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Ciencia

Hace 400 millones de años existieron gigantes que no eran ni plantas ni hongos sino algo totalmente desconocido. Un nuevo estudio acaba de demostrar que pertenecían a un linaje perdido

Mucho antes de los árboles y los bosques, enormes estructuras de hasta ocho metros dominaban los paisajes terrestres primitivos. Durante más de 160 años nadie supo qué eran exactamente. Ahora, un nuevo análisis de fósiles excepcionalmente conservados sugiere que aquellos colosos no pertenecían a ningún grupo vivo conocido.
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Cuando pensamos en la Tierra de hace cientos de millones de años solemos imaginar un mundo bajo, húmedo y casi plano, cubierto por musgos diminutos y plantas primitivas pegadas al suelo. Sin embargo, ese paisaje temprano fue mucho más extraño de lo que parece. Antes de que existieran los árboles, ya había estructuras que alcanzaban la altura de un edificio de tres pisos.

Durante millones de años, esos gigantes dominaron los ecosistemas terrestres sin que nadie supiera exactamente qué eran. No tenían hojas, ni ramas, ni raíces reconocibles. Tampoco parecían animales. Eran los prototaxites, uno de los grandes enigmas de la paleontología.

Más de un siglo después de su descubrimiento, según publicaron en Science Advances, la ciencia acaba de aceptar algo inquietante: puede que no fueran ni plantas ni hongos, sino los restos de un linaje completamente desaparecido de la historia de la vida.

Los colosos de un mundo sin árboles

Hace 400 millones de años existieron gigantes que no eran ni plantas ni hongos. Un nuevo estudio acaba de demostrar que pertenecían a un linaje perdido
© Science Advances.

Los prototaxites aparecieron hace unos 400 millones de años, durante el Devónico temprano, una época en la que la vida terrestre daba apenas sus primeros pasos fuera del agua. Las plantas más altas no superaban unos pocos centímetros y los animales terrestres complejos aún no existían.

En ese contexto, estos organismos se alzaban hasta ocho metros de altura, con cuerpos cilíndricos parecidos a troncos gigantes. Su tamaño los convirtió en las estructuras vivas más grandes del planeta, visibles desde largas distancias y capaces de modificar el microclima del entorno.

Durante décadas fueron considerados una rareza aislada. Hoy se sabe que eran abundantes y dominaban grandes extensiones del planeta.

Un misterio abierto desde el siglo XIX

El desconcierto comenzó en la década de 1850, cuando el geólogo canadiense John William Dawson encontró los primeros fósiles en la bahía de Gaspé. Convencido de que había descubierto restos de árboles primitivos, los describió como la “primera conífera” conocida.

El problema era evidente: en aquel momento de la historia de la Tierra los árboles aún no existían.

Aun así, el nombre Prototaxites quedó fijado, y con él se inició uno de los debates más largos de la paleontología. A lo largo de los años, estos fósiles fueron interpretados como algas gigantes, plantas fallidas, esteras enrolladas de musgos, líquenes colosales y, finalmente, hongos gigantes.

Durante décadas, esta última explicación pareció la más razonable.

El “Godzilla de los hongos” que no encajaba del todo

Hace 400 millones de años existieron gigantes que no eran ni plantas ni hongos. Un nuevo estudio acaba de demostrar que pertenecían a un linaje perdido
© Science Advances.

A comienzos del siglo XXI, estudios isotópicos indicaron que los prototaxites no realizaban fotosíntesis, sino que se alimentaban de materia orgánica del entorno. Ese comportamiento coincidía con el de los hongos modernos, reforzando la idea de que se trataba de hongos de tamaño descomunal.

La imagen era irresistible: el “Godzilla de los hongos” caminando —figuradamente— por la Tierra primitiva. Pero algo seguía sin cuadrar.

Su anatomía interna no se parecía del todo a la de ningún hongo conocido. Y nadie lograba explicar cómo un organismo así había crecido tanto… ni por qué desapareció por completo.

El fósil que obligó a replantearlo todo

El nuevo giro llega desde Escocia. Un equipo liderado por la Universidad de Edimburgo analizó fósiles de Prototaxites taiti excepcionalmente bien conservados en el famoso sílex de Rhynie, uno de los yacimientos más extraordinarios del mundo.

Formado cerca del ecuador hace 400 millones de años, este entorno volcánico preservó plantas, hongos, animales diminutos y microorganismos con un nivel de detalle microscópico.

Entre ellos apareció una masa grisácea que nadie supo identificar a primera vista. Cuando los investigadores la observaron con microscopía avanzada, el misterio se hizo aún mayor.

Una anatomía nunca antes vista

En el interior del fósil apareció una compleja red de tubos entrelazados de diferentes tamaños y formas. Algunos eran finos y ramificados; otros, gruesos y curvos. Varias paredes mostraban patrones bandeados que no coincidían con los de ningún organismo actual.

No eran hifas fúngicas normales. No eran tejidos vegetales. No eran estructuras animales. Como resumió uno de los autores del estudio: “En toda la literatura sobre anatomía fúngica no existe nada parecido”.

La química confirmó la sospecha

Hace 400 millones de años existieron gigantes que no eran ni plantas ni hongos. Un nuevo estudio acaba de demostrar que pertenecían a un linaje perdido
© Science Advances.

El análisis químico fue aún más contundente. Los científicos buscaron rastros de quitina, el componente fundamental de las paredes celulares de los hongos. No encontraron ninguno. El contraste fue claro: otros hongos preservados en el mismo yacimiento sí mostraban señales químicas inequívocas de quitina y glucano.

Para reforzar el resultado, el equipo utilizó técnicas de aprendizaje automático que compararon la huella molecular del fósil con la de plantas, hongos y otros eucariotas conocidos. El algoritmo fue tajante: no coincidía con ningún grupo vivo.

Un linaje borrado del árbol de la vida

Ante la acumulación de evidencias, la conclusión fue inevitable. Los prototaxites no eran plantas primitivas, ni hongos gigantes, ni líquenes extraordinarios. Eran algo completamente distinto.

Un linaje independiente de eucariotas que prosperó durante millones de años y luego desapareció sin dejar descendientes reconocibles. Una rama entera del árbol de la vida que se extinguió por completo.

Un pasado mucho más extraño de lo que creíamos

Durante décadas, la evolución terrestre se explicó como una progresión ordenada hacia los grupos actuales. El caso de los prototaxites recuerda que no fue así. El pasado estuvo lleno de experimentos biológicos que no sobrevivieron al paso del tiempo.

Estos gigantes silenciosos moldearon los primeros ecosistemas terrestres, alteraron la humedad del suelo, la circulación de nutrientes y la distribución de la vida… y luego se desvanecieron.

Hoy solo quedan sus fósiles. Y una lección incómoda: la historia de la vida en la Tierra fue mucho más diversa, extraña e impredecible de lo que permiten nuestras categorías modernas.

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