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Image: BPL (Public Domain)

El 15 de enero de 1919 parecía que iba a ser un día inusualmente cálido en el invierno de Boston. Las temperaturas llevaron a muchos trabajadores del centro a salir a las calles. Sin embargo, al acabar el día la ciudad iba a sufrir uno de los desastres más extraños y mortales de su historia.

Imagen: Boston Post (Public Domain)

Cuentan los historiadores que todo comenzó cerca del terreno en la 529 Commercial Street, cuando el suelo empezó a temblar. En la cercana Purity Distilling Company, una destilería local, un tanque de melaza de hierro de seis pisos de altura parecía “quejarse”, como si un estómago enorme sufriera algún tipo de indigestión severa.

Imagen: El tanque al fondo (Public Domain)

El impresionante alijo de melazas dulces estaba en espera de ser transferido a una planta de procesamiento de pureza, donde luego se utilizaría en la producción de edulcorantes, bebidas alcohólicas y municiones a base de alcohol.

Y es que en aquella época, la melaza (los residuos de cristalización final del azúcar), era el edulcorante más utilizado en Estados Unidos. Además, también se podía fermentar para producir etanol, a su vez utilizado para las bebidas alcohólicas o munición y armamento.

Imagen: Boston Public Library

Momentos después del primer “gemido”, un sonido que recordaba a los disparos de una ametralladora se hizo eco en las calles colindantes. En realidad eran los remaches de hierro del enorme tanque que se soltaban en ráfagas.

Imagen: Boston Public Library

Así, justo en el momento en que la gene comenzó a identificar la fuente de los ruidos, el tanque estalló en una terrible explosión, arrojando enormes trozos de hierro en el vecindario circundante.

Imagen: Boston Public Library

La explosión aplastó las oficinas de la destilería y una sección de hierro derribó una estación de bomberos cercana. A pesar de la fuerza del estallido, los restos del tanque de hierro solo dañaron un puñado de edificios adyacentes en el vecindario North End. Sin embargo, la melaza ya no estaba contenida, estaba desatada en todas las direcciones.

Pasquale Iantosca, de 10 años, había salido hacía poco tiempo a recoger restos de leña. Aunque el tiempo parecía cálido, su padre, Giuseppe, no se arriesgó: su hijo salió con dos suéteres y lo vigiló desde la ventana del segundo piso de su pequeño edificio de apartamentos.

Imagen: Boston Public Library

Ocurre que el peligro no es predecible, y mientras Giuseppe observaba, Pasquale desapareció de repente. Una pared oscura lo consumió como si nunca hubiera existido.

Imagen: Boston Public Library

La columna de 8,7 millones de líquido espeso se derrumbó instantáneamente en las calles de Boston. La sustancia asfixiante asaltó e inundó a la población desprevenida, arrojando y haciendo rodar a hombres, mujeres y niños en una ola de lodo espeso.

Imagen: Getty

Aquella onda expansiva de jarabe marrón empujó los edificios de sus cimientos y volcó carros, caballos y automóviles. Rompió las vigas de una vía de ferrocarril elevada y arrojó a un lado los vagones del tren.

Imagen: Getty

En cuestión de minutos, varias manzanas de las calles de Boston fueron literalmente enterradas con víctimas, escombros de edificios en ruinas, un montón de vehículos destrozados… todos recubiertos y empapados en varios metros de una sustancia dulce y pegajosa.

Imagen: Getty

Los esfuerzos de rescate comenzaron de inmediato, pero la mayoría de los que se aventuraron en la marisma se enredaron y necesitaron su propio rescate. Los supervivientes de la tragedia, aterrorizados sin saber qué hacer, huyeron de la escena caótica cubiertos de pies a cabeza en melaza de color marrón oscuro.

El USS Nantucket estaba anclado a pocas manzanas de distancia, y al enterarse del alcance del desastre, el Teniente Comandante H. J. Copeland envió a más de un centenar de sus marineros para prestar ayuda. Los oficiales de policía, el personal militar y enfermeras pasaron toda la noche bañados en melaza hasta las rodillas en busca de víctimas.

Imagen: Boston Public Library (Public Domain)

Aquel fatídico día se perdieron 21 vidas en el desastre, principalmente por aplastamiento y/o asfixia, además de más de 150 heridos. Se dice que un abogado de la destilería llegó al lugar en cuestión de horas y trató de culpar del desastre a saboteadores anarquistas, pero a pesar de ello, la compañía finalmente pagó alrededor de 1 millón de dólares en acuerdos.

El puerto cercano permaneció de color marrón durante el resto del invierno y la primavera, y llevó más de seis meses limpiar las estructuras, los automóviles y las calles de adoquines del desastre.

Imagen: AP

Casualmente, la XVIII enmienda de la Constitución de Estados Unidos se ratificó el día después de la catástrofe, allanando el camino hacia la prohibición del alcohol (hasta 1933, cuando se aboliría la ley seca).

La causa exacta de la explosión nunca se determinó definitivamente, pero generalmente se atribuye a la alta presión y a los defectos en la construcción del tanque. Los testigos declararon que la destilería había descuidado realizar una prueba de presión en el recipiente gigantesco antes de llenarlo por primera vez de melaza, y cuando se cargó el exterior del tanque se cubrió con ríos marrones debido a las fugas.

Imagen: Mapa de Boston con el barrio de North End (Public Domain)

En lugar de pagar para reforzar y reparar el tanque, la compañía había optado por pintar todo de marrón melaza. En los días más cálidos, las melazas fermentan naturalmente en el tanque, lo que aumenta la presión interna. Finalmente, la tensión fue más de lo que podían soportar los remaches, y el fallo resultó en ese fatídico día de 1919.

Imagen: AP

Pasado un siglo desde la tragedia, hay quien dice que en los días más calurosos, algunas de las calles de Boston todavía sangran la mortal melaza que se llevó la vida de 21 personas. [Wikipedia, AtlasObscura, Washington Post]

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Miguel Jorge

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