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Ciencia

La adultez se ha corrido casi diez años. La Generación Z dice que empieza a los 27 y no antes: el precio de la independencia

La investigación muestra que, para la Generación Z, la adultez no se alcanza con los 18 años, sino al lograr estabilidad económica, mudarse de la casa familiar o asumir seguros y ahorros. Una redefinición del concepto que refleja tanto nuevas prioridades como un contexto más adverso.
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Durante décadas, cumplir 18 años fue el rito de paso que marcaba la adultez. Sin embargo, la Generación Z ha cambiado esa percepción: ahora creen que la vida adulta comienza casi una década más tarde, alrededor de los 27 años. No es falta de ganas, sino consecuencia directa de un contexto donde la independencia financiera, la vivienda y la estabilidad parecen cada vez más lejanos.

Un adulto a los 27, no a los 18

Durante generaciones, cumplir 18 años fue sinónimo de ser “adulto”: votar, conducir, independizarse. Hoy, la Generación Z —los nacidos entre 1997 y 2012— ha movido ese límite casi una década más adelante. Según el estudio Adulthood Across Generations, realizado por Life Happens junto con Talker Research, los jóvenes consideran que la adultez real comienza a los 27 años, una edad donde dinero, decisiones y futuro adquieren peso tangible.

El informe encuestó a 2.000 personas de distintas cohortes y reveló un dato que resume el sentir general: el 71% cree que ser adulto es más difícil ahora que hace 30 años. La principal razón, señalada por un 72% de los participantes, es el aumento del coste de vida.

La independencia, verdadera puerta a la adultez

La adultez ya no empieza a los 18. La Generación Z la retrasa hasta los 27 y redefine qué significa madurar
© Unsplash – Miguel Teirlinck.

Si bien los 18 otorgan derechos legales, para la Generación Z eso no basta. Lo que define ser adulto es la independencia económica:

  • Un 56% lo asocia con pagar facturas propias.
  • Un 45% con ser autosuficiente financieramente.
  • Un 46% con mudarse de la casa de sus padres.

En otras palabras, no se trata de edad, sino de autonomía. Y como esa independencia se ha vuelto más difícil, el umbral de adultez se desplaza inevitablemente hacia adelante.

Madurez tardía, pero previsora

Paradójicamente, la Generación Z posterga el inicio de la adultez simbólica, pero adopta antes que nadie ciertos hábitos financieros. Según el informe, abren cuentas de ahorro y tarjetas de crédito alrededor de los 22 años, frente a los 34 de los baby boomers.

Más de la mitad (53%) considera que contratar un seguro de vida es un marcador de adultez. En ese sentido, están adelantados a otras generaciones: mientras los boomers lo hicieron en promedio a los 34 años, los millennials a los 28 y la generación X a los 31, la Gen Z ya da ese paso en la veintena.

Obstáculos que redefinen prioridades

La adultez ya no empieza a los 18. La Generación Z la retrasa hasta los 27 y redefine qué significa madurar
© Unsplash – Joao Viegas.

Aun así, el panorama no es alentador. El 47% de los encuestados cree que comprar una vivienda es inalcanzable, y el 39% admite que tampoco puede costear tener hijos. La adultez, para ellos, se convierte en un estado más aspiracional que inmediato, definido por logros financieros que parecen cada vez más lejanos.

Esa tensión explica por qué la Generación Z retrasa el concepto de madurez: no es rechazo a crecer, sino la consecuencia de un entorno económico que les niega los hitos clásicos de independencia.

Una adultez en transformación

El salto a los 27 no significa menos responsabilidad, sino una redefinición de lo que implica ser adulto. En lugar de centrarse en símbolos tradicionales —como la mayoría de edad o el matrimonio—, la Generación Z entiende la adultez como una etapa de control económico, seguridad futura y autonomía real.

Lo interesante es que, aunque perciban esta condición como más difícil de alcanzar, muestran señales de mayor previsión y realismo financiero que generaciones anteriores. No se trata de inmadurez, sino de adaptación: la adultez ya no empieza cuando el calendario lo dice, sino cuando la vida lo exige.

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