Imagen: VG Noruega

Ayer contábamos cómo un grupo de pescadores se encontró frente a las costas de Noruega a una pequeña ballena blanca domesticada portando un extraño arnés que indicaba su procedencia rusa. La noticia, aunque sorprendente, no es insólita. Algo muy parecido ocurrió en 1990 en aguas turcas.

Según comentaba ayer el profesor de la Universidad del Ártico noruego en Tromsø (UiT), Audun Rikardsen, el conjunto de cinchas parecía destinado a instalar una cámara o algún tipo de equipamiento. Para Jørgen Wiig, biólogo marino e Inspector de la Dirección del Servicio Marítimo de Pesca de Noruega, existe la posibilidad de que la beluga haya formado parte de algún experimento de tipo militar y haya escapado de alguna forma.

Para encontrar una posible explicación habría que retroceder a la década de los 80, momento en que la marina rusa abrió un programa de investigación que buscaba entrenar mamíferos marinos como delfines y belugas con fines militares. La extraordinaria inteligencia de estos animales hace que sea posible entrenarlos para localizar objetos o explorar.

Imagen: Arnés de la ballena encontrada esta semana (VG Noruega)

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Hace unas horas, LiveScience arrojaba algo más de luz sobre los acontecimientos. A la ballena encontrada estos días se sumaba otro extraño caso ocurrido a comienzos de 1990. Según le contó al medio Pierre Béland, científico investigador en biología marina en el Instituto Nacional de Ecotoxicología de San Lorenzo en Montreal, él mismo recibió una llamada de funcionarios del gobierno en Turquía preguntando si era normal que una ballena beluga estuviera en el Mar Negro.

“Dije: No, en absoluto. Estos animales viven en el Ártico y no suelen encontrarse en aguas más cálidas”, explicaba a LiveScience.

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Tras la llamada, Béland voló a Turquía. Allí vio a la ballena con sus propios ojos, nadando en la costa norte del país. “Fue domesticada, venía a nosotros y podía darle pescado y una palmada en la cabeza”, recordaba Béland. Además, también notó algo curioso: la ballena no tenía dientes. Según el investigador:

Resultó que la beluga venía de una instalación naval en el lado ruso en Crimea. Supusimos que habían eliminado sus dientes para que pudiera llevar un objeto grande en su boca, como una mina magnética que podría pegarse en el casco de un barco extranjero con fines militares.

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Beluga Blanca
Imagen: Greg5030 (CC BY-SA 3.0)

El investigador explicaba que, tras una tormenta, el animal había roto una red en dicha instalación naval, permitiendo así que escapara. Sin embargo, cuando los rusos se enteraron, estacionaron su barco en aguas internacionales y alguien, presumiblemente el entrenador de la ballena, pudo recogerla.

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Un año más tarde, la ballena escapó nuevamente a aguas turcas. Para entonces, el animal contaba con una legión de fans en Turquía. “Pero, una vez más, los rusos regresaron y recolectaron el mamífero, y nunca lo volví a ver”, explica Béland.

Lo cierto es que los rusos no son los únicos que han puesto en práctica algún tipo de entrenamiento “militar” sobre estos animales. Cuenta Béland que la propia Armada de Estados Unidos ha estudiado las ballenas beluga, aunque con el propósito de aprender cómo el sonar del animal podría ayudar a los científicos a mejorar el sonar en los submarinos.

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Imagen: Distribución circumpolar de poblaciones de beluga que muestra las principales subpoblaciones

Además, el investigador señala que las ballenas cuentan con un rasgo que las hace objetivos sensiblemente más fáciles de entrenar que, por ejemplo, los delfines:

Los delfines son como un niño de 3 años, no tienen una capacidad de atención muy larga, son temperamentales. Mientras que las belugas son más tranquilas. Tomemos el hogar helado de la beluga en el Ártico. Si hubiera un delfín y una beluga atrapados bajo el hielo, ambos necesitarían encontrar un área libre de hielo donde pudieran emerger para respirar.

Los delfines irían en una dirección y encontrarían que no hay mar abierto y regresarían y se pondrían frenéticos, pero las ballenas beluga han aprendido a través de la selección o la evolución a sentarse y escuchar, enviar sonidos a la izquierda y a la derecha y descubrir dónde está el mar abierto más cercano y luego ir allí.

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Quizás por esta razón en Rusia no han dejado de entrenar a estos animales. Incluso después de que el programa que se inició en los 80 se cerrara, al menos oficialmente, a comienzos de los 90. [LiveScience]