En el cuerpo humano, hay capacidades que no solo miden el rendimiento físico, sino que también anticipan el bienestar futuro. Una de ellas es la aptitud cardiorrespiratoria, que refleja qué tan eficientemente el corazón, los pulmones y los músculos suministran y utilizan oxígeno durante el esfuerzo. En la infancia y la adolescencia, esta capacidad actúa como una señal vital, comparable en importancia al índice de masa corporal o la presión arterial.
Pero la señal está descendiendo. Y no es una metáfora.
Una caída global… y española
Estudios internacionales han documentado un descenso sostenido del 7 % al 10 % en la capacidad cardiorrespiratoria infantil y adolescente en las últimas décadas. España no es una excepción. El estudio COR-School, que evaluó a más de 700 escolares de entre 6 y 16 años, revela que incluso los jóvenes que practican deporte no alcanzan los niveles mínimos de actividad física recomendados por la OMS: al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o intensa.
Los resultados muestran que:
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Los chicos obtienen mejores resultados que las chicas, aunque no por una cuestión exclusivamente biológica: influyen también sus hábitos de movimiento, descanso y alimentación.
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La edad juega en contra: a medida que crecen, muchos adolescentes pierden forma física si no mantienen una rutina activa.
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La composición corporal importa: más músculo y menos grasa se traduce en mejor rendimiento.
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El problema es de hábitos cotidianos: moverse, dormir bien y comer de forma equilibrada es cada vez menos frecuente.

El famoso “test del pip” no miente
El estudio se basó en la prueba Course Navette (el conocido «test del pip»), que permite medir de forma sencilla la capacidad aeróbica máxima sin necesidad de laboratorio. El dato clave es que ni siquiera los jóvenes más activos superan con holgura los niveles deseables, y los más sedentarios están muy por debajo.
Lo preocupante es que esta muestra estaba compuesta por alumnos que ya participan en clubes deportivos o actividades físicas organizadas. Si la “élite activa” de nuestras escuelas apenas alcanza la media europea, la situación general podría ser aún más alarmante.
Datos que confirman la tendencia
Otros estudios regionales refuerzan la preocupación. En Cataluña, se detectó una disminución sostenida de la resistencia cardiorrespiratoria en adolescentes entre 1999 y 2019, especialmente entre las chicas. En Aragón, la Universidad de Zaragoza reportó una pérdida del 5 % al 10 % de la condición aeróbica en escolares en los últimos 25 años.
Los investigadores hablan ya de una “tríada pediátrica”: falta de actividad diaria, pérdida de forma física y analfabetismo motor (dificultad para ejecutar movimientos básicos de forma coordinada).

No es solo deporte: es cultura de movimiento
Durante décadas, la educación física ha sido tratada como una asignatura “menor”, relegada frente a materias académicas. Pero los datos apuntan en otra dirección: moverse es una necesidad biológica. La actividad física regular mejora el corazón, la concentración, el estado de ánimo y el sueño. Es una inversión en salud, aprendizaje y bienestar.
El desafío no es solo hacer más deporte. Es recuperar el movimiento cotidiano: caminar al colegio, jugar al aire libre, reactivar patios escolares, reducir el tiempo frente a pantallas. Cada minuto cuenta.
Respirar mejor para vivir más
La capacidad cardiorrespiratoria infantil es uno de los mejores predictores de salud futura. Su deterioro no se manifiesta de inmediato, pero puede traducirse en enfermedades cardiovasculares, obesidad o diabetes tipo 2 en la adultez.
Frente a este escenario, España necesita una respuesta colectiva:
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Más y mejor educación física en las escuelas.
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Apoyo activo a las familias para integrar el movimiento diario.
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Espacios públicos seguros y estimulantes para que niños y niñas puedan jugar, correr y respirar sin prisa.
Porque no se trata solo de evitar enfermedades. Se trata de devolverle el aire a una generación que lo está perdiendo.
Fuente: TheConversation.