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Ciencia

La carrera espacial amenaza el cielo: cómo los cohetes podrían frenar la recuperación del ozono

La explosión de lanzamientos espaciales podría estar perjudicando el frágil proceso de recuperación de la capa de ozono. Investigadores advierten que las emisiones de cohetes, cada vez más frecuentes y potentes, tienen un impacto mayor del que se creía. ¿Estamos abriendo una nueva brecha en la atmósfera?
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Mientras celebramos los avances de la industria espacial y el creciente acceso al cosmos, una amenaza silenciosa se cierne sobre nuestra atmósfera. Nuevos estudios advierten que los cohetes y satélites podrían estar comprometiendo la recuperación de la capa de ozono, el escudo natural que protege la vida en la Tierra. La ciencia lanza una señal de alarma: el futuro del cielo no solo se juega en el espacio.


Cohetes en ascenso, ozono en descenso

Desde 2019 hasta 2024, la cantidad de lanzamientos orbitales se ha multiplicado, y las previsiones para 2030 anticipan más de 2.000 despegues anuales. Este crecimiento exponencial ha encendido las alertas de la comunidad científica. Aunque el impacto de los cohetes sobre la atmósfera fue considerado menor durante décadas, las investigaciones actuales revelan un panorama más preocupante.

El físico atmosférico Sandro Vattioni, junto a un equipo internacional liderado por Laura Revell (Universidad de Canterbury), utilizó modelos climáticos avanzados para analizar cómo estas emisiones afectan a la capa de ozono. Sus conclusiones son claras: en un escenario de crecimiento sostenido, el ozono global podría disminuir un 0,3 %, con caídas estacionales de hasta un 4 % en la Antártida para 2030. Este descenso ralentizaría la recuperación iniciada tras la prohibición de los CFC.

La carrera espacial amenaza el cielo: cómo los cohetes podrían frenar la recuperación del ozono
© FreePik

El peligro está en lo que no vemos

Las emisiones de los cohetes alcanzan zonas altas de la atmósfera donde no hay mecanismos naturales de limpieza. A diferencia de la contaminación terrestre, allí no llueve ni hay nubes que arrastren las partículas hacia el suelo. El cloro y el hollín, principales subproductos de algunos combustibles espaciales, son especialmente nocivos: destruyen moléculas de ozono y calientan la estratósfera, acelerando procesos químicos perjudiciales.

Aunque los combustibles criogénicos (como oxígeno e hidrógeno líquidos) son menos dañinos, apenas se usan en el 6 % de los lanzamientos debido a su complejidad técnica. En cambio, los combustibles sólidos —más comunes— liberan grandes cantidades de cloro, agravando el problema.


Satélites que caen… y contaminan

Más allá del lanzamiento, otro factor preocupante es el reingreso de satélites y componentes de cohetes. Al desintegrarse en la atmósfera, estos objetos liberan óxidos de nitrógeno y partículas metálicas que pueden dañar el ozono y favorecer la formación de nubes estratosféricas polares, condiciones propicias para agrandar el agujero de ozono.

La carrera espacial amenaza el cielo: cómo los cohetes podrían frenar la recuperación del ozono
© FreePik

La mayoría de los modelos climáticos actuales no incluyen aún este tipo de emisiones, por lo que el impacto real de la industria espacial podría estar siendo subestimado.


¿Es posible una exploración espacial sostenible?

A pesar del riesgo, los científicos son optimistas: una industria espacial compatible con el medioambiente es viable. Para ello, es clave regular el tipo de combustibles, promover tecnologías limpias y establecer normativas internacionales que limiten el daño atmosférico.

El éxito del Protocolo de Montreal, que logró revertir décadas de daño con la eliminación de los CFC, demuestra que la acción global puede marcar la diferencia. Ahora, ese mismo compromiso debe aplicarse a una industria en pleno auge.



El cielo nocturno se llena de satélites… pero también de amenazas invisibles. Si no regulamos el impacto de la carrera espacial, podríamos abrir una nueva herida en la atmósfera. La ciencia ya ha dado el primer aviso: toca actuar antes de que sea demasiado tarde.

Fuente: Meteored.

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