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La contaminación atmosférica podría disminuir los beneficios del ejercicio, según un estudio internacional

El ejercicio físico es uno de los pilares más sólidos para mantener una buena salud, pero su efecto protector podría verse limitado cuando se practica en ambientes con aire contaminado. Una nueva investigación que analizó datos de más de 1,5 millones de adultos de Reino Unido, China, Dinamarca, Taiwán y Estados Unidos concluyó que la exposición prolongada a partículas finas PM2.5 puede reducir de forma notable los beneficios del entrenamiento regular.

Las PM2.5 son diminutas partículas de menos de 2,5 micrómetros capaces de ingresar en los pulmones y viajar por el torrente sanguíneo. Se originan en procesos industriales, combustión, tráfico urbano, construcción y fenómenos naturales como los incendios forestales. Su presencia en grandes cantidades está vinculada a enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cáncer.

Cuando el ejercicio se cruza con el aire tóxico

El análisis combinó resultados de siete estudios anteriores y reveló que, aunque la actividad física mantiene su efecto protector, este disminuye en regiones con altos niveles de polución. Habitualmente, quienes realizan al menos dos horas y media de ejercicio moderado a la semana reducen su riesgo de muerte en un 30 %. Sin embargo, ese beneficio cae a un 12-15 % en zonas donde la concentración media anual de PM2.5 supera los 25 μg/m³.

La situación es aún más preocupante en áreas donde el promedio anual sobrepasa los 35 μg/m³. Allí, los beneficios del ejercicio se reducen sobre todo en relación con el riesgo de muerte por cáncer. Casi la mitad del planeta vive actualmente por encima del umbral crítico de 25 μg/m³, y más de un tercio está expuesto a niveles superiores a 35 μg/m³.

La contaminación atmosférica podría disminuir los beneficios del ejercicio, según un estudio internacional
© FReePIk

Ejercicio sí, pero junto con aire limpio

Los expertos señalan que el ejercicio sigue siendo beneficioso incluso con contaminación, pero la calidad del aire puede potenciar o limitar esos efectos. El profesor Andrew Steptoe, del University College London, advierte: “El aire tóxico puede bloquear en cierta medida los beneficios del ejercicio, aunque no eliminarlos”. Por eso, más actividad física debe ir acompañada de políticas para mejorar la calidad del aire.

El profesor Po-Wen Ku, autor principal del estudio, refuerza el mensaje: “Hacer ejercicio sigue siendo valioso, incluso en entornos contaminados. Pero mejorar la calidad del aire multiplicaría esos beneficios”.

La contaminación atmosférica podría disminuir los beneficios del ejercicio, según un estudio internacional
© FreePik

¿Cómo podemos protegernos?

Los investigadores recomiendan no dejar de ejercitarse al aire libre, pero sí hacerlo con criterio. Elegir horarios con menor polución, evitar calles con tráfico intenso, consultar índices de calidad del aire y reducir la intensidad del entrenamiento en días críticos puede marcar la diferencia.

La profesora Paola Zaninotto resume el enfoque más seguro: “No queremos disuadir a nadie de moverse. Controlar la calidad del aire y adaptar el ejercicio puede ayudar a aprovechar al máximo sus efectos positivos”.

El mensaje final es claro: el ejercicio sigue siendo un aliado de la salud, pero necesita un compañero fundamental —aire limpio— para desplegar todo su potencial. Si ambos avanzan juntos, los beneficios para la población pueden ser aún mayores.

Fuente: Meteored.

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