La Generación Z ha crecido con promesas de movilidad social ligadas al esfuerzo académico, pero la irrupción de la inteligencia artificial ha trastocado esas expectativas. Encuestas recientes revelan que buena parte de los jóvenes ya no confían en la universidad como garantía laboral y han comenzado a mirar hacia profesiones más tangibles y resistentes a la automatización.
El miedo a perder los primeros peldaños

Los datos son claros: un 72% de los encuestados teme que los humanos virtuales ocupen los puestos de nivel inicial, esos que tradicionalmente abrían la puerta al mercado laboral. Más aún, el 65% considera que una carrera universitaria ya no ofrece ninguna ventaja. En la práctica, esto significa que miles de jóvenes contemplan su futuro con la sensación de que el ascensor social está averiado antes de empezar a usarlo.
Ironía como escudo, pragmatismo como estrategia

Profesores como los de la Universidad de Bentley observan una actitud ambivalente en sus alumnos. Por un lado, reconocen la crudeza del panorama; por otro, se refugian en un pragmatismo que roza la resignación: “ya pensaremos en algo cuando llegue el momento”. Este modo de pensar no es simple apatía, sino un intento de protegerse frente a la ansiedad que genera un futuro que parece escrito de antemano por la IA.
El regreso de los trabajos manuales

No sorprende que un 43% de los jóvenes haya reorientado sus planes hacia empleos de cuello azul, desde la construcción hasta oficios técnicos, considerados más resistentes a la automatización. Que estos sectores recuperen atractivo en pleno siglo XXI refleja un cambio cultural profundo: frente a la volatilidad de los empleos digitales, se valora la estabilidad que ofrecen tareas prácticas, difíciles de sustituir por algoritmos o avatares.
Mirar al futuro sin mirar demasiado
El 61% de la Generación Z cree que la irrupción de la inteligencia artificial marcará el fin de los trabajadores jóvenes tal como los conocíamos. Aun así, la mayoría evita pensar demasiado en ello: hacerlo, confiesan, sería desesperanzador. En este aparente desinterés late una verdad incómoda: los jóvenes saben que deberán adaptarse, aunque aún no sepan cómo.
La Generación Z está redefiniendo lo que significa prepararse para el futuro. Su aparente falta de ambición es, en realidad, un pragmatismo radical en un mundo donde la IA desdibuja certezas. Allí donde otros ven resignación, ellos han encontrado una forma de resistir: reinventarse antes incluso de que la tormenta termine de llegar.