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Ciencia

Japón extermina mangostas que tenían una única tarea

Habían traído los mamíferos a una isla para combatir a las serpientes venenosas, pero se dedicaron a matar conejos en riesgo de extinción.
Por Isaac Schultz Traducido por

Tiempo de lectura 2 minutos

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Para disminuir la población de víboras venenosas en una pequeña isla de Japón se trajeron mangostas. Pero el estado las erradicó ahora porque insistían en comerse a los conejos en riesgo de extinción. 

Como las mangostas resisten el veneno y son depredadoras de víboras venenosas como las de  Amami Oshima, isla subtropical declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO donde viven especies como la codorniz de Okinawa, el leopardo Iriomote y el conejo endémico Amami, se había recurrido a este mamífero para que hubiese menos serpientes. 

Pero fue este conejo – al que también llaman “fósil vivo” porque se parece a los antiguos conejos asiáticos – el que se encontró a merced de las pequeñas mangostas de la India (Urva auropunctata) introducidas en 1979 para reducir la cantidad de serpientes habú de la isla. 

El plan tuvo sus problemas. Las mangostas son diurnas y las habú tienen hábitos nocturnos, por lo que rara vez se encontraban. Las mangostas se decidieron en cambio por los conejos Amami, reduciendo drásticamente la población de la especie que ya está en riesgo. También, las mangostas tuvieron un efecto significativo en las poblaciones de ratas Ryukyu, según un comunicado del Ministerio de Medio Ambiente de Japón. 

El impacto de la población de mangostas se hizo evidente en 1993 y el ministerio desarrolló un proyecto modelo para evaluar la extensión del perjuicio que causaban. Para el año 2000 la población de mangostas llegaba a un total de 10.000, según informó la AFP, y se habían convertido en un problema. 

Un plan que fracasó 

Había que reducir la cantidad de mangostas, y para 2007 solo quedaban unas 1.000. Ayer el gobierno declaró que Amami Oshima oficialmente ha acabado con las mangostas, lo que cierra el círculo de un plan que claramente fracasó. Porque han tardado casi 25 años para librar a la isla de las mangostas, y casi medio siglo si se toma en cuenta el inicio del problema. 

“Son buenas noticias para nuestra prefectura y la conservación del precioso ecosistema de Amami”, dijo Koichi Shiota, gobernador local. “Tenemos que aprender mucho del impacto que tuvieron las mangostas en el ecosistema nativo, y los esfuerzos y costos que su erradicación representó”. 

Ese plan nos recuerda el daño que pueden causar las especies introducidas e invasivas a las poblaciones que no tienen defensas contra esas criaturas. La especie podría eliminar a las nativas y dañar la agricultura, provocando desastres en el medio ambiente, como sucede con la araña Joro de Asia, que se reproduce en el este de EE.UU. Aunque no afectan al medio ambiente en la medida en que sucedió con las mangostas, no es fácil erradicar a una especie invasiva si logra adaptarse a su nuevo entorno, como sucede con la mosca linterna moteada nativa de China que llegó a EE.UU. en 2012.

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