Cuando se trata de buscar lo invisible, los físicos saben que cuanto más grande es el detector, más posibilidades hay de hallar algo. Esa idea llevó al investigador William DeRocco, de la Universidad de Maryland, a plantear una propuesta que roza la ciencia ficción: usar a Ganímedes, la luna más grande del sistema solar, como un gigantesco detector natural de materia oscura.
La materia oscura, que constituye aproximadamente el 85% del universo, no emite ni refleja luz. Sabemos que está ahí por su influencia gravitatoria, pero nunca se la ha visto directamente. Detectarla es uno de los mayores desafíos de la física moderna, y DeRocco cree que Ganímedes podría ser la clave.
Cráteres como huellas invisibles
Según su hipótesis, publicada en un preprint en arXiv, partículas de materia oscura extremadamente masivas habrían impactado en el pasado sobre la superficie helada de Ganímedes. Estos impactos habrían dejado marcas profundas: cráteres singulares acompañados de minerales arrastrados desde los océanos internos de la luna hasta la superficie.
La diferencia con otros experimentos terrestres es que aquí no se trataría de partículas diminutas y difíciles de detectar, sino de candidatos mucho más grandes. Los rastros de estos choques podrían observarse con las sondas espaciales que ya están en camino a Júpiter, como la misión Europa Clipper de la NASA o la JUICE de la ESA.
Incluso, con un radar de penetración de hielo, se podría identificar un “tubo” de hielo derretido atravesando las capas hasta el océano subterráneo, una huella única de un impacto oscuro.
¿Un plan loco o una oportunidad única?
La idea puede sonar descabellada, pero como recuerdan los expertos, la historia de la física está llena de avances que comenzaron como propuestas poco convencionales. El astrofísico Bradley Kavanaugh, de la Universidad de Cantabria, destacó que el planteo es interesante en principio, aunque todavía no existe ninguna evidencia de que partículas tan pesadas de materia oscura realmente existan.
Aun así, tampoco hay pruebas para descartarlo. Y dado que los telescopios y sondas actuales ya se acercan a Ganímedes, la oportunidad de comprobarlo podría estar más cerca de lo que pensamos.
La materia oscura es un rompecabezas cósmico: sabemos que influye en la rotación de las galaxias y en la estructura del universo, pero no podemos verla ni captarla con los detectores actuales. Transformar a Ganímedes en un “detector natural” sería como aprovechar una escala imposible de replicar en la Tierra.
Si la hipótesis de DeRocco se confirma, no solo habríamos identificado un nuevo tipo de partícula, sino que también habríamos demostrado que las lunas y planetas pueden convertirse en aliados silenciosos en la búsqueda de los secretos más profundos del universo.