Los incendios forestales, antaño ligados a estaciones específicas, hoy parecen no tener descanso. Investigaciones recientes muestran que la mano del ser humano ha prolongado el calendario del fuego en todos los continentes, mientras el cambio climático intensifica sequías y olas de calor que favorecen su propagación. La consecuencia es devastadora: ecosistemas desajustados, especies en riesgo y comunidades expuestas a catástrofes más largas y difíciles de controlar.
Cambio climático: el combustible invisible
La multiplicación de olas de calor, sequías prolongadas y vegetación seca explica por qué los incendios duran más. Según la NASA, incluso las noches dejaron de ser un respiro: las temperaturas más altas permiten que el fuego siga activo a horas en las que antes solía extinguirse. La Oficina de la ONU para la Reducción del Riesgo de Desastres confirma la tendencia: Europa ya superó las 450.000 hectáreas quemadas en apenas seis meses de 2025, el doble que el año anterior.

La huella humana en el calendario del fuego
El estudio de la Universidad de Tasmania demuestra que más de la mitad de las áreas incendiadas ya no respetan la temporada natural. Antes, el fuego dependía de la coincidencia entre rayos y sequedad. Hoy, la quema agrícola, los usos culturales y los accidentes humanos disparan los incendios en épocas inusuales. En los pastizales tropicales, por ejemplo, la temporada se alargó tres meses, mientras que en bosques boreales y tundra —alejados de centros urbanos— también se detecta esta anomalía.
Consecuencias para flora y fauna
El problema no es solo cuánto arde, sino cuándo. Las especies evolucionaron para resistir incendios en determinados periodos, y el desajuste temporal afecta sus ciclos reproductivos y la capacidad de recuperación de los ecosistemas. Según los investigadores, esta alteración amenaza la biodiversidad de formas que aún no comprendemos del todo, pero que ya se perciben en poblaciones de plantas y animales incapaces de regenerarse tras temporadas extendidas.ç

Cómo la ciencia rastrea el fuego
Para medir esta expansión, los expertos cruzaron datos satelitales de humedad en vegetación, mapas de rayos y áreas quemadas en más de 700 regiones ecológicas. El resultado: una visión global del fuego que muestra cómo las actividades humanas superan los límites bioclimáticos. Además, pusieron a disposición pública estas bases de datos para apoyar políticas de prevención y gestión.
Un desafío para el futuro
La prolongación de la temporada de incendios se convierte en un reto urgente para gobiernos, comunidades y sistemas de protección civil. Como resume el profesor David Bowman, “los seres humanos tenemos una gran responsabilidad en la gestión sostenible del fuego, y podemos aprender de los pueblos indígenas que lo manejaron durante siglos sin devastar los ecosistemas”.
La evidencia científica es clara: mientras el cambio climático extiende la ventana del fuego, solo la acción coordinada entre ciencia, políticas y comunidades podrá contener sus efectos.
Fuente: Infobae.