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Ciencia

Hace 780.000 años los homininos ya elegían piedras distintas según la herramienta que querían fabricar, y la geoquímica acaba de probarlo

Un estudio publicado en Scientific Reports trazó la huella geoquímica de cientos de herramientas de piedra del yacimiento israelí de Gesher Benot Ya'aqov y descubrió que los homininos del Pleistoceno Medio usaban fuentes de basalto distintas según si fabricaban hachas, cuchillas o núcleos. El patrón se repite en varios horizontes arqueológicos separados por miles de años, lo que implica una tradición cultural transmitida entre generaciones
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Hace 780.000 años, en la orilla de un lago prehistórico en el actual valle del Jordán, un grupo de homininos recogía bloques de roca volcánica. No cogían la primera piedra que encontraban. Seleccionaban. Evaluaban el grosor del estrato, la densidad del material, la morfología de la losa. Y según la herramienta que necesitaban fabricar, se dirigían a un afloramiento u a otro.

Ese comportamiento, intuido desde hace tiempo por los arqueólogos a partir de las características físicas de los artefactos, acaba de ser demostrado por primera vez con evidencia geoquímica directa. Un estudio publicado en Scientific Reports por investigadores del Servicio Geológico de Israel y la Universidad Hebrea de Jerusalén trazó la huella química de los basaltos del yacimiento de Gesher Benot Ya’aqov y los comparó con la composición de los artefactos hallados en sus distintas capas arqueológicas. Lo que encontraron reescribe lo que se sabía sobre la planificación cognitiva de los homininos achelenses.

Un yacimiento conservado bajo una falla activa

Gesher Benot Ya'aqov
© By Wilson44691 – Own work, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6873799

Gesher Benot Ya’aqov es uno de los sitios arqueológicos del Pleistoceno Medio más ricos del mundo. Situado en el segmento norte de la Falla del Mar Muerto (una de las zonas tectónicamente más activas del planeta), el yacimiento preserva evidencias de ocupaciones repetidas a lo largo de decenas de miles de años: uso del fuego, consumo de pescado, procesamiento de plantas y fabricación de herramientas de piedra elaboradas. La inestabilidad geológica de la región ha enterrado o destruido muchos de los afloramientos de basalto que los homininos tenían a su disposición, lo que hacía especialmente difícil rastrear de dónde provenía la roca que usaban.

Para sortear ese obstáculo, el equipo formado por Tzahi Golan y Yoav Ben Dor (Servicio Geológico de Israel) y Naama Goren-Inbar (Universidad Hebrea de Jerusalén) combinó el análisis de ocho afloramientos superficiales visibles hoy en un radio de unos 10 kilómetros con muestras extraídas del sondeo Eshel Ya’aqov: una perforación de 121,5 metros realizada en el propio yacimiento que conserva un registro continuo de coladas volcánicas sepultadas bajo los sedimentos. Esas capas subterráneas resultaron ser clave para entender las opciones que tenían los homininos hace casi 800.000 años.

La huella química de cada herramienta

Herramientas De Piedra
© Anna Khromova – Unsplash

El método central del estudio fue la geoquímica de alta resolución: análisis de elementos mayores, elementos traza, tierras raras y estadística multivariante aplicados tanto a los artefactos como a las muestras geológicas. Cada depósito de basalto tiene una composición química propia, una especie de huella dactilar mineral que lo distingue de otras coladas volcánicas cercanas. Al comparar esas huellas con las de los artefactos, los investigadores pudieron asignar a cada herramienta su cantera de origen probable.

Los resultados, tal como los describe Discover Magazine en su cobertura del estudio, mostraron un patrón claro y no aleatorio. La mayoría de los artefactos proviene de fuentes situadas a menos de 1 kilómetro del yacimiento, lo que indica que los homininos preferían aprovisionarse cerca del campamento siempre que era posible. Pero el tipo de herramienta importaba: los núcleos gigantes (bloques de más de 20 kilogramos usados como punto de partida para producir grandes lascas) coinciden geoquímicamente con los basaltos más masivos y densos del entorno inmediato y del sondeo subterráneo. Las cuchillas, en cambio, presentan una composición diferente, coherente con fuentes distintas que proporcionaban losas de mayor planitud y grosor más uniforme.

Una tradición transmitida durante generaciones

Lo más significativo del hallazgo no es que los homininos eligieran bien la piedra en una ocasión concreta, sino que ese patrón se repite de forma consistente en varios horizontes arqueológicos separados por miles de años. Como señala el comunicado oficial, eso implica una tradición cultural duradera: un conocimiento sobre qué roca usar para cada propósito que se aprendía, se practicaba y se transmitía entre generaciones. Los investigadores califican este comportamiento como una estrategia híbrida, basada en la explotación local para la mayoría de las herramientas combinada con desplazamientos selectivos hacia fuentes específicas cuando el tipo de útil lo requería.

Algunos artefactos presentan una composición que no coincide con ninguna de las fuentes muestreadas, lo que sugiere que los homininos accedían también a coladas volcánicas hoy desaparecidas por la erosión o los movimientos tectónicos. Ese detalle amplía la imagen: el paisaje de recursos que manejaban estos homininos era más extenso y más variable de lo que los afloramientos actuales permiten ver.

Estos homininos sabían identificar la piedra correcta, para la herramienta correcta, en el momento correcto. Ese conocimiento no se improvisa. Requiere observación sistemática del entorno, memoria espacial de largo plazo y una forma de transmisión cultural que permita que esa información pase de una generación a la siguiente. Todo ello, hace casi 800.000 años.

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