Cada año el lago Erie presenta una proliferación estacional de cianobacterias que producen toxinas de color azul-verde que son riesgosas para la salud de personas y animales. Las autoridades y los científicos monitorean estos eventos de manera consistente, pero han visto que la situación es peor de lo que pensaban.
Las algas tóxicas son, más bien, una sopa de compuestos diferentes que se unen de manera diferente según la estación. Al florecer, esas algas producen varios tipos de toxinas a medida que el clima cambia, en tres fases individuales. Lo preocupante es que los compuestos incluyen sustancias químicas que el monitoreo convencional no logra detectar. Los resultados se detallan en dos trabajos publicados en Environmental Toxicology y el ISME Journal.
“Mucha gente sabe acerca de estas algas y toxinas pero en general, lo que sucede es que con el cambio climático estas algas dañinas se reproducen y propagan”, declaró Gregory Dick, autor principal de los dos trabajos y científico ambiental de la Universidad de Michigan. “Lo que muestra nuestro trabajo por primera vez es que en el oeste del lago Erie realmente hay una sopa de estos diferentes compuestos”.
Mezcla ominosa
El peligro de las cianobacterias ya ha causado que varias agencias estatales y federales las monitoreen. Según la Agencia de Protección Ambiental (EPA) la exposición a las toxinas cianobacterianas puede causar problemas de salud que van desde leve urticaria en la piel a enfermedades fatales. Cuando florecen y se propagan, más allá de la toxicidad, las cianobacterias pueden causar drásticos cambios en la acidez y los niveles de oxígeno de las fuentes de agua dulce, con consecuencias irreversibles para el ecosistema local.

A pesar de los riesgos las cuatro cianotoxinas y las emparentadas que monitorean las autoridades representan apenas el 10% de más de 3.000 metabolitos cianobacterianos identificados hasta ahora, según señala el trabajo de Environmental Toxicology. En consecuencia, eso sugiere que todavía hay mucho que no comprendemos sobre el peligro de la floración de las algas, lo que conforma “un desconocimiento toxicológico mayormente no evaluado y todavía mayor”, según indica el estudio.
Las señales
Según el trabajo del ISME Journal, los investigadores recolectaron muestras de algas cada mes entre mayo y octubre de 2016 a 2022. Luego el equipo identificó el ADN microbiano presente en las muestras, además de los compuestos que producen los microbios. Como resultado, los investigadores pudieron definir el ciclo de vida de las toxinas de las algas en tres fases. Encontraron que la microcistina, que es la toxina más conocida, domina la fase inicial. En la segunda y tercera fase los microbios producen varios cianopéptidos que incluyen la anabaenapeptina, aeruginosina y aeruciclamidas.

Este primer estudio “caracterizó las moléculas que existen en esta ‘sopa prohibida”, explicó Lauren Hart, que también lideró ambos estudios, en declaraciones. En el segundo estudio publicado en Environmental Toxicology, Hart y sus colegas hicieron análisis de cómo interactuaban estos compuestos como grupo y hallaron que “no solo existen sino que son preocupantes”, según añadió.
Hasta ahora no se sabe con claridad el riesgo directo para la salud humana y animal, según ambos trabajos. Pero los hallazgos destacan la urgente necesidad de reevaluar los marcos actuales de toxicidad para cubrir un rango más amplio de toxinas, según el trabajo publicado en Environmental Toxicology.
“Hay que poner más el foco en lo que buscan los monitoreos y por qué estamos monitoreando, y asegurar que incluyamos la imagen completa en nuestros modelos de gestión de riesgos de los grandes lagos”, afirmó Hart.