Esta semana Google anunció que cumpliría con la decisión del gobierno de Trump de cambiar el nombre al Golfo de México por Golfo de América. La hoy presidente de México Claudia Sheinbaum tiene ideas también en términos de nuevas convenciones, si es que Google sigue aceptando pedidos. Según un informe de la BBC, Sheinbaum le escribió una carta a Google pidiéndole a la compañía que, o bien conserve el nombre del golfo, o al menos escuchen los nombres que también tiene para sugerir.
En la carta que envió a Google y presentó durante su conferencia de prensa en la mañana del jueves, Sheinbaum argumentó que el gobierno de Trump no tiene derecho legal a cambiar el nombre del Golfo de México. Según ella la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar solo extiende el territorio soberano de una nación hasta 12 millas náuticas de su costa, así que solo esas 12 millas pueden llamarse “Golfo de América”, pero nada más.
Sheinbaum dijo además que Google no puede torcer el mandato de un país intentando cambiar el nombre de un mar internacional. “Para nosotros sigue siendo el Golfo de México, y para el mundo entero sigue siendo el Golfo de México”, dijo.
Y tiene razón porque aunque Google le cambie el nombre, hasta tanto no aparezca en el Sistema de Información de Nombres Geográficos, que establece los parámetros nacionales para la nomenclatura geográfica, se llamará Golfo de América solo para los estadounidenses que utilicen Google Maps. En México seguirá viéndose como Golfo de México y el resto del mundo verá los dos nombres, según un informe del New York Times.
Otros cambios
La presidente de México decidió presentar sugerencias para que Google cambie algunos nombres. “Vamos a pedir que aparezcan la América Mexicana en el mapa”, en referencia al hecho de que un mapa de 1607 le daba ese nombre a la tierra que hoy conocemos como Estados Unidos (y en ese mapa aparece el Golfo de México también).
Es improbable que Google haga caso, pero su decisión de cumplir con la orden ejecutiva de Trump es señal de que las grandes compañías tecnológicas jugarán del lado del nuevo gobierno. También parece cambiar el aspecto de las fronteras dependiendo de quién sea el que mira el mapa. Es como si cada uno de nosotros pudiera vivir en el mundo que más le gusta, siempre que la tecnología ceda ante su voluntad.