Durante los pasados diez años, Apple ha fabricado algunos de los mejores teléfonos de la historia. El iPhone X (léase diez) es un testimonio precisamente a esa década de innovación y saber hacer. Para sorpresa de nadie, es un teléfono excepcionalmente bueno, pero ¿merece la pena pagar 1000 dólares por él? Esta es su reseña.

En Gizmodo siempre damos un margen de tiempo razonable antes de publicar nuestras reseñas porque creemos que el verdadero valor de un dispositivo aparece tras unos días de uso (cuando el factor “novedad” desaparece) pero, como es posible que ya hayas leído decenas de análisis sobre el iPhone X, en este texto encontrarás una serie de preguntas y respuestas que giran sobre las dudas más frecuentes que despierta el teléfono y, al final, la respuesta a la cuestión definitiva ¿deberías comprarlo?

Básicamente, hay tres cosas importantes que “venden” el iPhone X. Son, en este orden:

  • FaceID
  • La pantalla
  • La cámara

Si ya conoces la mayoría de funciones del iPhone X te seré sincero, no cuento nada especialmente nuevo. Si no te interesan mis consideraciones personales para cada una de ellas, que son lo importante y donde he intentado marcar la diferencia, puedes saltar directamente a la conclusión. Vamos a ello.

FaceID: esto es mucho, mucho mejor que TouchID

Esto es lo que tarda en desbloquearse el iPhone X con Touch ID.

Cuando vi por primera vez FaceID, la nueva herramienta de reconocimiento biométrico del iPhone X, me despertó algunos recelos. TouchID, que ha estado presente en los iPhone los últimos 4 años y se basa en el reconocimiento de tu huella dactilar, me parecía demasiado cómodo como para ser sustituido así como así.

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Me equivocaba. Irónicamente, si hay algo más cómodo que TouchID es precisamente FaceID. FaceID se encarga de reconocer tu cara en lugar de la huella dactilar precisamente porque, como el teléfono es todo pantalla, ya no hay hueco para un botón de home. Y lo que a mi juicio previo era un “apaño” para compensar de algún modo la ausencia de ese botón, en la práctica supone una ventaja ya que elimina casi por completo la fricción a la hora de desbloquear tu teléfono.

Me explico: desbloquear el iPhone X es tan sencillo como simplemente mirarlo, y eso es algo que haces de manera inherente el 90% de las veces que desbloqueas tu teléfono (el otro 10% es importante y lo explico unas lineas más abajo). No requiere ningún gesto consciente de “pon el dedo en el sensor y aprieta”, miras, deslizas hacia arriba y ya está. Al cabo de unos minutos, el gesto es tan natural que simplemente te olvidas de que, cada vez que lo desbloqueas, el iPhone X te reconoce y se asegura de que seas realmente tú.

¿Cómo es de preciso? Diría que a ojo el iPhone X me ha reconocido un 80 o un 85% de las veces, siendo el 15% restante casos muy específicos. Por ejemplo, es ya conocido que al despertar si tenemos la cara hinchada (y más yo que duermo como un tronco) FaceID suele pedir el código como medida de seguridad adicional para cerciorarse de que eres realmente tú. Lo bueno es que parte del sistema incorpora machine learning de modo que, después de configurarlo, continúa aprendiendo con cada desbloqueo y al cabo de unos cuantos días el sistema está funcionado hasta con tu cara más horrorosa de recién levantado. Funciona a oscuras y con gafas de sol.

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¿Es posible engañarlo? Es posible, el sistema tiene problemas con algunos gemelos (no con todos) y una compañía de seguridad en Vietnam ha logrado burlarlo creando máscaras de látex realmente extrañas (aquí explicamos por qué este último caso no debería preocuparte).

Algo parecido a esto “ve” y mide el iPhone X para saber que tú eres... tú.

¿Qué ocurre con ese 10% de las veces en las que quieres desbloquear el teléfono pero no lo estás mirando? Es lo que sucede cuando reposa sobre una mesa por ejemplo (con TouchID bastaba con poner el dedo encima) o cuando estás en la cama con media cara tapada por la almohada. Pues ocurre que ese es el 10% incómodo, el 10% en el que el nuevo sistema necesita una acción extra por tu parte. Puede solucionarse con un dock o stand, paliarse con una opción en Ajustes que desbloquea el iPhone aunque no lo esté mirando directamente o, simplemente, cogiéndolo, levantándolo y mirándolo. Es, en definitiva, la parte incómoda del sistema, con TouchID también aparecían problemas si tenías las manos pringosas, por ejemplo, o mojadas.

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Por último, un bonus point: si tus contraseñas están almacenadas en el llavero de iOS solo hace falta tu cara para que automáticamente rellene los campos de email+contraseña al hacer login en un sitio web. Parece una tontería, pero es un detalle genial. De nuevo, elimina la fricción en algo a menudo tan insidioso como introducir la contraseña, miras la pantalla y listo.

La famosa “ceja”: desaparece en diez minutos

Después de FaceID el aspecto del iPhone X que más atención suscita es el famoso “notch”, la ceja en la parte de arriba que parte la pantalla. Sirve para alojar entre otras cosas, la cámara frontal y el manojo de sensores que miden la luminosidad de la habitación o que se usan para FaceID, por ejemplo.

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Sobre la ceja/notch/coso solo diré: desaparece a los 10 minutos, es algo que con el paso del tiempo simplemente se vuelve invisible, te olvidas de que está ahí y no molesta. Mi opinión se complementan con la de un buen número de colegas, periodistas y amigos con el iPhone X a los que he preguntado al respecto. Simplemente dejas de notarlo, sin dramas.

Por cierto, los vídeos en apasiado por defecto se reproducen en el área central del teléfono, sin entrar en contacto con el notch/ceja a menos que, claro, hagas zoom o lo amplíes para que ocupe toda la pantalla.

La pantalla

Aunque sería injusto decir que el resto de iPhones tiene una mala pantalla, el panel OLED del iPhone X es un salto considerable. Sin entrar en detalles técnicos con respecto a ese tipo de tecnología, en el iPhone X hay dos cosas que se notan especialmente: los colores son más vivos y los negros, muy negros.

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Este último detalle implica, por ejemplo, que si una aplicación tiene el fondo negro, el notch/ceja se convierte en prácticamente inapreciable, así como los bordes del dispositivo, dando un aspecto de uniformidad pantalla/límites de pantalla muy agradable. En este subreddit tienen una buena colección de fondos para este tipo de pantalla que es excelente.

Y no, no echo de menos el botón de home, como sucede con FaceID, la colección de gestos (deslizar hacia arriba para volver a la pantalla principal, arriba y derecha a la multitarea) es tan, pero tan cómoda que no se siente como un compromiso derivado de la perdida del botón, sino como todo lo contrario. Suena a tópico y lo sé, pero cuando he vuelto a usar iPhones con botón de home el sistema se me ha hecho arcaico.

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True Tone Display, la tecnología que calibra el balance de bancos de la pantalla según la iluminación de la habitación y que apareció por primera vez en el iPad Pro, ha llegado este año al iPhone 8 y al iPhone X. En nuestra reseña del iPhone 8 la definíamos, así:

La mejor manera de entender cómo funciona es esta: imagina una hoja de papel blanco en un día soleado, guarda ese “blanco” en tu memoria y ahora imagina la misma hoja en una habitación iluminada por la luz de una vela. ¿Ves la diferencia de “blancos”? Es lo que en fotografía se conoce como balance de blancos, y Apple lo resuelve con unos sensores que captan la iluminación del entorno y ajustan en consecuencia el balance de la pantalla. El resultado: una pantalla que parece más realista y en la que los colores se “integran” mejor con el entorno y con su iluminación. Como en la vida real.

El resumen, y sin más añadidos: TrueTone, la tecnología OLED y una exquisita calibración hacen de la pantalla del iPhone X una de las mejores que puedes encontrar en un móvil ahora mismo. Ver fotos, vídeos y “usar” el teléfono, en general, es una experiencia genial.

La cámara

Como con el iPhone 8, el principal responsable detrás de las fotos del iPhone X es el procesador A11 bionic y su procesado de imagen. Después de probar durante un mes el iPhone 8 me ha costado encontrar diferencias notables pero, en líneas generales y como sucedía con la pantalla, la cámara del iPhone X es de las mejores, si no la mejor, que el dinero puede comprar ahora mismo. La únicas que consideramos que le plantan cara son la del Samsung Galaxy Note 8 y, con matices, la del Google Pixel 2XL.

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En general, mis conclusiones son que la cámara del iPhone X con respecto a modelos anteriores (no el 8) ha mejorado sustancialmente el comportamiento en baja luminosidad, que el nuevo flash de doble exposición por fin convierte el flash en un teléfono móvil en algo verdaderamente útil y que la consistencia para sacar buenas fotos sacando el teléfono del bolsillo, apretar el botón de cámara y, simplemente, disparar es maravillosa.

Modo retrato-selfie con el iPhone X

La única diferencia real entre la cámara del iPhone 8 y la del iPhone X es que el modo retrato, hasta ahora limitado a los modelos Plus con doble cámara, hace su aparición en la cámara frontal para selfies. Los resultados, por desgracia, son mixtos, a veces saca muy buenas fotos pero a menudo se confunde en los bordes y el resultado es muy poco realista. Su rival directo en este sentido, el Google Pixel 2XL, en general lo hace mucho mejor.

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El resultado global, con todo, es satisfactorio, no vas a tomarte selfies en modo retrato “tan” buenos como con la cámara trasera pero sí son lo suficientemente aceptables como para que los compartas sin que se te caiga la cara de vergüenza.

Lo demás: la batería, carga inalámbrica, animojis

  • Batería: en la línea de lo que espero de un iPhone pero sustancialmente mejor de lo que me daba el iPhone 7 Plus. Con un uso “normal” vas a llegar al final del día con un 20 o 30% restante sin mucho problema. Yo, que trabajo desde casa, en los días que no he hecho un uso muy intensivo he llegado a la noche con un hasta un 70%.
  • Carga inalámbrica: sigo teniendo sentimientos encontrados con esto. Es buena, es fiable, y es cómoda, pero es lenta, demasiado. Al final mi conclusión es que si lo quiero cargar rápidamente (antes de salir de casa por ejemplo si el teléfono está bajo) lo enchufo al cable y me olvido de historias, pero todas las noches lo dejo en un puesto de carga inalámbrica para que se cargue cómodamente mientras duermo. Aparte, me encanta la sensación de levantarme y simplemente coger el teléfono de la mesilla, sin tener que rebuscar el cable para desengancharlo.
  • Animojis: son geniales, en serio. Mi única queja es que son algo limitados (solo hay 12) y que con baja iluminación no funcionan demasiado bien. Pero son una de las funciones más divertidas del iPhone X y compartirlos es tan fácil que dan para casi todo. Puesto que se ha descubierto que no son exclusivos del iPhone X, muero de ganas porque un desarrollador coja MeasureKit y monte algo parecido con más animojis y más opciones.

Ah, el tamaño sí importa

Un apunte mínimo sobre el diseño. Después de usar iPhones Plus durante los pasados dos años, para mí lo más interesante del diseño del iPhone X es que me da una pantalla casi tan grande como la del Plus en un formato mucho más pequeño. Parece una tontería, pero en mi caso ha marcado la diferencia.

¿Merece la pena pagar 1000 dólares?

Aquí entramos a hablar de mis dos amigos el valor relativo y el valor absoluto. El valor absoluto, el que depende de las características que incorpora el teléfono, para mí, está claro: el iPhone X es un móvil que merece un precio de $1000 dólares. Es duro porque significa colocarlo, en esencia, como un producto de lujo, pero es lo que hay. Por su pantalla, su cámara, FaceID, el sistema operativo el... “todo”, el terminal en sí, pagar un precio así por un teléfono así, a mi modo de ver, está justificado.

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El valor relativo es más complejo, porque es subjetivo: ¿Es razonable comprar un móvil de $1000 dólares? Mi respuesta, personal, es que no lo sé. Creo que, como factor subjetivo, depende eminentemente de un montón de variables: quizá puedas vender tu teléfono actual de segunda mano y conseguirlo a menos precio, quizá tu orden de prioridades coloca tener un buen teléfono por encima de otras cosas, quizá seas condenadamente rico y esta reseña te dé risa o, simplemente, te guste tener lo último de lo último en tecnología. Lo que sí está mal es intentar establecer una vara de medir para todo el mundo que dirima, cual Vara de la Justicia™ una solución universal para todos. Si la pregunta, con todo, gira en torno si al iPhone X es un buen teléfono, sí, es el mejor teléfono que yo he probado nunca. Hay hueco para las dudas, pero que no giren en torno a su calidad.

Dicho eso, aquí van tres puntos que creo debes considerar para saber si merece la pena, para ti, comprar un iPhone X:

  • La cámara: salvo en el Galaxy Note 8, y según cómo, no vas a encontrar cámara mejor en un teléfono móvil. Si la cámara es importante para ti, corre a comprarlo. Considero que la pantalla también es fantástica.
  • iOS y Apple: si tienes un iPhone antiguo (de un 6s hacia atrás), un Mac, tu ecosistema de aplicaciones está en iOS/OS X y estás considerando un móvil de gama alta, el iPhone X es sin ningún tipo de duda tu mejor elección. También funciona a la inversa, si estás en Android y no te gusta iOS, dudo mucho que el iPhone te convenza de lo contrario.
  • Te gusta tener lo último de lo último en tecnología: el 90% de los compradores que conozco el iPhone X caen en esta categoría, simplemente les gusta y disfrutan con la buena tecnología. En eso, el iPhone X es un ejemplo exquisito.