uno de los campos más sorprendentes de la biotecnología moderna.

Hoy sabemos que algunos hongos pueden degradar petróleo, absorber contaminantes tóxicos, participar en tratamientos médicos experimentales e incluso producir materiales sostenibles. Y ahora aparece otra posibilidad todavía más llamativa: generar luz natural.

Aunque muchas personas relacionan la bioluminiscencia con luciérnagas o criaturas marinas de las profundidades, ciertos hongos también poseen esa capacidad desde hace millones de años. De hecho, existen alrededor de 70 a 100 especies conocidas capaces de emitir un brillo verdoso visible en la oscuridad.

El mecanismo que hace brillar a los hongos es el mismo que utilizan criaturas de las profundidades marinas

La clave está en un fenómeno químico llamado bioluminiscencia. El proceso funciona gracias a la interacción entre dos compuestos: luciferina y luciferasa. Cuando ambos reaccionan en presencia de oxígeno, generan luz. Es el mismo principio utilizado por numerosos organismos marinos para atraer presas, comunicarse o defenderse en entornos donde la luz solar nunca llega.

En el caso de los hongos, el brillo suele aparecer en tonos verdes suaves y fantasmales, especialmente visibles en ambientes húmedos y oscuros. Curiosamente, el papel del oxígeno en esta reacción fue identificado hace siglos. En el siglo XVII, el científico Robert Boyle observó que ciertos hongos dejaban de emitir luz cuando se eliminaba el oxígeno de su entorno.

Aquello ayudó a comprender una de las bases químicas de la bioluminiscencia mucho antes de que existiera la biología molecular moderna.

Ahora científicos suizos lograron convertir esa propiedad natural en un material vivo

El avance más reciente llegó desde los Laboratorios Federales Suizos de Ciencia y Tecnología de Materiales (EMPA) y la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL). Los investigadores desarrollaron un sistema para introducir micelio (la estructura vegetativa viva de los hongos) dentro de piezas de madera. Una vez instalado, el hongo coloniza lentamente el material y comienza a crecer en condiciones controladas de humedad y temperatura. Cuando entra en contacto con el oxígeno del aire, aparece la luz.

El resultado es una especie de madera bioiluminada capaz de emitir un brillo autónomo durante días e incluso semanas. En algunos experimentos, la luminosidad logró mantenerse hasta 90 días. Y aunque la intensidad todavía no reemplaza sistemas urbanos tradicionales, el potencial energético es enorme.

La idea no es sustituir toda la iluminación urbana, sino reducir parte del consumo eléctrico

Los investigadores no imaginan ciudades completamente iluminadas por hongos brillantes. Al menos no por ahora. La propuesta es mucho más realista (y quizá más interesante): integrar materiales bioluminiscentes en determinados espacios urbanos para disminuir el gasto energético y reducir contaminación lumínica.

Por ejemplo:

  • senderos peatonales;
  • parques;
  • señalización nocturna;
  • mobiliario urbano;
  • estructuras decorativas;
  • zonas naturales protegidas.

Combinados con sistemas LED de bajo consumo, estos materiales podrían crear espacios urbanos parcialmente iluminados sin depender completamente de electricidad convencional. Y eso tiene implicaciones importantes.

Porque las ciudades modernas consumen cantidades gigantescas de energía simplemente para mantenerse iluminadas durante la noche. A medida que las áreas urbanas crecen, también aumenta la presión sobre las redes eléctricas y el impacto ambiental asociado.

La contaminación lumínica ya es un problema mucho más grave de lo que parece

Científicos ya están creando madera viva que brilla sola gracias a hongos bioluminiscentes. El experimento podría transformar la iluminación urbana y reducir parte del consumo energético de las ciudades del futuro
© Pixabay.

Cuando hablamos de contaminación, la mayoría piensa en humo, plástico o residuos tóxicos. Pero la contaminación lumínica también se convirtió en un problema ambiental serio.

El exceso de iluminación artificial altera ecosistemas, afecta ciclos biológicos de animales nocturnos e incluso modifica patrones de sueño humanos. Además, está borrando lentamente el cielo nocturno. En muchas ciudades del mundo ya resulta casi imposible observar la Vía Láctea debido al resplandor constante generado por edificios, carreteras y anuncios luminosos.

Por eso algunos científicos creen que soluciones bioluminiscentes suaves y de baja intensidad podrían ayudar a recuperar entornos nocturnos menos agresivos visualmente.

Lo más fascinante es que esta tecnología está literalmente viva

Quizá esa sea la parte más extraña de toda la historia. La madera desarrollada por los investigadores no funciona como una lámpara convencional. No almacena electricidad ni utiliza baterías. La luz aparece porque organismos vivos siguen creciendo y realizando reacciones químicas naturales dentro del material.

Es, en cierto modo, una infraestructura biológica. Y aunque todavía queda muchísimo camino antes de ver ciudades bioiluminadas, el experimento deja una idea poderosa sobre la mesa: algunas de las soluciones tecnológicas del futuro podrían no venir de máquinas más complejas, sino de aprender a trabajar con procesos que la naturaleza lleva perfeccionando millones de años.

En este caso, gracias a unos hongos que brillaban silenciosamente mucho antes de que existieran las bombillas.

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