La escena que millones esperaban se ha producido: el humo blanco ha vuelto a ascender sobre el cielo romano. Es oficial: hay un nuevo Papa. Pero, por ahora, ni fieles ni periodistas conocen su nombre. La Plaza de San Pedro está llena de emoción, y el mundo entero contiene la respiración a la espera de que el balcón del Vaticano revele el rostro del nuevo líder de los católicos.
El humo que cambió la historia

A las 18:08 hora local, el característico humo blanco salió de la chimenea de la Capilla Sixtina, señal de que los 133 cardenales reunidos en cónclave han alcanzado un acuerdo. La elección del 267º Papa de la Iglesia Católica se ha producido en tiempo récord, apenas en la segunda jornada de votaciones, lo que sugiere una figura de consenso entre los purpurados.
La Plaza de San Pedro estalló en aplausos. Las campanas de la Basílica retumbaron, marcando un hito en la historia de la Iglesia.
¿Y ahora qué? El protocolo tras la elección
Tras la fumata blanca, el nuevo Papa es llevado al llamado “Cuarto de las Lágrimas”, donde medita y se viste por primera vez con la sotana blanca. Luego, el cardenal protodiácono –en este caso, Dominique Mamberti– será el encargado de pronunciar la fórmula “Habemus Papam” desde el balcón central de la Basílica.
Allí, ante miles de fieles y millones de espectadores en todo el mundo, revelará el nombre del cardenal elegido y el nombre pontificio que adoptará. Minutos después, el nuevo Papa aparecerá por primera vez y ofrecerá su bendición “Urbi et Orbi”.
La identidad, aún en secreto
Aunque se ha especulado con nombres como Pietro Parolin, Luis Antonio Tagle, Christoph Schönborn o Jean-Claude Hollerich, por ahora todo son conjeturas. El secreto del cónclave se mantiene férreo, y el suspense se respira tanto en Roma como en las redes sociales.
El anuncio podría darse en cualquier momento. Y cuando eso ocurra, será un momento histórico para la Iglesia Católica, que inicia una nueva etapa tras el pontificado del Papa Francisco, fallecido el pasado 21 de abril.