Los científicos saben que la vida microbiana puede sobrevivir en condiciones extremas, incluyendo el crudo clima de Marte, o eso es lo que esperan. Pero un nuevo trabajo de investigación sugiere que un microbio en particular, una especie de alga que se encuentra en el hielo del Ártico, no es tan inmóvil como se creía. Las algas están sorprendentemente activas y se deslizan por el helado terreno.
En un trabajo publicado el 9 de septiembre en Proceedings of the National Academy of Sciences, los investigadores explican que las diatomeas de hielo – algas unicelulares con vidriosas paredes externas, se mueven danzando dentro del hielo. Su actividad contradice la suposición de que los microbios que habitan entornos extremos – los extremófilos – apenas logran sobrevivir. Estas algas parecen haber evolucionado para poder prosperar a pesar de las condiciones extremas. Y la notable movilidad de estos microbios da indicios de que podrían tener una participación inesperada en el sostenimiento de la ecología del Ártico.
“No se trata de criobiología como en una película de los años 80”, dijo Manu Prakash, autor principal del trabajo y bioingeniero de la Universidad de Stanford, en declaraciones. “Las diatomeas tienen gran actividad, incluso a temperaturas de -15°C, y eso es super sorprendente”.
Esa temperatura es la más baja que se haya detectado para una célula eucariota como las diatomeas, afirman. Lo sorprendente es que las diatomeas de la misma especie pero de entornos mucho más cálidos no mostraron la misma conducta de deslizarse como lo hacen las diatomeas del hielo. Eso implica que la vida extrema de las diatomeas del ártico dio lugar a una “ventaja evolutiva”, añadieron.
Exclusivo del Ártico
Para su trabajo los investigadores recogieron núcleos de hielo de 12 estaciones del Ártico en 2023. Llevaron a cabo un análisis inicial de esos núcleos con los microscopios de a bordo y crearon una imagen integral de la diminuta sociedad que habita el hielo.
Para lograr una imagen más clara de cómo y por qué se deslizan las diatomeas, el equipo buscó replicar las condiciones del núcleo de hielo en el laboratorio. En un plato de Petri prepararon finas capas de agua dulce congelada, y de agua salada muy fría. Luego colocaron cabellos suyos para imitar los canales de microfluido que expulsan la sal.
Tal como lo esperaban, las diatomeas empezaron a deslizarse, usando los cabellos como rutas o caminos en su rutina. Cuando lo analizaron pudieron rastrear y detectar cómo lo hacían estos microbios.

“Hay un polímero, algo así como la baba de caracol, que segregan y se pega a la superficie como si fuera una soga con un ancla”, explicó Qing Zhang, estudiante del postdoctorado de Stanford que encabezó el estudio. “Luego tiran de esa cuerda, y así tienen fuerza para avanzar”.
Un cuerpo pequeño, una presencia enorme
Si hablamos de cantidades, las algas han de contarse entre los organismos vivos más numerosos del Ártico. Las aguas del Ártico se ven de color verde profundo en filmaciones de drones, puramente a causa de las algas, según explicó Prakash.
Los investigadores todavía no han identificado la función de la conducta de las diatomeas, pero sabiendo ahora que son tanto más activas de lo que se creía tal vez su aporte al ciclo de los recursos del Ártico sea de importancia.
“En ciertos aspectos, hace que te des cuenta de que no se trata nomás de algo diminutos sino que forma parte importante de la cadena alimentaria, y controla lo que sucede debajo del hielo” añadió Prakash.
En general se cree que las algas solo sirven de alimento para las criaturas de mayor tamaño, pero si se comprueba que aportan al sistema, los científicos podrán obtener más información sobre el entorno del Ártico, tan difícil de estudiar porque el cambio climático amenaza su existencia. En este momento lo notable es que para entender lo que hay más allá de la tierra, primero tenemos que proteger y conocer profundamente lo que tenemos aquí.