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Graduada con honores y analfabeta: la historia que pone en jaque al sistema educativo

Se graduó con honores y obtuvo una beca universitaria, pero no sabe leer ni escribir. Su historia ha generado un debate sobre la educación pública y las desigualdades que enfrentan los estudiantes con dificultades de aprendizaje. Ahora ha decidido presentar una demanda para exigir respuestas y justicia

Aleysha Ortiz, de 19 años, siempre ha soñado con escribir historias y, quizás, algún día publicar un libro. Sin embargo, alcanzar esa meta será un desafío mayor de lo esperado. Aunque se graduó en junio de 2024 del Hartford Public High School con honores y una beca universitaria, Aleysha es analfabeta. Su caso ha puesto en el centro del debate la calidad de la educación pública y la falta de apoyo para los estudiantes con dificultades de aprendizaje.

Un título que esconde una dura realidad

Para la mayoría de los estudiantes, la graduación es un momento de celebración. Para Aleysha, fue motivo de angustia. Durante 12 años asistió a las escuelas públicas de Hartford sin aprender a leer ni escribir, algo que reveló en una reunión del consejo municipal antes de recibir su diploma.

Según su testimonio, los funcionarios escolares intentaron en el último momento ofrecerle ayuda a cambio de que pospusiera su graduación, pero ella rechazó la oferta. “Ya habían tenido 12 años”, dijo. “Ahora es mi momento”.

Ahora ha demandado a la Junta de Educación de Hartford y a la ciudad, acusándolos de negligencia. También ha incluido en la demanda a su gestora de casos de educación especial, Tilda Santiago, por presunta angustia emocional.

Un sistema educativo desigual

Aleysha Ortiz
© YouTube – Johnnie Walker Dread

El caso de Aleysha no sorprende a expertos en educación. Jesse Turner, director del Centro de Alfabetización de la Universidad Estatal de Connecticut Central, señala que la calidad de la educación especial en Estados Unidos varía según el código postal y la demografía.

En 2019, un informe de EdBuild reveló que los distritos escolares con mayoría de estudiantes no blancos reciben 23.000 millones de dólares menos que aquellos con mayoría blanca. En Hartford, donde el 90 % del alumnado pertenece a minorías, la desigualdad en recursos es evidente.

Turner se pregunta: “¿Realmente nos preocupamos por todos nuestros menores?”.

Aleysha nació en Puerto Rico y desde pequeña mostró signos de dificultades de aprendizaje. Su madre, Carmen Cruz, decidió mudarse a Connecticut con la esperanza de que recibiera mejor apoyo educativo. Sin embargo, los problemas continuaron.

Desde el primer grado, Aleysha tenía dificultades para reconocer letras y números. Al no recibir la atención adecuada, empezó a desarrollar problemas de conducta. En sexto grado, su nivel de lectura era similar al de un niño de primer grado.

En la escuela secundaria, su gestora de casos, Tilda Santiago, supuestamente la acosó y la ridiculizó por sus dificultades de aprendizaje. Según la demanda, Aleysha denunció la situación y Santiago fue retirada de su caso debido a la “relación disfuncional” entre ambas.

No fue hasta su último año cuando algunos profesores sugirieron que se le hiciera una evaluación por dislexia. Apenas un mes antes de su graduación, Aleysha finalmente recibió pruebas que confirmaron lo que había sospechado por años: tenía dislexia, además de otros trastornos previamente diagnosticados, como TDAH y ansiedad.

Sobreviviendo al sistema con tecnología

A pesar de sus dificultades, Aleysha logró ser aceptada en la Universidad de Connecticut. Pero ¿cómo pudo aprobar el instituto sin saber leer ni escribir?

La respuesta está en la tecnología. Aplicaciones de reconocimiento de voz y lectura de texto le permitieron completar sus tareas. Aprendió a grabar las clases, convertir las palabras en texto y luego en audio. Con mucho esfuerzo y dedicación, logró mejorar sus calificaciones, aunque el proceso era agotador.

Mientras otros adolescentes disfrutaban de su tiempo libre, Aleysha pasaba hasta cinco horas diarias descifrando sus tareas. “Las aplicaciones me dieron una voz que nunca pensé que tendría”, dice.

Aleysha Ortiz
© YouTube – Johnnie Walker Dread

Hoy, Aleysha estudia políticas públicas en la Universidad de Connecticut, aunque ha tenido que hacer una pausa por razones de salud mental. La universidad le ha proporcionado apoyo académico, pero el reto sigue siendo enorme.

A pesar de todo, su lucha no ha terminado. Ha decidido demandar al sistema educativo no solo para obtener justicia por su caso, sino para evitar que otros estudiantes enfrenten la misma situación.

“Los directores de las escuelas no saben lo que hacen y no les importa”, afirma. Su madre, Carmen Cruz, respalda la demanda con la esperanza de que otras familias no tengan que vivir la misma experiencia.

¿Quién debe rendir cuentas?

El caso de Aleysha cobra aún más relevancia en un contexto en el que algunos políticos, incluido el expresidente Donald Trump, han propuesto eliminar el Departamento de Educación federal, dejando la financiación en manos de cada estado.

Expertos como Turner advierten que esto agravaría la desigualdad, ya que no todos los estados garantizan una educación justa para los niños con necesidades especiales.

Aleysha, por su parte, tiene claro que su lucha no es solo por ella. “Me quitaron la oportunidad de aprender. Ahora estoy en la universidad y quiero aprovecharla. Porque esta es mi educación”, concluye.

[Fuente: CNN en Español]

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